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Nava, ¿vive?
Antonio Sánchez González 18-05-2017 23:08 hrs

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Salvador Nava Martínez falleció el 18 de mayo de 1992.

El doctor Nava fue, en palabras de Enrique Krauze, “un hombre” que “luchó por la democracia mexicana cuando hacerlo implicaba correr riesgos de muerte”.

La primera vez que vi al ejército en las calles de mi país fue una noche del principio del verano de 1982. Domingo de elecciones municipales en San Luis Potosí a las que el doctor Nava se presentó como candidato opositor a la alcaldía de la capital después de haber ejercido como director de mi alma mater, para ganarla por segunda vez.

Era una época en la que, por ejemplo, el presidente de la república había sido electo sin competir contra un solo adversario. Aquella noche había personal de las fuerzas armadas que el gobierno federal sacó de sus cuarteles para ocupar la central de autobuses, los camiones urbanos y las avenidas de la ciudad, las que compartían con una multitud desafiante y exultante.

Dejé la terminal en un solitario y destartalado camión de la ruta de Ocampo vigilado por un par de soldados, desde donde vi por las ventanas la culminación de un evento que aparecía extraño a mis ojos de muchachillo recién dejado caer en la ciudad, pero que la sociedad potosina veía como algo propio:

Entre 1956 y 1958, un movimiento universitario del que Nava formaba parte, desafió al entonces hombre fuerte potosino, Gonzalo N. Santos, personaje tan folclórico como representativo del México de la postrevolución tardía que puede entenderse en una sola de sus frases, - “La moral es un árbol que da moras”-; como germen de los movimientos universitarios de una década más tarde, los jóvenes potosinos pusieron una horca en su Plaza de Armas bajo una pancarta que rezaba “Santos asesino de estudiantes”, movimiento que el gobierno local reprimió pero que terminó con la caída del gobernador santista Manuel Álvarez.

En 1958, el doctor se postuló candidato independiente a la presidencia municipal por primera vez, apoyado por panistas, sinarquistas, universitarios, curas y comunistas: ganó las elecciones con 26319 votos contra 1638.

Nava no terminó su gestión en la alcaldía, durante la cual rendía informes semanales pegados a las paredes del palacio municipal. Dejó el cargo para pretender ser candidato a gobernador del estado por el PRI, partido que se negó a postularlo y pretendió comprar su voluntad a través de su presidente, el general Coronal del Rosal, a quien Nava rechazó al tenor de "No existe suficiente dinero para que me compre a mí y compre al pueblo de San Luis Potosí" por lo que fundó el Partido Demócrata Potosino.

El 15 de septiembre de 1961 ocurrió un enfrentamiento armado entre navistas y la policía local que dejó varios muertos; finalmente el ejército intervino a culatazos, cerrando periódicos, impidiendo el libre sufragio y arrestó a Salvador Nava. Liberado, un mes después continuó con las protestas y en febrero de 1963 fue arrestado por segunda vez y torturado en la Penitenciaría de San Luis Potosí, tras de lo cual se retiró de la política por 20 años.

En 1991, el candidato salinista a la gubernatura fue Fausto Zapata. A pesar del cáncer que lo carcomía, Nava contendió también. En agosto de ese año, al sobrevenir el fraude anunciado caminó hasta la Ciudad de México en la Marcha por la Dignidad, que emprendió terminalmente enfermo. A dos semanas de su toma de protesta como gobernador, Zapata renunció a su cargo. Semanas después, el doctor Nava murió.

En palabras de Krauze, “Nava no fue un líder social ni un caudillo revolucionario. Fue un patriarca civil sin dogmas ni ideología, con ideales y valores: honestidad, solvencia, claridad, valentía, vocación de servicio, voluntad de sacrificio. Tuvo, como muy pocos, esa rara virtud: la virtud cívica”. Fue, además, pionero de ideas que ahora venden como novedad personajes impresentables.