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Resolver conflictos al estilo Jesús
Sigifredo Noriega Barceló 12-09-2017 22:46 hrs

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Liga Corta




Hemos vivido una semana de septiembre con especiales características. Me refiero también a los obispos de México, reunidos en Monterrey para reflexionar acerca de las nuevas situaciones jurídicas que nos ponen ‘en aprietos’ en el México del siglo XXI. La relación Iglesia - Estado ha sido afectada -esperamos que para bien- en las reformas constitucionales operadas en campos diversos durante los últimos años. Hemos conocido y estudiado los protocolos necesarios para que nuestro actuar sea conforme a las leyes y a las necesidades/situaciones de las personas a quienes servimos.  
En una sociedad decididamente plural es normal que se susciten conflictos, cada vez más complejos y difíciles de resolver. Las relaciones humanas y el servicio de las instituciones se complican cada vez más. Las soluciones no siempre están a la mano, ni podemos construirlas de manera inmediata. No es raro que en nuestros días se ofrezcan  cursos y talleres acerca de la resolución de conflictos en todos los campos y niveles. El curso de actualización en el que hemos participado tuvo como objetivo proveer de protocolos para la prevención y manejo de crisis, así como estudiar las disposiciones jurídicas para las Asociaciones Religiosas y Ministros de Culto. 
El Evangelio de Jesucristo puede aportar la mejor de las luces en la comprensión y resolución de conflictos. En el texto de hoy Jesús va al fondo de los inevitables conflictos y, al mismo tiempo, al corazón de la solución. Sabe muy bien que en el seno de la comunidad de discípulos (la Iglesia) no todo irá sobre ruedas. Habrá tensiones, divisiones, enfrentamientos, ambiciones, heridas, puntos de vista encontrados, traiciones…  Seguir a Jesús no significa dejar de ser personas con todo lo que esto conlleva: afrontar el pecado y la tendencia a la división. ¿Qué hacer y cómo tratar al hermano en esos casos? ¿Cómo hacer la voluntad de Dios en situaciones de conflicto? 
Jesús propone un camino progresivo: la reconciliación personal (ve y amonéstalo a solas); la reconciliación a través de la mediación de otros (dos o tres); la intervención de la comunidad como último recurso ya que es la garante de cuanto Jesús nos enseñó. Si las cosas no mejoran, el hermano se sentirá excluido de la comunidad ya que eligió permanecer en su punto de vista antes que en el de la comunidad. Sin embargo no quedará sin el cariño y la misericordia debida a los pequeños y a los pecadores. En este contexto de preocupación por los débiles de la comunidad Mateo sitúa el compromiso de Dios de concedernos cuanto le pidamos.
La propuesta es clara: el punto de partida es Dios, siempre compasivo y misericordioso; el punto de llegada, la compasión hacia el hermano. En este espíritu, la responsabilidad de la comunidad y de cada miembro debe hacerse visible en la preocupación por los más débiles. Desde la oración confiada hay que hacer hasta lo imposible por salvar al hermano que se aleja y se puede perder. 
Abrazamos en la oración y la solidaridad a los hermanos que sufren a causa de los efectos de ciclones y temblores.
Con mi oración y bendición.