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Diferencia de opinión
Antonio Sánchez González 16-02-2017 23:40 hrs

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Ashya King es el nombre de un niño inglés que en 2014 se curó de un tumor cerebral cuando sus padres lo llevaron a Praga para recibir tratamiento no convencional contra las recomendaciones de los médicos del sistema de salud británico, atrayendo la atención de la prensa médica mundial. ¿Este resultado feliz vindica a sus padres en su búsqueda de curar a su hijo al desafiar a los médicos del Reino Unido y someterlo a un tratamiento no probado? ¿Prueba que los médicos “académicos” no podemos ofrecer un servicio como el que esperan nuestros pacientes? ¿Representa la victoria de la capacidad de elección de los enfermos sobre la hegemonía médica? No creo que sea ninguna de esas cosas, aunque es bueno saber que a Ashya le haya ido tan bien.
 
Un padre cuyo hijo se diagnostica de una enfermedad devastadora estará aterrorizado y obviamente querrá lo mejor para él. Entonces su instinto le dictará no confiar en nadie. El hospital local parecerá incompetente para atender un caso así y es natural preguntarse si existe algo mejor "en otro lado". Seguro habrá un tratamiento nuevo, mejor, menos dañino que se le está negando a su hijo porque su primer médico no esté capacitado. El instinto empuja a buscar alternativas, aunque eso signifique ir al fin del mundo, y es lo que hay qué hacer a aceptar pasivamente lo que hay a la mano.
 
Como internista, tengo pacientes que optan por rechazar las opciones que les propongo. Un hombre con cáncer de próstata avanzado fue a Cuba animado por un artículo que apareció en una revista de telenovelas para recibir una terapia con ultrasonido de alta frecuencia, una técnica que está descrita en la literatura médica en ensayos clínicos cuyas conclusiones no demuestran que sea eficaz, segura y mejor que las alternativas actualmente disponibles. A pesar de que se lo expliqué, mi paciente sintió que no podía esperar.
 
Otro, que había sido diagnosticado con Parkinson, estaba decepcionado porque no le sugerí una cirugía cerebral, la misma que habría ayudado al actor Michael J. Fox. Sentía que si era una opción para las celebridades hollywoodenses él debería recibir lo mismo. En su caso, afortunadamente, no estaba suficientemente enfermo como para necesitarlo.

Otra familia, que tuvo que lidiar con la devastadora noticia de que su hijo tenía un tumor cerebral poco común, me mostró un artículo sobre un niño que había ido a los Estados Unidos para recibir tratamiento no disponible en México. Tenían confianza en el hospital donde su hijo estaba siendo tratado, pero querían saber si los dejarían ir para explorar opciones más radicales. Realmente querían era asegurarse de que los médicos aquí conocieran los tratamientos disponibles en otros lugares. Generalmente lo hacemos.
 
Los pacientes están ahora mejor informados que nunca. Los médicos reconocemos esto y los buenos lo agradecen. El conocimiento puede significar tratamiento mejor y más seguro. También puede representar una llamada de atención a los médicos para que consideren todas sus opciones. Pero, como demostró el desastre de la talidomida en los sesentas, los daños por terapias novedosas pueden no ser evidentes inmediatamente. No hay sustituto para un seguimiento cuidadoso.
 
La gente difiere cuando enfrenta una enfermedad seria. Algunos quieren saber todo, tener el control, escuchar a los expertos y luego hacer su propia elección sobre el tratamiento, incluso si va en contra de los consejos de los expertos. Otros no quieren saber nada y esperan que el médico elija.
La mayoría de la gente se encuentra en algún lugar entre ambos extremos. Quieren información objetiva, conocer las opciones y una opinión honesta del experto en cuanto a lo que harían en la misma situación.