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Cosas de Jerez
Decenas de puestos de cerveza “tronaron” como ejotes crudos
Javier Torres Valdez 28-03-2016 19:23 hrs

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Liga Corta




La inflación alcanzó al festejo jerezano, llamado Feria de Primavera. Todavía hace poco, los permisos para la venta de cerveza eran de 2 mil a 3 mil pesos y se instalaban, aproximadamente, 100; lo que, en promedio, equivalía a 250 mil pesos.

En esta ocasión, le preguntamos a varios vendedores sobre el costo del permiso y todos manifestaron que les habían cobrado 30 mil pesos por cada puesto.

 Tomando en consideración que se otorgaron cerca de 150 permisos, el Patronato de la Feria estaría recabando, solo por los permisos cerveceros, cuatro millones  500 mil pesos.

Tales puestos se instalaron bloqueando viviendas y comercios de cualquier tipo. Al parecer, para favorecerlos, se bloquearon calles enteras invadiendo, en algunos casos, la propiedad privada. 

Incluso cuando se dice que hubo una derrama considerable para fortalecer la economía del pueblo, esto se contradice, porque los mejores lugares fueron otorgados a foráneos, que supuestamente venían a recoger el dinero con pala.

Lamentablemente para ellos, la madre naturaleza les brindó un día nublado y fueron muchos los propietarios de los puestos callejeros de cerveza que no sacaron ni siquiera lo que se supone que invirtieron.

Alguno de ellos manifestó abiertamente no ser el dueño del negocio, sino que fue contratado para trabajarlo. Desde luego que no dijo el nombre de quien le había dado el encargo de administrar el puesto.

Algo parecido sucedió el año pasado con los bares establecidos en torno al teatro del pueblo, en los que se pretendía cobrar a los permisionarios de bares cinco mil pesos por metro cuadrado. Como muy pocos aceptaron, los bares quedaron en manos desconocidas.

Pese a todo, se puede asegurar que en esta ocasión, las pérdidas podrán alcanzar la cifra de 15 millones de pesos.

Los precios por presenciar la actuación de las bandas del Teatro del Pueblo son más altos que en la Feria Nacional de San Marcos en Aguascalientes, a donde asiste el turismo internacional, mientras que a Jerez solo acuden los migrantes deseosos de exhibirse tomando alcohol al estilo pirata. Puede decirse que lo mejor de la feria se terminará el próximo domingo, y a los jerezanos solo les quedará la cruda moral y la descapitalización del pueblo.

Debe reconocerse, sin embargo, el trabajo del Servicio de Limpia, que  levantó más de 20 toneladas de basura, tan solo del área aledaña al Jardín Principal.

El jardín quedó, de nueva cuenta, destrozado: las plantas pisoteadas, lleno de botellas, botes, basura y las puertas del kiosco del jardín destruidas a patadas, al igual que los macetones que se  encontraban alrededor.

Es como si hubiera cruzado una partida de animales por nuestro jardín, respetando, desde luego, a las bestias.

Ni el primero, ni el segundo y menos en el tercer patronato de la feria, han tenido la inteligencia de resolver el mismo problema, ni tampoco la voluntad de hacerlo. Por no renunciar al dinero que pagan aquellos que usan los escenarios como escaparate para exhibirse en estado de ebriedad, parados sobre sus caballos.

En la calle Obregón, donde existen siete lugares destinados a la venta de comida, se instaló un remolque con excusados y, para las descargas, levantaron la tapa de un registro de drenaje, invadiendo con el olor a orines y excremento buen tramo de la calle.

Algunos comercios de la calle Suave Patria optaron por cerrar el Sábado “Infernal”.

Y para colmo, tuvimos también una invasión de carteristas. Hubo un caso particular de uno de ellos, que le sacó el dinero a la cartera a una señora. Este fue detenido por particulares y, cuando otros dos cómplices trataron de auxiliarlo, fueron golpeados por la multitud. El dinero recuperado se entregó a la dueña, quien ya no quiso saber nada de la feria jerezana.

Hubo mucho más gente que el año pasado, pero, al mismo tiempo, el desorden y la desorganización fueron mayores.