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De mis apuntes
Ejemplo de organización, el comercio en los treinta
Carlos López Gámez 22-01-2016 20:37 hrs

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Liga Corta




Cortesía / mercado Juárez, espacio comercial que ha sobrevivido al tiempo.
De acuerdo a las evidencias encontradas en empolvados archivos que nos hablan del comercio en este mineral en las primeras décadas del siglo XX, nos hace suponer que, tomando en cuenta las limitaciones naturales de la época, el comercio local se presentaba y operaba debidamente conformado, clasificado y ordenado.

En tales apuntes, “no se abunda en lo absoluto en ningún comercio o algo que se le pareciera, estuviera asentado en vía pública”. Y, eso que en aquellos lejanos años existían innumerables parcelas sin utilidad.

Sin embargo a partir de 1938, luego del decreto de expropiación de las Huertas de Abajo, con el patrocinio y protección del PNR se abrieron las puertas para el uso y abuso de banquetas y arroyos de calles y permitir de esa manera la aparición del desordenado comercial informal. El cual termina por apropiarse indebidamente de los procesos de servidumbre y de cualquier espacio público, entre estos los jardines públicos.

Más adelante el sucesor del PNR, el PRI, continuó alentando semejante osadía con el único pretexto o justificación: de “ayudar al compañerito” sin importar en lo absoluto las repercusiones en el comercio organizado y mucho menos en el bienestar de la propia comunidad.

La flagrante imposición, producto del abuso del poder, generó para los promotores, al parecer, “votos en las urnas” y para quienes expedían licencias o permisos jugosas captaciones económicas.

Con la aparición en el panorama político de los llamados “partidos de oposición” entre ellos el PRD y el PT, de inmediato se apropiaron, según su clásico estilo, de la oportunidad de acarrear votos o por lo menos a porristas y pendencieros y se entregaron con desmedida pasión a distribuir espacios públicos para sus lacayos, convirtiendo de esa manera el centro histórico, jardines y rincones típicos en un hacinamiento de antiestéticos, insalubres y peligrosos puestos de vendimias que se auto llaman “comerciantes ambulantes, fijos y semifijos”, o como se conozcan.

A pesar de semejante lastre, que a la fecha sigue protegido cueste lo que cueste por grupúsculos de pseudo politiquillos, aún existe la posibilidad legalmente fundamentada para rescatar el espacio público invadido.

En 1964 un gobernador y un alcalde comprometidos con el pueblo, no con los grupos de poder, rescataron el centro histórico y calles adyacentes, además restauraron el mercado Juárez y construyeron el primer mercado Hidalgo para los comerciantes de la calle. En aquel tiempo los dos mercados jamás fueron llenados a su capacidad, como se encuentra en la actualidad el nuevo mercado Hidalgo.

Recurrimos a la anterior reseña para destacar: antes de que el espacio público fuera a caer en manos del poder político, el comercio organizado de acuerdo a un documento de aquellos años testifica con claridad que operaba acorde a reglamentos prevalecientes y “pagaban impuestos”.

Para muestra baste tan solo unos ejemplos. El documento registra que funcionaban en la población 183 giros comerciales en los treinta del anterior siglo. Todos ellos debidamente establecidos. No existe evidencia alguna de los comercios en las calles.

De los formales citaré: Don José Delgado tenía su establecimiento en la calle Comercio número 13, era una fonda y cervecería, el capital registrado era de 82 pesos con 30 centavos. Don Jesús M. González tenía una botica en la calle Álamo 2, cuyo capital era de mil 579 pesos. Don Juan Pérez por la calle 1º de Mayo tenía una tienda de abarrotes, su capital era de 5 mil pesos. Jesús Yee y Hermano, de nacionalidad china, administraba una tienda de abarrotes en la calle Hidalgo 21, con un capital de mil pesos.

En otro orden: Reimers Hermanos de nacionalidad alemana poseían una ferretera por la calle Obregón 20 con capital de 13 mil pesos. Juan David y Cía. De nacionalidad caldea, tenía una tienda de ropa y calzado con un capital de 4 mil 500 pesos. Pedro E. Sánchez era el propietario de un billar y cantina que se ubicaba en la calle Pino Suárez 14, con capital de mil pesos. Manuel Codina en la calle Hidalgo 10 era propietario de una relojería con un capital de 2 mil pesos.

Otros giros: En la calle Hidalgo 33 estaba la ferretería y talabartería propiedad del polaco Bernardo Glau. J. Jesús Llaguno contaba con un despacho de Comisiones en General, se encontraba por la calle Indita 6, registraba un capital de3 mil pesos. Aurelio Acosta Castañeda por la calle Hidalgo 47 tenía una cristalería con capital de 630 pesos. Pompeyo Hernández por la Huerfanita 20 tenía un molino para nixtamal con capital de 2 mil pesos. Andrés A. Frías era el propietario de una tienda de ropa y novedades  en la calle de Maestranza 14.