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Cartas desde el exilio
?Encuestas fallidas
Miguel G. Ochoa Santos 19-06-2016 21:10 hrs

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Liga Corta




El negocio de las encuestas tiene mala imagen en casi todo el mundo por razones explicables, entre las cuales se incluye el tortuoso maridaje entre dinero y poder. Tanto en Europa como en América, la mayorías de las casas dedicadas a este giro fallaron estrepitosamente en sus cálculos. 

En España quedaron por los suelos al pronosticar que Podemos, la nueva formación de izquierda, sufriría un descenso notable, después de estar disputando el primer lugar de las preferencias por un periodo significativo de tiempo. La realidad fue muy distinta, este partido quedó en tercer lugar en escaños, pero a sólo 2 puntos porcentuales del PSOE. Ahora que habrá nuevas elecciones, está ubicado a tres puntos del primer lugar.

Gran Bretaña es otro ejemplo lastimoso. Las encuestas registraban una disputa muy cerrada entre laboristas y conservadores, pero en los hechos James Cameron ganó con un margen holgado las elecciones: 6 puntos porcentuales. Las cosas en México no han sido distintas. La mayoría de las encuestadoras famosas erraron escandalosamente al darle carro completo al PRI. Más lamentables fueron las explicaciones de los que por lo menos dieron la cara.

Sin embargo, habría que diferenciar entre los yerros que se desprenden de la complejidad del propio proceso demoscópico, como son las fallas en el trabajo de campo, el voto oculto, mala elaboración de las preguntas, etcétera, y aquellas manipulaciones que tiene que ver con intereses partidarios e intenciones de inducir el voto, a partir de la explotación del carácter científico de las encuestas.

No se requiere mucha mollera para inferir que la periódica publicación de encuestas en los medios de comunicación puede modificar el comportamiento de los electores. Cuando se difunde en una primer sondeo que determinado candidato lleva una delantera avasalladora, un efecto indeseado podría ser que los votantes se sumaran a esta tendencia aunque su intención originaria fuese sufragar por otra opción. Me temo que aquí algunos le apostaron a esto, pero fracasaron porque el hartazgo es mayúsculo.