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Rafael Flores Mendoza 18-05-2017 23:11 hrs

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La crisis que vive el Estado mexicano en materia de seguridad no deja de extenderse hacia uno de
los sectores más fieles de la representatividad ciudadana: los medios de comunicación.
El artero asesinato de Javier Valdez Cárdenas el pasado 15 de mayo en Culiacán, Sinaloa, movió las fibras sensibles del periodismo nacional e hizo recordar el clamor de justicia para Filiberto Álvarez, Maximino Rodríguez, Miroslava Breach, Ricardo Monlui y de Cecilio Pineda.

Todos los casos se mantienen en el limbo de la impunidad, en una clara muestra de la falta de
capacidad y compromiso del Gobierno de la República para brindar seguridad en el ejercicio
periodístico a comunicadores valientes y comprometidos con su labor. La creación de organismos
“especiales” para aclarar los arteros hechos y contribuir a las investigaciones de las instancias
ministeriales, han sido rebasados porque los avances en cada una de ellas es prácticamente nulo y
tal parece que en el juego de las complicidades también se encuentran las Fiscalías, que tienen en
sus manos el esclarecimiento de cada crimen perpetrado contra los comunicadores.

En un Estado democrático, el ejercicio periodístico se convierte en una necesidad social imperiosa
porque es a través de cada palabra como se defienden los derechos de los ciudadanos. Tratar de
callar las voces con balas es una estrategia que se encarnó en la antigua Alemania Nazi, práctica
que debemos detener y desterrar de México de inmediato.

Eximir al Gobierno de su responsabilidad en el asesinato de comunicadores sería un error, porque
mientras haya impunidad la exigencia social seguirá. La guerra contra el narco no puede ocultarse
como tampoco puede esconderse el fracaso de la estrategia gubernamental para detenerlo. Por
esa razón, comunicadores con valentía como Javier Valdez se atrevieron a abordar ese tema en
columnas y le dedicaron líneas día y noche en rotativos y producciones literarias.

En Zacatecas aunque afortunadamente no se han llegado a esos extremos, es importante
revalorar el trabajo del gremio porque hay voces que amparadas en el fuero han denostado y
agredido a comunicadores con expresiones que están fuera de orden.

Hay organizaciones como la ARPIZ de reciente creación donde confluyen periodistas y
comunicadores independientes serios, profesionales y empeñados en su esfuerzo diario para
hacer de Zacatecas un estado con mejores oportunidades. Tratar de aniquilar la voz crítica o
condicionarla a simples convenios amañados desde las instituciones del Poder Público no solo
demerita su labor sino que transgrede la dignidad humana de un comunicador.

Por eso hoy, levantar la voz que no signifique únicamente la protesta del gremio periodístico, sino
que nos lleve a endurecer las penas para quien atente contra un comunicador. Ni el miedo ni las
balas podrán detener el grito de México que se traduce en paz, libertad y justicia. El país no
necesita ni de mártires ni de víctimas, la sociedad requiere de un periodismo libre de ataques. Ni
uno más.

*Twitter @Rafael_FloresM