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Crónicas de violencia
El “pecado” de nacer en la pobreza
Lilith Rivera
~
13 de Junio del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Archivo / Gatilleros lo persiguieron hasta matarlo.

Aún recuerdo la primera vez que lo vi, era un niño rechoncho con cachetes rosados, ojos azules y cabello rubio, su mamá lo había llevado a un taller para que le dieran trabajo, en ese entonces supongo que rondaba entre los 10 y 11 años.

El dueño del establecimiento conmovido por su edad, se negó a darle trabajo, pero ante la insistencia de su madre decidió darle empleo siempre y cuando fuera a la escuela en las mañanas.

La presencia del muchacho se volvió constante y tenía mucha chispa, era alegre, siempre trabajaba escuchando música y para ello a diario cargaba con una vieja y enorme grabadora.

No tenía malicia y era un poco entrometido, pero siempre tratando de contribuir con los demás.

El tiempo pasó y de repente ese niño creció y llegó a ser un joven alto y fornido, pero con una cara aniñada que creaba cierta empatía;  de empezar barriendo y haciendo cosas pequeñas llegó a ser la mano derecha del patrón.

Su vida en los últimos cinco años parecía estable, tenía un trabajo seguro y contribuía con la economía familiar, parecía que las carencias y las necesidades que él y su hermana tuvieron de niños habían desaparecido.

El principio de la desgracia

Sin embargo, nunca imaginó lo que el destino le deparaba a él, a su hermana y a su madre en ese municipio zacatecano donde la pobreza es la norma y la violencia llegó para quedarse.

Un día, el patrón le anunció algo que él no esperaba: cerraría su negocio porque su matrimonio había acabado y decidió irse a probar suerte a otro estado.

El muchacho, optimista como era, en lo único que pensó fue en dar ánimos a quien había sido como su padre durante los últimos años.

El día llegó y el joven buscó trabajo, pero no encontró, pues a duras penas terminó la primaria, por lo que comenzó a vender paletas de hielo y su mamá y su hermana empezaron a trabajar por las noches.

Pero una mañana se enfrentó a una terrible realidad, estaba solo, pues su madre y hermana habían sido asesinadas. Estaba solo y no entendía como había pasado.

Con el tiempo, fue asimilando las ausencias y mientras trabajaba vendiendo paletas buscaba otros empleos, pero no encontraba.

Conoció a una bella joven, que le dio amor, mucho amor y llenó los huecos de su alma, de manera que decidieron vivir juntos y tuvieron un pequeño.

Otra vez la realidad lo abofeteó, el dinero que obtenía vendiendo paletas no era suficiente para dar de comer a su familia.

Comenzó a trabajar en una fábrica, pero el salario era irrisorio, ganaba igual o menos que vendiendo paletas.

Desenlace fatal

Hasta que un día tratando de ver cómo generar más recursos decidió plantar marihuana en su casa y venderla.

Le empezó a ir bien y pensó que había solucionado sus problemas económicos, pero otra vez estaba equivocado; a ciertas personas no les pareció su negocio y simplemente una pareja de sujetos lo buscó en la calle y le disparó a quemarropa. Murió instantáneamente.

Lo último que se supo de él fue por los medios de comunicación, todos relataron cómo unos gatilleros lo persiguieron en la calle y no descansaron hasta matarlo, pero todos ignoraron la historia y el dolor que cargaba aquel “hombre” al que “sujetos armados” le quitaron la vida.

Solo fue una cifra en el aumento de homicidios dolosos en el estado.

Hoy, un pequeño niño de tres años, rubio, con las mejillas rosadas ha perdido la sonrisa y la alegría de sus ojos, esperando ver de nuevo a su papá.