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Historias de Lobos
Mi delito... fumar marihuana
Ivonne Nava García 14-01-2018 05:00 hrs

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Liga Corta




L as adicciones a cualquier sustancia inician con un “yo la controlo” y un “yo sé hasta dónde”. Desgraciadamente esto no ocurre así. Y lo que empieza como “darle una probadita, para socializar” termina muy mal.


En esta historia, un hombre termina privado de su libertad acusado de delitos graves. Su adicción a la marihuana no solo terminó con su libertad, sino que puso fin a su familia, dejando en el desamparo a 4 hijos y a su esposa, con una discapacidad física.


A trabajar a Estados Unidos
Estaba en el otro lado, casi acababa de llegar con mi “jefe”. El y mis 2 carnales más grandes se habían ido para allá porque en Calera nada más hallaban chamba de peones para levantar papa para las sabritas. La lana no alcanzaba porque fuimos 11 hermanos y mi jefe no podía mantenernos a todos con 40 pesos diarios. 


Me quedé yo de hijo mayor, le ayudaba a mi jefecita en todo. Cuando ajusté los 15 años me dijeron que ya era tiempo de que me fuera. Mi jefe ya me tenía trabajo en la “yardas”.  Como todos me trepe en la bestia para llegar a Juárez. Ahí ya me la habían contado. Me tenía que poner listo para no caerme y que no me fueran a robar. 


Eso lo hice para ahorrar en los pasajes y tener esa lana para pagar el coyote. Cuando pasé para el otro lado me dio una sensación de libertad. Hasta el aire del otro lado huele diferente. 
Huele a dinero, acá solo se respira pobreza. Ni se imagina las que uno pasa para llegar al otro lado. Es como si una línea imaginaria dividiera el mal del bien. 


Llegué por fin con mi jefe. A la semana ya estaba “jalando” en las “yardas”. Ahí todo se hace bien porque si no, o no te pagan o hay que volverlo a hacer para que queden a gusto los gringos. Era muy pesado. Así empecé a tomar cerveza.  


Yo lo controlo 
Eso pensaba yo. Empecé a los 16 a meterle a la “mota”. Sabe, pero el tabaco no me gustó. Mis carnales fumaban cigarros normales y ellos me dijeron que me echara una cerveza para lo cansado. A la mota le empecé con unos camaradas. Esos vatos me dijeron que le diera un toque para lo cansado. “Bum”, se hizo la magia. En caliente sentí que de ahí era. Me dijeron los vatos que nomás con cuidado para que no me controlara la hierba. Les dije. Esta “madre” yo la controlo. 


Me sentía como Superman “la primera vez golpeé cosas sin dolor y me quede dormido” Desde ahí y hasta mis 29 años no le he parado. Me destapé cuando tenía 18 años. Antes de eso nada, mi jefe ni mis carnales sabían nada. Si soy marihuano pero no soy un matón.


 Intocable 
Cuando me destapé mi jefe me puso “una madrina”, me dijo que ese vicio iba a ser mi perdición. 
Antes ni se las olían, porque yo no quería fumar y eso ponía contento a mi jefe. Uno aprende como engañarlos. Luego “me valió y me destapé”.

Me sentía muy fregón porque cuando me daba mis toques ni dolor sentía.


Hacer vida
Conocí a una chava aquí en Calera. De volada supe que esa “vieja” tenía que ser mi esposa. La anduve cortejando de un año para el otro. 


Le dije que me esperara que iba a volver por ella, me dijo que sí. Para esos días ella tenía 19 años. Me casé con ella, como le dije al año de conocerla. Esa vez me estuve en Calera 6 meses. Me tuve que regresar para el otro lado porque ya había quedado en cinta mi vieja y tenía que mandarle dinero para juntar para el bebé y para empezar a echar unos cuartos. 


Me regresé a las yardas y para ese tiempo nos salió una chamba de contratista para reparar casas de madera y hacer trabajos de tablaroca. Ahí nos empezó a ir mejor, pero era más cansado el trabajo. 


Extrañaba mucho a mi vieja le empecé a meter más duro a la mota. Estaba  juntando dinero para estarme unos 2 años aquí para cuando naciera mi chiquillo ver si me los podía llevar al otro lado. 


Cuatro hijos
Regresé para cuando nació mi primer hijo. Fue una niña que ahorita tiene 9 años, de ahí nació el niño que ya va para 7 años y tuvimos un pilón doble. Nos llegaron unos gemelos. 


En ese tiempo iba y venía cada año al otro lado. Para cuando nacieron los gemelos ya tenía el plan de quedarme acá porque se me hizo más difícil llevármelos a todos. 


Ya había juntado dinero para poner aquí un taller. El día que los bautizamos hicimos una fiesta y los papás de ella mataron un cochino. Hicimos una pachangota. 

Día trágico
Nos regresamos del rancho, ya entrada la madrugada. No nos íbamos a regresar pero mi vieja se puso celosa porque andaba platicando con mi comadre. 


Me armó una escenita y mejor le dije que agarrara a los niños y que ya nos regresábamos. Yo si andaba malillo porque ya tenía todo el día tomando cerveza y también ya me había metido mota. 


Cuando veníamos de regreso di un cabezazo. En ese momento me salí de la carretera. “Voltié la troca y me acuerdo que estiré el brazo para agarrar a mi hijos y como pude los detuve para que no se me salieran de la troca. Ella traía a los gemelos. Todos quedamos vivos. Ella fue la más “perjudicada” la troca quedó arriba de sus piernas y las tenía fracturadas. 


Los niños estaban todos raspados y la más grandecilla se le quebró su naricita. Cuando la vi llena de sangre y a su mamá debajo de la troca, nada más le pedía a Dios que “me los guardara vivos”. 
Mi vieja ya no quedó bien de sus piernas. La operaron, pero una pierna le quedo más corta y de sus rodillas quedó muy mal. 


Desde ese día me siento muy mal, no puedo verla así con sus piernas por mi culpa. Para olvidar me tomo 10 “caguamas” de cerveza cada fin de semana y me fumo 20 “churros” (cigarros de marihuana) al día; “los hago de doble enagua”, “Siento bien machine, siento que ando en las nubes, que veo las cosas como acá.  Como que se mueve la mesa pa’ca. Un efecto mareado pero muy relajado, duermo bien, como bien

De mal en peor
Era un viernes en la tarde. Mis hijos ya estaban con su mamá en la casa. Me regresé al taller para seguirle con la chamba y llegaron unos compas que conozco del barrio. Llegaron a pedir un toque de mota. 


Les dije que no tenía. Ellos ya sabían que yo no vendía. Uno de ellos se veía mal. Venía ya descompuesto de la droga. 


Nos hicimos de palabras porque quería que le pasara un “churro” de mota. Empezó a insultar. Yo no le estaba haciendo caso y eso lo hacía molestar más. En eso sacó un arma de atrás. 
En ese momento pensé: de que se lo cargue a él o a mí, pues a él. Le quité el arma y le di. 


Estábamos de frente el tiro se fue directo al pecho. Me dieron 15 años de 23. Decían que era con alevosía pero la verdad fue en defensa propia. Mis carnales y mi jefe me están ayudando con los niños y con mi vieja.

Cannabis y salud mental
El uso prolongado de esta sustancia y, en ocasiones, el uso puntual por parte de sujetos con cierta predisposición, puede producir episodios de ansiedad, pánico, tristeza o depresión. 
En otras ocasiones las personas presentan alucinaciones (especialmente visuales) o delirios. Estos síntomas aparecen por períodos breves de tiempo y suelen desaparecer al cabo de pocas horas o pocos días.


El consumo prolongado del cannabis puede producir un síndrome de dependencia, similar al producido por otras drogas, y su interrupción conducir a un síndrome de abstinencia caracterizado por ansiedad, depresión, irritabilidad, alteraciones del sueño y disminución del apetito.


Puede causar episodios psicóticos agudos sin alteración del nivel de conciencia del sujeto. Estos episodios suelen ser de corta duración, si bien pueden persistir incluso si se interrumpe el consumo de la sustancia. 


Muchos estudios se plantean la relación entre el consumo elevado y prolongado de cannabis y la aparición de psicosis o trastornos del humor (manía, depresión). Los datos acerca de si el cannabis actúa como inductor de estos trastornos o bien sólo como ‘mero acompañante’ de los mismos no son concluyentes. 


Por otro lado, se considera que el consumo prolongado de cannabis precipita el inicio de la esquizofrenia en pacientes con predisposición genética y que empeora su curso. Está asociado con un menor efecto del tratamiento y un mayor porcentaje de recaídas (nueva aparición de episodios psicóticos). 


El uso crónico de cannabis se ha asociado con un estado caracterizado por apatía y pérdida de motivación, que se acompaña de déficits en el funcionamiento escolar o laboral y cambios en la conducta.