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Historias de Lobos
Mi delito… serle infiel
Ivonne Nava García 14-05-2017 00:00 hrs

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Liga Corta




La familia es la base de la sociedad. En esta época, la desintegración familiar o las familias disfuncionales generan una serie de complicaciones sociales. No todo es malo en las separaciones conyugales, cuando la separación se da en buenos términos y existe una buena comunicación entre los excónyuges por el bien de sus hijos, no hay mayores problemas.

Sin embargo, cuando la separación se da entre serios conflictos, la armonía se pierde y el desarrollo de los hijos se ve menoscabado por los graves errores de sus padres.

Esta es la historia de un hombre que decidió que serle infiel a su esposa resultaría una buena opción. No obstante, pagó un precio muy alto por la deslealtad a su familia.

 

Mi historia

Hace 30 años contraje matrimonio con la que sería mi primera esposa. Nos casamos por la vía civil y, claro, por la Iglesia. Procreamos a cuatro hijos. Éramos una familia feliz. Todo marchaba bien, teníamos una posición económica muy buena. Yo mantenía por completo a mi familia.

No sé en qué momento comencé a fijarme en otra mujer. Creo que se fue dando poco a poco, hasta que me vi completamente involucrado con ella.

Quiero contar esta historia porque las circunstancias de mi vida y, sobre todo, mis errores, me llevaron a estar en el hospital, víctima de un conato de infarto que me llevó a punto de morir.

Los hombres somos muy canijos, por no decir que nos encanta andar de calientes con las mujeres.

Estoy muy seguro que los que lean esto, aunque les esté pasando igual, porque habemos muchos que andamos de infieles, no van a entender. Pero al menos les servirá de moraleja.

 

Hice sufrir a mi familia

Las cosas no fueron nada simples. En esas fechas me sentía el dueño del mundo, “el rey” como dice la canción. Tenía estabilidad económica, buen trabajo y, claro, era más joven. Ahora tengo 53 años. Comencé a no llegar a comer; luego, las llegadas en las noches eran cada vez más tarde. Llegaba a casa y me molestaba estar ahí, no soportaba ver a mi esposa. Ella había engordado tanto con los embarazos que no me daban ganas de estar con ella en la intimidad. Yo le gritaba y le decía que dejara de tragar. La humillaba por su apariencia.

Me molestaban mucho mis hijos, no me gustaba que me hablaran porque los regañaba, les gritaba y les decía que me dejaran tranquilo, con el pretexto de que había llegado tarde y cansado del trabajo.

Los viernes, de plano, ya no me aparecía hasta el domingo. Eran parrandas seguras, primero aquí en la ciudad, pero empezaron los chismosos a llevar informes a la casa de que me veían con otra mujer. Entonces nos empezamos a ir a Aguascalientes, a San Luis y muy seguido a la playa. A mi familia la llevé solamente una vez a la playa, porque me daba vergüenza que me vieran con mi mujer que se había puesto tan gorda.

 

Las cosas se salieron de control

Yo estaba endiosado con esa mujer: todo lo que me decía le creía, me tenía bien enganchado y yo caí. Las cosas en mi casa con mi esposa fueron cada vez más insoportables, porque los reclamos eran cada vez más seguidos.

De ahí a los pleitos a gritos y a continuación los golpes, se dieron situaciones demasiado fuertes. Comenzaron la primera vez que alguien le dijo a mi esposa con quien andaba yo. No sé cuál será la realidad de las cosas, porque mi esposa me decía que esta mujer la había enfrentado en la calle a la salida de la escuela de mis hijas las más chiquitas, diciéndole que me dejara que yo la quería a ella.

Ese día llegó llena de golpes y moretones, me dijo que mi amante la había golpeado delante de todos los niños a la salida de la escuela. Traía el parabrisas del carro estrellado por una pedrada. Mis hijas estaban muy asustadas, pero ni aun así quise ver mis errores.

 

Embarazo no deseado por mí

Poco tiempo después “mi querida” me dijo que estaba esperando un hijo mío, que tenía que responderle. Ella ya tenía otro hijo de otro hombre. Yo le dije que por eso no podía dejar a mi familia. Esta mujer se molestó mucho y fue a mi casa a decírselo a mi esposa quien se decepcionó mucho de mí e inmediatamente solicito el divorcio.

Me dijo que no me acusaría de adulterio para evitar el escándalo; pero que le diera el divorcio, que se quedaría en la casa y me pidió el 50% de mi sueldo como pensión. Yo me enojé mucho porque sentí que ella no me respondió como una buena esposa. Ella debió apoyarme y entenderme, porque uno es hombre y es normal que uno tenga sus quereres por fuera.

 

Inicié una nueva familia

Nos divorciamos, como era la voluntad de mi esposa. Mis hijos sufrieron mucho y los más grandes dejaron de hablarme. Se sentían humillados, porque veían a mi querida como menos, me decían que por una mujer tan corriente había dejado a su madre, yo les respondía que su madre me había corrido. Yo me sentía ofendido, me sentía muy herido y mi orgullo me llevó a tomar una decisión, que ahora veo fue la peor de todas.

Por coraje y para vengarme de mi esposa, me casé con esta mujer. Debo confesar que yo me enamoré mucho de ella, era feliz y pensaba y sentía que sí había valido la pena. Ya tenía una nueva familia y yo le acepte a su hijo como si fuera mío, al menos no lo hacía menos.

 

Me alejé de mi primera familia

Yo sentía que había encontrado la felicidad completa. Me tenía muy deslumbrado, pero solo era en los aspectos sexuales, ahora lo entiendo. Dejé de ver a mi familia, solo me dedicaba a trabajar y a estar con esta mujer, yo no sé qué me haría, yo creo que hasta me embrujó porque me tenía comiendo de su mano: lo que ella decía yo hacía.

Me metía ideas de mis hijos: me decía que eran muy revoltosos que nomás andaban llevando chismes y por eso dejé de verlos.

Se volvió a embarazar a los cuatro años de que nació el primer hijo con ella. Yo no entiendo qué me pasaba, porque de mi primera esposa, con los embarazos me alejaba, me daba asco y miedo estar con ella. Y con esta mujer me pasaba lo contrario: nomás quería estar con ella. Tuvimos un niño y una niña. Ahora ya tengo 6 hijos.

 

Me pagó con la misma moneda

Hace ocho meses le había dicho que saldría de viaje, era un viernes; iba a ir a León a ver a un cliente. Anduve haciendo algunos trámites aquí y luego me iría para allá. Salí temprano de la casa y ella se quedó porque tenía que llevar a los niños a las escuelas. Era ya casi mediodía y yo le quise dar una sorpresa y llevármela a ella y a los niños a León para pasar juntos el fin de semana. El de la sorpresa fui yo.

La encontré en la cama con otro; en la misma cama que compartíamos juntos como esposos. En nuestra recámara. Nunca se me olvidará esa sensación de desesperación, rabia, frustración, celos y sobre todo muchas ganas de matarlos.

Me fui contra él a golpes y a ella no dejaba de gritarle que era una cualquiera con palabras muy feas. Ella me decía que lo dejara, que no le hiciera nada, ¡lo defendía! Aún recuerdo sus palabras, casi las últimas que escuché: “¡Déjalo! ¡Yo lo amo!” En ese momento me comencé a sentir muy mal. Sentía que me faltaba el aire, me dolía el pecho y de repente perdí el conocimiento.

 

Desperté en el hospital

Recobré el sentido en el hospital. Y cuál fue mi sorpresa que ahí estaban mis hijos, los primeros que tuve. De esta mujer nada. Le llamé por teléfono a sus hermanos para decirles lo que había pasado y para que le dijeran que se largara de mi casa.

Ella no lo aceptó. Dijo que no se saldría de la casa. Mis hijos la sacaron de ahí. Le dijeron que si no se salía la refundirían en la cárcel junto con su amante. Se fue con él a rentar una casucha. Se lo llevó a vivir con ella porque él ni a casa llega.

Me pueden los hijos que tuve con ella, pero la ley la protege para que se quede con ellos, sabe qué mañas tenga su amante. Por eso estoy luchando para quitárselos, todavía tiene el descaro de pedirme pensión para ella, porque no trabaja: yo la saqué de trabajar.

Nos divorciamos. El día que firmamos estaba su amante esperándola afuera del juzgado, yo salí de ahí como un insecto como la peor cosa del mundo. Porque eso mismo, lo mismito le había hecho yo a la que era mi esposa legitima, con la que estaba casado por la iglesia.

Me quede solo, viejo, enfermo y sin dinero. Aún puedo trabajar, pero va a ser muy difícil que yo me reponga de esto.

Ojalá esto sirva de lección, para que se pongan más vivos y no anden de canijos. Es muy difícil porque uno de hombre le gusta andar con muchas mujeres, pero tarde que temprano ese daño que le hacemos a nuestros hijos, lo pagamos aquí mismo en la tierra.

 

Divorcios

Hasta el 2013 el Inegi enlista hasta 30 causas judiciales o administrativas del divorcio. En realidad, sólo cinco causales concentran la mayoría de los casos y son encabezados por el "mutuo consentimiento" que en 2013 representó el 67% del total con 62 mil 280 casos. Enseguida se ubicó la separación de la pareja por dos años o más independientemente del motivo (11 mil 326 casos), el abandono del hogar por más de 3 meses sin causa justificada (2 mil 385), luego la separación del hogar conyugal con por más de un año con causa justificada (mil 524) y el divorcio voluntario unilateral (2 mil 818).

La violencia intrafamiliar, amenazas e injurias sumaron 635 casos; la incompatibilidad de caracteres, 633; la negativa voluntaria o por orden de un juez al sostenimiento del hogar 575, y el adulterio, 443 casos.

El resto de las causales oscilaron entre los seis casos, como la bigamia y la bisexualidad, hasta 57 expedientes por hábitos de juego, embriaguez o drogas.