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No fue la iglesia, fue el sistema

No fue la iglesia, fue el sistema

J. Luis Medina Lizalde

   |  17 enero, 2020

José Luis Medina Lizalde
No fue la iglesia, fue el sistema

Un hecho muy singular ocurre en México, el tema de los abusos de varios integrantes de los “Legionarios de Cristo” genera una gran cantidad de información que pone en crisis la credibilidad de la jerarquía católica como nunca antes porque se combina con las innumerables denuncias de pederastia de sacerdotes, de algún modo, la milenaria institución paga alto precio por la política de ocultamiento de estos hechos de manera tal que todos debemos extraer las lecciones que dejan estos episodios.

Lo singular del caso es que las víctimas de los Legionarios de Cristo no son niños de barrio pobre sino miembros de familias de alto poder adquisitivo, es decir, del mismo sector que promovió un boicot publicitario a los escasos medios de comunicación qué difundieron denuncias en contra del michoacano Marcial Maciel, sacerdote fundador de esa congregación proclive a las clases acomodadas que supo cultivar cercanía “espiritual” con destacados hombres de empresa y con los círculos de poder político, para nadie es un secreto que el Padre Maciel fue cercanísimo a Marta Sahagún cuando protagonizó la política presidencial en pareja con su marido Vicente Fox.

La historia de abusos de los Legionarios de Cristo ejemplifica la traición al periodismo cometida por los que aceptaron callar esas historias cuando algún valiente se atrevía a revelar estos hechos y Marcial Maciel era poderoso, pero también la traición de los políticos encumbrados que se sumaron a la consigna de silencio hostilizando de fea manera al Canal 40 y a periodistas que le entraron al toro y a los dueños de empresas anunciantes que se sumaron al boicot publicitario, lo que nos permite calificar de erróneo el enfoque que concentra la responsabilidad en los curas señalados, en los jerarcas eclesiásticos encubridores y en la tristemente célebre congregación, dejando a salvo la participación de miembros de la élite empresarial y del poder político en la cancelación fáctica de las libertades de prensa y de expresión que hicieron posible tantas décadas de villanía.

Oscuridad Impuesta

Recuerdo con meridiana claridad el día en que en el noticiero que conduje en los años noventa en Estéreo Plata dimos a conocer un estremecedor reportaje sobre los abusos del padre Maciel recibí en cabina un iracundo mensaje de quién luego compró todala edición del diario “La Jornada” destinada ese día al estado de Zacatecas.

El caso nos permite valorar la importancia de las libertades para que los pueblos no padezcan realidades que solo ocultas total o parcialmente pueden prevalecer. Antes los esbirros de caciques eran hombres violentos dispuestos a sofocar cualquier inconformidad, luego los periodistas que por angas o por mangas subordinan su quehacer a los intereses de caciques cumplen la función de sofocar inconformidades legítimas, pasa en las universidades, en sindicatos, en pueblos enteros sometidos a políticos chicharroneros.

La corrompida élite mexicana electoralmente derrotada instaló la idea de que toda alusión a lo que sucedió antes del arribo a la Presidencia de López Obrador es excusa para no resolver los problemas del presente, sin considerar que el ocultamiento fue la razón por la cual se cometieron las corruptelas que ahora no quieren que se conozcan, quisieran una solución parecida a la que encontraron cuando decidieron quemar actas y boletas electorales para que nunca los mexicanos pudiéramos saber con exactitud el fraude de 1988 pero eso ya no es posible, lo que sucede al interior de las instituciones tiene una visibilidad sin precedente .

Es verdad que aún no podemos decir que las zonas oscuras ya están iluminadas, los convenios con empresas de comunicación y periodistas en lo individual siguen determinando el trabajo periodístico en gran medida, reducen a su mínima expresión procesos que mañana serán escándalos como el nepotismo, luminarias, las compras gubernamentales, contratos de obra, administración del dinero en viáticos, condicionamiento de favores sexuales y demás realidades encubiertas mediante la capacidad de “convenir” con periodistas prevalecen aunque mucho menos que antes, gracias a las redes.

Fortalecer el periodismo

El proceso democratizador del país será incompleto mientras no se fortalezca el trabajo del periodista mediante estabilidad en el empleo, salario profesional, seguridad social y prestaciones que sirvan como soporte a un ejercicio profesional sin más límites que los de la Constitución, pero también será incompleta la democratización si a las empresas privadas no se les otorga contratos de publicidad basados en reglas claras preservando libertades y sin meterle mano a la gran cantidad de canales de televisión y radiodifusoras teóricamente “publicas” pero caracterizadas por intereses extra periodísticos.

Los niños de los caros colegios de los Legionarios de Cristo víctimas de abusos no lo hubieran sido sí cuando empezó la triste historia se hubiera conocido.

Que nos sirva de lección.

 

Nos encontramos el jueves en Recreo.

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