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Usted ¿Cómo castiga a sus hijos?

El Recreo
Bien lo dice Peña Nieto...
J. Luis Medina Lizalde 26-10-2016 23:35 hrs

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Se está juntando la necesidad con las ganas de comer: la discusión anual del presupuesto federal como preámbulo obligado de la discusión y aprobación de los presupuestos de cada entidad federativa se produce en un ambiente crispado por la escandalosa información sobre abusos y raterías de exgobernadores recién relevados, echando abajo cualquier coartada que traslade a “los factores internacionales” la responsabilidad de la crisis para ocultar que estamos mal porque nos gobiernan mal.

A ojo de buen cubero, la lista de exgobernantes con problemas judiciales derivados de su ejercicio gubernamental  es como sigue: Andrés Granier, ex de Tabasco, en prisión; Tomás Yarrington, ex de Tamaulipas, prófugo de la justicia estadunidense; Eugenio Hernández, ex de Tamaulipas, investigado por el gobierno norteamericano por lavado de dinero; Guillermo Padrés, ex de Sonora, prófugo; Javier Duarte, ex de Veracruz, prófugo; Reynoso Femat, ex de Aguascalientes, procesado; Humberto Moreira, ex de Coahuila, investigado por España; Rodrigo Medina, ex de Nuevo León, procesado; César Duarte, ex de Chihuahua, en vísperas de proceso; Roberto Borge, ex de Quintana Roo, en vísperas de proceso; Miguel Alonso, ex de Zacatecas, denunciado penalmente ante la PGR.  

La lista en la que figura poco más de un tercio de las gubernaturas locales posibles en un momento dado, crecería desmesuradamente si añadimos a los ex alcaldes con similares dificultades; no se diga si incluimos al resto de servidores públicos que, sin ser de elección popular, participaron en tareas de gobierno y viven circunstancias idénticas.

Cierto es que ni son todos los que están ni están todos los que son, que no pocas veces tan corrupto es el acusado como el acusador (Yunes y Duarte), que algunos ocultan exitosamente sus tropelías y que las apariencias engañan para bien o para mal en un país donde hay mucho periodismo de “me dijeron” o “se dice” que jamás corrobora su información. 

El borrachito y la fea 
Lo que es indudable es que nuestra clase gobernante es de las más caras del mundo y de las más malas en la calidad de sus decisiones y en la ejecución de las mismas.

Las obras inconclusas y mal hechas, los anuncios fallidos, la protesta social y la creciente distancia entre gobernantes y gobernados se deben a que padecemos a una clase gobernante inferior en  eficacia y en moral a la de sus predecesores con todo y que el autoritarismo, la corrupción y la impunidad también eran su sello pero podían organizar el servicio de limpias y ordenar razonablemente el tránsito vehicular cuando menos. 

Al principio de las “alternancias” estuvo de moda gritar por las calles de Guadalajara: “Que regresen los rateros, que se vayan los pendejos”, era una manera de explicar la problemática común como originada en la falta de oficio de los que por vez primera gobernaban y que no mostraban el oficio que es fruto de la experiencia.

La visión optimista de los promotores de la transición suponía que la novatez era una limitación temporal y que con el tiempo tendrían las virtudes operativas  de los “rateros” al servicio de un modo de gobernar sustentado en la ética, razonando de manera análoga al borrachito insultado por la mujer fea: “Lo borracho (lo novato) mañana se me quita, pero a usted lo fea (lo ratero) ya no se le quita”.

El origen del mal
Los nuevos en el oficio de gobernar se volvieron “rateros” sin dejar de ser  “pendejos” y la sociedad desencantada  decidió hacer bueno aquello de que se vayan los novatos y regresen los experimentados devolviendo al PRI el bastón de mando solo para volverse a desencantar cuando descubre que los que tenían oficio murieron en la banca y los nuevos tricolores son ahora también novatos y que, en cuanto, a lo ratero más o menos andan igual, fueron priístas los que cometieron la estupidez que sus antecesores nunca cometerían: invitar a Trump.

Los moches de factura panista, Padrés  y similares aparte, nada que ver con los panistas de antes. Estamos  mal porque  nos gobiernan mal, nos gobiernan mal porque escogemos mal a los que nos gobiernan, escogemos mal a los que nos gobiernan porque está mal el sistema  electoral (basado en la dádiva) mediante el cual los escogemos. Solo elecciones sin dádivas y con delincuentes electorales en prisión podemos aspirar a que nos gobiernen los mejorcitos y no los peores. Bien dice Peña Nieto: nuestros gobernantes no se levantan pensando cómo joder a México; les sale muy natural, si lo pensaran no les saldría tan bien.

Nos encontramos el lunes en El Recreo.