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Cartas desde el exilio
?Ayuntamiento omiso
Miguel G. Ochoa Santos 10-07-2016 22:02 hrs

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Liga Corta




Los adictos a las relaciones de poder suelen defender a capa y espada la necesidad de la actividad política. Uno podría pensar, ¡allá ellos con su vicio! Pero las cosas no son tan simples, dado que los asuntos públicos poseen una relevancia social notable. No puede dejarse en manos de estos peculiares agentes del caos asuntos que atañen el recto desarrollo de la vida cívica.

Yo lo he padecido en mi barrio, antes relativamente tranquilo y aceptablemente armónico. Bastaron unas cuantas malas artes de alguno de los sujetos que han pasado por la política local para convertir la paz en guerra perpetua. Al goloso adicto no le fueron suficientes los años que gozó de un cargo público y de los privilegios que éste conlleva, enseguida buscó hacerse del control de la junta vecinal para desde allí orientar el vaivén de las cosas hacia la consecución de sus particulares intereses.

Además de dejar a una parte de esta colonia zacatecana fuera de la órbita de la seguridad vecinal, ha convertido en colosal estacionamiento una calle, cuya única función es dar acceso a peatones y vehículos al interior de la comunidad vecinal. Acaso porque allí posee dos locales comerciales y no desea verlos afectados por “cosas menores”, como lo son la falta de aparcamiento y una caseta de vigilancia permanente.

Ahora un negocio de fiestas infantiles, el cual por cierto no debería instalarse en una zona residencial sin poseer un espacio propio para alojar los autos de sus clientes, se ha apropiado ilegalmente, quizá con ayuda municipal, de esta vía, afectando a los habitantes que allí residen. Por tanto, los vecinos deben reñir con los administradores de ese centro de jolgorios pueriles, cada vez que las cocheras son obstruidas por los carrazos de sus prepotentes usuarios.

Impunidad y más impunidad nos recetan diariamente políticos y expolíticos, y luego se quejan de la pérdida de votantes. Mientras tanto los ciudadanos bien portados sólo reciben a cambio las sarcásticas carcajadas de los privilegiados de siempre.