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Los sarapes de Guadalupe, al borde de la extinción
Anahí Encina 16-07-2017 21:11 hrs

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Cortesía / Los sarapes de Guadalupe se caracterizaban por su hiperrealismo.
Cortesía / Carolina Álvarez de Salmón, ciudadana guadalupense.
Cortesía / Esther Zuno Arce, exesposa del presidente Luis Echeverría.
Cortesía / El retrato a Juan Pablo Segundo le fue obsequiado en su visita.

El sarape con hiperrealismo es una técnica próxima a extinguirse cuyas raíces nos llevan al municipio de Guadalupe. 

Hugo Ibarra estudió la licenciatura en Filosofía y en Educación en la Benemérita Escuela Normal Manuel Ávila Camacho y actualmente es profesor en la Unidad Académica de Filosofía de la UAZ. 

Publicó su libro Trama y urdimbre de una tradición, los sarapes de Guadalupe, Zacatecas en 2010 y en él plasmó su investigación acerca de esta artesanía gracias a su padre, José Luis Ibarra Robles,  que era tejedor.

“Cuando era pequeño buscaba en libros algo acerca de los sarapes de Guadalupe y nunca encontré nada”, dijo

En su investigación descubrió que los textiles que se elaboraban en el municipio no se hacían en ninguna otra parte del mundo. 

Además, junto a varios expertos extranjeros se dio cuenta de que los tapices europeos no tienen la fidelidad ni la nitidez, pero sobre todo el realismo que tienen los sarapes de Guadalupe. 

Los artesanos guadalupanos elaboraban retratos tejidos y alcanzaban un verdadero hiperrealismo. 

En Zacatecas solamente había dos artesanos dedicados a ello, José Luis Ibarra Robles, padre del investigador y Modesto Chávez.

Utilizaban lana pura hasta los años 70’s; la recibían en breña, después se lavaba, se calaba, se teñía y finalmente se pintaba el retrato, proceso que llevaba normalmente dos meses y medio de trabajo. 

Uno de los trabajos excepcionales que realizó el artesano Ibarra Robles fue el retrato del Papa Paulo Sexto, de cuerpo entero sentado en la silla papal.

En él se invirtió casi un año de esfuerzo, así como el del Papa Juan Pablo Segundo hecho por el maestro para su visita a Zacatecas. 

Cabe mencionar que no todos dominaban el proceso completo y que una parte fundamental de la técnica es que el artesano tenga talento para dibujar. 

Para elaborar el rostro de una persona se tenían que hacer hasta 22 tonalidades de color, por lo que era teñir la lana a profundidad para lograr el resultado buscado. 

“Solamente había dos artesanos que sabían teñir la lana y dos que sabían delinear”, comentó. 

Delinear era el proceso en el que se cuadriculaba el retrato de la persona a lápiz en formato grande,  después se seccionaban los tonos claros y los oscuros. 

José Luis Ibarra Robles fue quién introdujo la modalidad a color en los sarapes de Guadalupe al descubrir que de la chinchilla, animal que crece en el nopal, al ser molida se obtenía una tintura color carne. 
“En una ocasión le pregunté que cuántos retratos tenía y me dijo que no tenía registro, pero mínimo tenía 150 trabajos”, aseguró el hijo del tejedor. 

Elaboró trabajos para personalidades como el expresidente Adolfo López Mateos, Indira Gandhi, John F. Kennedy, la Reina Isabel y el emperador Hirohito, entre otros. 

Hugo Ibarra destacó que hay dos razones por las que este oficio y artesanía está a punto de extinguirse, los jóvenes no se interesan en aprender la técnica por el hecho de que tienen que estudiar dibujo, delineado y tejido, además de que la demanda se redujo en gran medida. 

Los dos expertos en sarapes de Guadalupe, Modesto Chávez y José Luis Ibarra Robles, no continuaron con la detallada tradición por su avanzada edad.