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La diabetes del sistema

La diabetes del sistema

J. Luis Medina Lizalde

   |  7 septiembre, 2020

José Luis Medina Lizalde

José Luis Medina Lizalde.

Me quedé estupefacto al conocer la denuncia del fiscal del Chihuahua contra el abogado estrella de los negocios de la clase gobernante del salinismo Juan Collado, hoy en prisión en vías de ser sentenciado entre otros delitos por delincuencia organizada. La razón de mi asombro es que según lo dicho por el fiscal, el exgobernador de ese estado César Duarte, en vías de ser extraditado de los Estados Unidos, desvió 13.5 millones de pesos  del erario de Chihuahua para el abogado Juan Collado, con la finalidad de pagar un contrato de servicios jurídicos que nunca se realizaron y que en realidad fueron para Carlos Salinas De Gortari como pago para que lo ayudara a presidir al PRI, lo que finalmente no sucedió; el procedimiento instaurado nos permitirá, de verificarse lo denunciado: diseccionar el tráfico de influencias como constante práctica en un régimen corrupto.

Salinas lideró desde antes de su mandato la transferencia de empresas públicas a intereses privados en el proceso calificado internacionalmente como el más corrupto de todos los que tuvieron lugar bajo la hegemonía de los Estados Unidos, en ese momento único en el mando por la reciente caída de la URSS y países de Europa del Este. Imagínese en que manos estuvimos.

El tráfico de influencias es para el estado de derecho y las instituciones como la diabetes para el organismo humano: mata silenciosamente, debilita los órganos hasta atrofiarlos y culmina con el colapso general después de episodios de quebrantos severos; tal ha sido nuestra historia muchos años.

El traficante de influencias se asemeja al que oferta sexo a cambio de paga, a semejante especie corresponde el Ex Rey Juan Carlos de España, cuyos trafiques lo han condenado a vivir escondido para no abollar la corona de su hijo Felipe, en un país que tuvo los arrestos institucionales para condenar a prisión a otro pillo de la familia yerno del Ex Rey transa de cuyas andanzas en el estado de México favorecieron mercenariamente a inversionistas españoles, según  diera cuenta Jacobo Zabludovski una vez que gozó de la libertad que nunca tuvo en el “Canal de las Estrellas”.

Hay traficantes de influencias de todos tamaños y colores, algunos consiguen audiencias, concesiones, contratos y demás, a cambio de gratificación compartida con algún encumbrado amigo o pariente, hay traficantes temporales y hay quienes se dedican a eso, unos son políticos y funcionarios públicos y otros son prominentes por su condición económica expertos en “granjearse” la buena voluntad del político.

Daño inmenso

Basta un breve recuento de los daños ocasionados a los mexicanos por los traficantes de influencias para tomar consciencia de emprender la lucha firme contra estos nefastos usos y costumbres como tarea esencial en la construcción del estado de derecho: enseguida expongo los que a mi juicio son las principales afectaciones.

La obra pública mexicana ha consumido recursos públicos tirados al caño de la ineficiencia, sobreprecios, facturas falsas, elefantes blancos debido a que la aprobación de obras, asignación de contratos y supervisión, fiscalización y control han transcurrido inmersos en el tráfico de influencias.

Muchas empresas que juegan limpio, muchos técnicos de alta calidad han sido víctimas de los traficantes de influencias activos en los 3 niveles de gobierno.

Tanto la justicia social como la justicia judicial han sucumbido ante la carga de los influyentes, la orientación del gasto público y el esquema recaudatorio tanto en la concepción como en la operación agravaron durante muchos años la desigualdad y marginación para favorecer minorías en situación de privilegio como lo acredita gráficamente cada núcleo urbano de esta país al contrastar la inversión pública en colonias populares con las zonas residenciales y centros históricos.

Las cárceles mexicanas son testimonio vivo de una justicia fallida en donde el tráfico de influencias ha sido la constante desde la impartición hasta la administración de la justicia, anulando el estado de derecho.

El tráfico de influencias anula estatutos, trayectorias y preferencias mayoritarias en la selección de candidatos con una frecuencia incompatible con el estado de derecho, los caciques políticos son la glucosa que mata silenciosamente la democracia electoral ante la incapacidad de los órganos electorales de ser garantes de legalidad.

El tráfico de influencias, asesino silencioso

El traficante de influencias experimentado  otorga empleos a familiares cercanos de alguien que luego tendrá que “corresponder” y en el extremo de inmoralidad, cuando el puesto es altamente remunerado demanda “su parte”.

La denuncia contra Juan Collado que implica a Salinas De Gortari alerta sobre una práctica silenciosa que no debe tolerarse, Zacatecas vive inmerso en el tráfico de influencias más impune, será tarea de todos ponerle fin a tan sofocante freno al progreso.

Desterrar esos modos de hacer política implica cerrarle el paso al político tradicional, carente de contenido.

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