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El miedo que nos envuelve
Alvaro Octavio Lara Huerta 10-03-2016 21:44 hrs

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Sin duda alguna, la sensación de vulnerabilidad a la que nos ha arrastrado la globalización ha encontrado en el miedo el factor determinante para gobernar. Siempre ha existido esta sensación pero en su versión contemporánea el miedo se vuelve impreciso, móvil, difícil de situar e identificar. Según Zygmunt Bauman, hemos normalizado el estado de emergencia y nos convertimos en adictos a la seguridad.

Conceptualizamos el miedo como amenaza, ansiedad y la duda de cómo combatirlo. La inseguridad a nivel personal y familiar siempre está presente, la pérdida del patrimonio, la interrogante sobre el futuro y lo volátil del presente, pero el miedo va más allá y toca la esfera pública mundial, el negocio de “la seguridad” se ha incrementado en miles de millones de dólares, las campañas electorales de muchos países se basan en hacerlo más evidente, los medios encuentran en el miedo el caldo de cultivo perfecto para destacar eventos “noticiosos” y todas las acciones por escapar de él cada vez son más comunes.  Pensemos en el Terrorismo (ISIS), en las epidemias (Zika) y en problemas sociales como el hambre y los desplazados; todos generan esta sensación de inseguridad. Hasta las grandes producciones del cine siempre destacan esa necesidad de ser protegidos.

Tenemos miedo a nuestra misma sociedad de la cual somos parte. Vivimos en una comunidad fragmentada donde no nos reconocemos en “los otros” y los identificamos como extraños, peligrosos y amenazantes. Desde hace más de una generación que dejamos debilitar los lazos (familia, amigos, ciudad) lo que ha creado individuos desvinculados de su entorno produciendo que la solidaridad y la conexión afectiva sean elementos que han ido desapareciendo.

Necesitamos recuperar el sentido de pertenencia que es lo que le da cohesión a la sociedad, el sentido de comunidad y convivencia ciudadana. Necesitamos redefinir acciones todas que abonen a generar intercambios, por eso es esencial el apoyo a las tradiciones que son el último elemento que queda sin ser borrado del país que fuimos. México se ha distinguido por la solidaridad de sus habitantes por lo que es urgente generar y fortalecer espacios de interacción social tanto reales como virtuales para no dejar que nuestra sociedad se vea irremediablemente atomizada.