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Análisis
Ecocidio radical
Miguel G. Ochoa Santos 24-07-2016 18:58 hrs

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Liga Corta




Hace unas semanas un grupo de 100 premios Nobel firmaron una carta poco prudente y científicamente desmesurada contra Greenpeace, por resistirse a aceptar la producción, comercio y consumo de organismos modificados genéticamente, así que le han endilgado a esta organización internacional una acusación de lesa humanidad.
La hacen responsable de impedir que la malnutrición planetaria sea erradicada, a través del consumo de alimentos transformados con ayuda de la benefactora ciencia.
Afirman que diversos estudios han demostrado la inocuidad de sus efectos en la salud de los comensales. Así, por ejemplo, la variedad del arroz dorado podría evitar la aparición de la ceguera en los infantes tercermundistas, cuyas familias marginadas no poseen los recursos necesarios para acceder a los alimentos que en el mundo desarrollado son el pan de cada día.
Pero en su alegato, los laureados internacionales nada reprochan a un sistema económico que ha creado esta vergonzosa hambruna y desigualdad, haciendo de los islotes pudientes un paraíso del exceso y provocando, al mismo tiempo, que en grandes zonas del planeta sus habitantes padezcan enfermedades crónicas, por la carencia de nutrientes básicos para la vida humana.
Acaso Greenpeace ha reaccionado, en este y otros casos, con un arrebato radical, pero más extremistas han sido las corporaciones que ahora buscan monopolizar semillas cuasi indestructibles para hacer negocio con la hambruna. Ese es el problema que los científicos bien alimentados silencian. Una cosa son las investigaciones disciplinarias rigurosas y, otra, las torceduras de la lógica mercantil. Porque seguramente alguien patentará estos artefactos biotécnicos para explotarlos como le venga en gana, sin reparar en las angustias de los menesterosos.
Los monopolios de los transgénicos son los verdaderos causantes del desastre.
Convierten a los agricultores en esclavos de sus productos, acaban con la rica variedad de semillas autóctonas, como podría ocurrir con nuestro maíz. Al respecto, sugiero a los amables lectores revisar un artículo del investigador español Manolis Kogevinas, publicado en El País digital, donde realiza un análisis muy detallado de este tema.