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Ochos en el piso de la soledad
Ánima
Salvador Lira 09-10-2016 22:12 hrs

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Liga Corta




Cortesía / La criolla del mantón, pintura de Saturnino Herrán amigo íntimo de López Velarde.
La figura femenina en la obra de Ramón López Velarde toma diversos matices, entre la exaltación, la pena o la soledad. En la configuración de la mujer se pueden notar sus lecturas, atendiendo a los hálitos de tradición y auscultación. El alma se encuentra afanosa por reconocer al otro.

La construcción del «Ánima», alma que complementa al ser, fue uno de los senderos que exploró la escritura lopezvelardeana. Su prefiguración mítica, en fórmulas de tradición, se propuso en El banquete y fue consolidada en el Medioevo cual eterno femenino.

La pureza y el anhelo, posible significado toponímico de Fuensanta, son los argumentos que sostienen a la mujer en La sangre devota. 

La presencia de tal tema fue mediante poemas madrigales. En “¿Qué será lo que espero?” se desliza el alma de una mujer pura, terrible y enigmática. El complemento es evidente, pues la voz de poema se propone herida, sinuosa y enferma; el Ánima es un bienestar que promueve sus sendas, en lo infinito arcano. 

Se muestra así una inmensidad en el sonido y en la letra. El endecasílabo
 
¡oh blanda que eres entre todas blanda!

manifiesta una circularidad por la expresión, el proceso y el delirio. La voz se propone como un ser dubitativo. Entiende que su salvación está en el decoro de la mujer, sin embargo no sabe cuáles son los territorios de su estado. Ahí lo oculto:  
¿Qué me está reservado
de tu persona etérea? ¿Qué es la arcana
promesa de tu ser? Quizá el suspiro 
de tu propio existir; quizá la vaga
anunciación penosa de tu rostro;
la cadencia balsámica que eres tú misma, incienso
y voz de armónium
en la tarde llovida y encalmada…

En la descripción del secreto se postra lo inmaculado del ser, un Ánima que no logra descifrar. La redención se muestra por cifras bíblicas: idea, maná y lluvia de purificación.

Es el principio de un ser inmaculado. Por ello “¡Oh blanda que eres entre todas blanda!” su configuración es una nueva alianza, el Alfa-? entre escritura y olas de pensamiento.    

Y de ti y de la escuela
pido el cristal, pido las notas llanas, 
para invocarte ¡oscura
y radiosa esperanza!
con una a colmada de presentes,
con una a impregnada
del licor de un banquete espiritual:
¡ara mansa, ala diáfana, alma blanda
fragancia casta y ácida! 

En La sangre devota se postra la infinitud del poeta. Los registros cambian. La salvación es descrita por la “a colmada de presentes”, la “a impregnada / del licor de un banquete espiritual”.

Así es el principio salvífico, al que ofrenda devoción, ara mansa, ala diáfana, alma blanda. El ? de la soledad será la perennidad de “la o por lo redondo”, en la penumbra infinita del desasosiego.
 
*Escritor e investigador