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El Recreo
Ciertamente no es "enchílame otra"  
J. Luis Medina Lizalde 19-03-2017 23:12 hrs

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Liga Corta




Acabar con la corrupción no es “enchílame otra”.  Suponer que el Sistema  Nacional Anticorrupción  nos resolverá el problema  nos expone a otra decepción colectiva.  La versión local aún no comienza la fase de las leyes reglamentarias a pesar de que transcurre el plazo que concluye el no muy lejano  18 de julio. Luego seguirá  la conformación de nuevas burocracias y asignación de responsabilidades sin que quede claro de dónde saldrá el dinero que hará falta para sueldos, oficinas, vehículos y demás.
Leyes como la de contabilidad gubernamental y la de disciplina financiera  hacen más detectable la corrupción,  pero está por verse si la voluntad política de combatir ese flagelo se instala en el Poder o si seguiremos manteniendo los equilibrios políticos a partir de seguir usando el erario como botín.
La enorme tarea que implica eliminar la corrupción e instalar la honestidad como principio inviolable de la vida pública  reclama de la decidida participación de la Federación, pero  sin los gobiernos estatales y municipales no tiene futuro, siendo la única forma de empujar el involucramiento de los tres niveles de gobierno  la ciudadanía suficientemente informada e inspirada en principios.
En Zacatecas se han consolidado redes de corrupción que sobreviven a los cambios sexenales,  dichas redes se ubican en los niveles intermedios de la administración pública estatal  y  en los municipios grandes.  Disponen de información que usan según su conveniencia, la hacen llegar a candidatos a los que consideran potenciales triunfadores en un acuerdo de sigilo que los pone a salvo en caso de derrota.  Lo mismo les da que gane un partido u otro porque se saben colocados en posición de permanecer y eventualmente de ascender.  Manipulan a su favor las rencillas entre los grupos sexenales vigentes  de  los años noventa hasta la fecha y desarrollan relaciones efectivas y hasta afectivas con opinantes mediáticos relevantes en el  ámbito local y aprovechan que el periodismo de investigación es incipiente.  
En el fétido universo local de “moches” y de “diezmos” han establecido un modus operandi a partir de dos elementos: el emisario no tiene la condición jurídica de servidor público y los pagos son en efectivo, dejando a proveedores  y contratistas “arreglados” la responsabilidad de las facturas falsas  con los correspondientes sobre precios  mediante los cuales recuperan lo “invertido”.

Clase sin clase
La eficacia operativa de las redes de complicidades anidadas en la esfera local ha sido al  grado que los hombres públicos que tienen mala fama es porque ostentan su rápido enriquecimiento en forma de residencias en las zonas más caras, vehículos de lujo, ranchos, y todo tipo de negocios. Nadie  pisa  la cárcel ni  interrumpe  su carrera política, por eso ni la despistan.
 La guerra política entre exgobernadores zacatecanos ha facilitado la instalación y permanencia de una delincuencia  encorbatada  y tracalera y otra empistolada  y violenta. Las camarillas sexenales no  protagonizan diferencias ideológicas, sus disputas son por parcelas de poder, son causa directa de debilidad negociadora de Zacatecas frente a la Federación. No se advierte que el interés general  determine sus silencios y sus palabras, perdieron el sentido de los límites  si alguna vez lo tuvieron, la fuerza impulsora de los cambios a favor de reinstalar la honestidad en la vida pública solo puede provenir de una ciudadanía sin marcas sexenales, dispuesta a que brote la historia sexenio por sexenio, municipio por municipio, licitación por licitación, que recobre la memoria de las sanciones resarcitorias tiradas a la basura, que  la colectividad registre la aportación de cada gestión gubernamental estatal y municipal a la deuda pública.
 
Sí se puede
Si la Federación quiere ayudar lo puede hacer  por la vía del Sistema de Administración Tributaria. Si el derecho penal viene en nuestro socorro es persiguiendo enriquecimientos inexplicables  a la vista.
 Si los presidentes municipales quieren gobernar con un mínimo de comprensión ciudadana hablen claro y no sean tapaderas,  que hablen todos los que están y los que estuvieron, que a nadie se le niegue voz, que si a Judit Guerrero le dejaron las arcas vacías que le diga a la gente  cómo, cuándo y quien, para citar un caso muy en boga.
Ciertamente no es “enchílame otra”, pero las redes de corrupción que operan impunemente desde hace sexenios  en Zacatecas  son del  completo conocimiento de la parte sana y mayoritaria  de la burocracia,  aunque su silencio es semejante al  del ciudadano que no denuncia por falta de confianza en la autoridad. Denle seguridades y la historia será otra. Nos encontramos el jueves en El Recreo.    
Acabar con la corrupción no es “enchílame otra”.  Suponer que el Sistema  Nacional Anticorrupción  nos resolverá el problema  nos expone a otra decepción colectiva.  La versión local aún no comienza la fase de las leyes reglamentarias a pesar de que transcurre el plazo que concluye el no muy lejano  18 de julio. Luego seguirá  la conformación de nuevas burocracias y asignación de responsabilidades sin que quede claro de dónde saldrá el dinero que hará falta para sueldos, oficinas, vehículos y demás.
Leyes como la de contabilidad gubernamental y la de disciplina financiera  hacen más detectable la corrupción,  pero está por verse si la voluntad política de combatir ese flagelo se instala en el Poder o si seguiremos manteniendo los equilibrios políticos a partir de seguir usando el erario como botín.
La enorme tarea que implica eliminar la corrupción e instalar la honestidad como principio inviolable de la vida pública  reclama de la decidida participación de la Federación, pero  sin los gobiernos estatales y municipales no tiene futuro, siendo la única forma de empujar el involucramiento de los tres niveles de gobierno  la ciudadanía suficientemente informada e inspirada en principios.
En Zacatecas se han consolidado redes de corrupción que sobreviven a los cambios sexenales,  dichas redes se ubican en los niveles intermedios de la administración pública estatal  y  en los municipios grandes.  Disponen de información que usan según su conveniencia, la hacen llegar a candidatos a los que consideran potenciales triunfadores en un acuerdo de sigilo que los pone a salvo en caso de derrota.  Lo mismo les da que gane un partido u otro porque se saben colocados en posición de permanecer y eventualmente de ascender.  Manipulan a su favor las rencillas entre los grupos sexenales vigentes  de  los años noventa hasta la fecha y desarrollan relaciones efectivas y hasta afectivas con opinantes mediáticos relevantes en el  ámbito local y aprovechan que el periodismo de investigación es incipiente.  
En el fétido universo local de “moches” y de “diezmos” han establecido un modus operandi a partir de dos elementos: el emisario no tiene la condición jurídica de servidor público y los pagos son en efectivo, dejando a proveedores  y contratistas “arreglados” la responsabilidad de las facturas falsas  con los correspondientes sobre precios  mediante los cuales recuperan lo “invertido”.
Clase sin clase
La eficacia operativa de las redes de complicidades anidadas en la esfera local ha sido al  grado que los hombres públicos que tienen mala fama es porque ostentan su rápido enriquecimiento en forma de residencias en las zonas más caras, vehículos de lujo, ranchos, y todo tipo de negocios. Nadie  pisa  la cárcel ni  interrumpe  su carrera política, por eso ni la despistan.
               La guerra política entre exgobernadores zacatecanos ha facilitado la instalación y permanencia de una delincuencia  encorbatada  y tracalera y otra empistolada  y violenta. Las camarillas sexenales no  protagonizan diferencias ideológicas, sus disputas son por parcelas de poder, son causa directa de debilidad negociadora de Zacatecas frente a la Federación. No se advierte que el interés general  determine sus silencios y sus palabras, perdieron el sentido de los límites  si alguna vez lo tuvieron, la fuerza impulsora de los cambios a favor de reinstalar la honestidad en la vida pública solo puede provenir de una ciudadanía sin marcas sexenales, dispuesta a que brote la historia sexenio por sexenio, municipio por municipio, licitación por licitación, que recobre la memoria de las sanciones resarcitorias tiradas a la basura, que  la colectividad registre la aportación de cada gestión gubernamental estatal y municipal a la deuda pública.
 
Sí se puede
Si la Federación quiere ayudar lo puede hacer  por la vía del Sistema de Administración Tributaria. Si el derecho penal viene en nuestro socorro es persiguiendo enriquecimientos inexplicables  a la vista.
 Si los presidentes municipales quieren gobernar con un mínimo de comprensión ciudadana hablen claro y no sean tapaderas,  que hablen todos los que están y los que estuvieron, que a nadie se le niegue voz, que si a Judit Guerrero le dejaron las arcas vacías que le diga a la gente  cómo, cuándo y quien, para citar un caso muy en boga.
Ciertamente no es “enchílame otra”, pero las redes de corrupción que operan impunemente desde hace sexenios  en Zacatecas  son del  completo conocimiento de la parte sana y mayoritaria  de la burocracia,  aunque su silencio es semejante al  del ciudadano que no denuncia por falta de confianza en la autoridad. Denle seguridades y la historia será otra. Nos encontramos el jueves en El Recreo.