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Cosas de Jerez
Aviones vienen y aviones van, y aquí su carga nos dejan
Javier Torres Valdez 06-06-2016 21:35 hrs

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Liga Corta




Por favor, no me pregunten fechas, pues nunca he tenido el atrevimiento de preocuparme por el tiempo vivido, de antemano sé que cada día es uno menos, por que ya fue uno más.

Sucede que yendo a Monte Escobedo, con rumbo a Laguna Grande a comprar unos de sus deliciosos quesos, al bajar a la comunidad María de la Torre, me sorprendí al encontrar, sobre el lado derecho de la carretera, una avioneta que por emergencia había bajado en un sembradío; como se encontraba a cierta distancia de la carretera y tenía vigilancia, optamos por seguir nuestro camino.

La siguiente sorpresa que recibimos a nuestro regreso, fue la de encontrar a policías federales custodiando la aeronave.

Campesinos del lugar me contaron que los policías municipales habían recogido efectos personales y varios costales de abono químico que el aparato traía como carga; y que los federales, al llegar a Monte
Escobedo, procedieron a detener a todos los gendarmes, pretendiendo hacer lo mismo con el presidente municipal.

Luego de un interrogatorio estrecho, los policías confesaron que efectivamente habían recogido paquetes de un polvo blanco.

-¿Y dónde está ese polvo?
-Lo descargamos en la presidencia y el presidente dijo que si nadie lo reclamaba, lo iba a entregar a los que tuvieran tierras para que lo regaran como abono.
-¿Pero dónde está?
-Pos en la presidencia.
-¿En qué parte?
-En la entrada, junto a la puerta.

De inmediato, un grupo de federales se dirigió al acceso principal del ayuntamiento; y mientras eso sucedía, del despacho del presidente, bajaban otros oficiales con el funcionario.

Al llegar a la puerta, el jefe del grupo se mojó un dedo con saliva, lo puso sobre un pequeño agujero que había en uno de los costales, se lo llevó a la lengua y dijo:

-Es de la buena.
Enseguida ordenó a quienes tenían sujeto del brazo al presidente que lo soltaran, agregando:
-Este es más inocente que un recién nacido.

Al día siguiente, al sitio en que había caído la avioneta llegó un trailer; poco después, los vecinos encontraron que en torno a la misma había una hondonada de pocos centímetros.

Alguien que también supo que el polvo derramado en el piso no era abono químico, levantó con una pala toda la tierra contaminada y se la llevó a lugar desconocido, con propósito conocido.

La confianza del pueblo de Monte Escobedo (San Andrés del Astillero) hacia su presidente creció, pues pudieron darse cuenta que era un hombre de confianza, pues jamás había ido a los Estados Unidos, que es el lugar donde nuestros connacionales se inician en el uso de las drogas, incitados por gringas de buen trasero.

Cuando regresan los paisanos ya solo traen el gusanillo de la droga, algunos se quedan arriba y quedan tocados, y solo vienen a dar lástima, pena y tristeza, causando problemas a la sociedad a su familia y al gobierno que busca rehabilitarlos, cosa que algunos consideran punto menos que imposible.

¡Que tiempos aquellos! Cuando en los funcionarios y políticos, había inocencia, honradez y buenos modos, hoy solo Dios sabe, cuantos tengan amistades, con la delincuencia organizada, que es lo único organizado que hay en México.