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Fragmentos
Cada Trump
Antonio Sánchez González 10-11-2016 14:11 hrs

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Liga Corta




Me había prometido no escribir nada sobre Donald Trump en este día, pero el hombre es un libro andante de semiología psiquiátrica y es irresistible para un médico usarle como ejemplo. En este caso, su tendencia a criticar en otros precisamente las faltas que sufre de sí mismo.
 
El coautor de su primer libro, el periodista Tony Schwartz, escribió de Trump que "le noté desde el principio” que "la mayoría de las cosas negativas que dice acerca de otros lo describen puntualmente". No es sólo un hombre inseguro que ataca cuando es atacado; es que sus maneras específicas de criticar a otros develan sus mayores inseguridades. Durante meses, por ejemplo, ha repetido que Hillary Clinton no debería recibir información confidencial de seguridad, ya que, según él, es "un barril sin fondo con un juicio extraordinariamente malo". Se burlaba de Clinton por sus siestas y utilizaba sus "faltas de energía" como un insulto, a pesar de que él mismo está obsesionado con dormir en su propia cama y ??con frecuencia parece agotado. Critica a los miembros de la OTAN por no pagar sus deudas cuando precisamente a eso debe su fama en los negocios.
 
Esto es un fenómeno que se llama "proyección", uno de esos términos freudianos que se supone debemos rechazar por falta de evidencia científica, pero que sigue reafirmándose como una manera de interpretar el mundo: cuando nos molesta una emoción vergonzosa o un pensamiento fastidioso, lo identificamos en los otros y lo condenamos para evitar confrontarlo en nosotros mismos. Así, el público pretendió identificar las ocurrencias de Trump en los otros y finalmente acabó creyéndole, como un marido infiel que acusa a su esposa de infidelidad y termina dudando de cada sitio a donde ella va. Funciona también con las emociones positivas: según Jung, el contemporáneo de Freud, en los primeros escarceos de un romance, el mecanismo de proyección toma la batuta: vemos en la otra persona una parte de nosotros mismos. Es por eso que tantas relaciones naufragan después de unas semanas, una vez que se notan las discrepancias entre la persona real y la proyección. "Una proyección", escribió Jung, "transforma el mundo en la réplica de la cara desconocida de uno mismo".
 
La dificultad estriba en que la proyección suele atribuirse a algo real en la personalidad de la otra persona, por lo que es difícil ver lo que realmente está ocurriendo. Por ejemplo, me enfado con los conductores en mi vecindario si los oigo dando claxonazos sin ninguna buena razón. En cierto sentido, tengo razón: están violando la ley y causan molestias a los demás. Sin embargo, este razonamiento no puede ser una explicación completa, ya que otros agravios mayores no me causan tanto malestar emocional -francamente, no me causan tanta angustia la mayoría de los ataques terroristas-. ¿Podría ser que me molesta especialmente el egoísmo de los conductores de la calle por la que habitualmente circulo porque me preocupa que yo también viva egoístamente? En esa lógica, no es ninguna sorpresa que yo esté menos visceralmente enojado por las atrocidades terroristas, ya que no temo secretamente que pueda cometer una. Así, ya no resulta extraño que uno de cada 3 hispanos y la mitad de las mujeres haya votado por Trump.
 
A través de esa lente, cambian nuestros pensamientos y nuestros sentimientos. Además, permite leer a Trump como un libro, escrito inadvertidamente.