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Ayuda a pacientes Covid a pesar de la discriminación

El odontólogo de 27 años cambió toda su vida, desde su profesión, sus hábitos en casa para salvar a los demás.

Norma De Luna

   |  12 agosto, 2020

El peligro de contagiarse al transportar a los enfermos es latente. Fotos: Cortesía.

ZACATECAS.- El cierre de su consultorio dental, la muerte de su padre, una nueva oferta laboral y la llegada del coronavirus obligaron a quien llamaremos “Pablo” (prefirió ocultar su verdadera identidad) a demostrar su vocación de servicio.

Su vida hoy es muy diferente a la que tenía a principios de año, pues lucha en la primera línea de batalla contra el coronavirus.

Y es que le ofrecieron ser conductor de una ambulancia y este aceptó porque de esa manera su economía no se vería afectada; además consideró que el trabajo le ayudaría a despejarse y sabía que aprendería cosas nuevas.

Pablo creyó que su trabajo se limitaría a manejar y nunca imaginó todo lo que iba a enfrentar meses después.

Recordó que al inicio “me enseñaron todo lo que hay que saber para manejar una ambulancia, mi única labor era manejar”.

Y, aunque su trabajo era solo como chofer, de pronto las carencias que trajo consigo el coronavirus lo llevaron a desempeñarse como camillero, enfermero y operador de ambulancia.

Los retos

El Hospital General de Jerez comenzó a quedarse sin personal, ya que los médicos y compañeros enfermaron, solicitaron permiso o vacaciones.

“Faltaban choferes, camilleros, médicos, mucho personal y es ahí cuando me dicen si quiero ser camillero”, narró.

Pablo sabía de primeros auxilios y demás, pero nunca había estado en un área hospitalaria, pero sus ganas de apoyar y solidaridad fueron más fuertes.

Destacó que “una camilla sencilla es pesada, es difícil manejarla y sobre todo, es pesado llevar al paciente; sin embargo, una camilla para pacientes con Covid-19 es el doble o triple de pesado. Está pesadísima, es muy complicado y ahora hacer todo ese trabajo solo, parece sencillo, pero no”.

Desde la primera quincena de abril y hasta finales de mayo trabajó casi sin descanso, todos los días de la semana por lo que pasaba más tiempo dentro del hospital que en su propio hogar.

Reconoció que expertos lo guiaron para hacer un trabajo digno y el día menos esperado hizo trabajo de enfermería.

“Me invitaron al quirófano con un paciente Covid-19, fue mi primera vez y pues más o menos le sabía”, dijo.

Después de largas semanas le comenzaron a quitar horas laborales.

Empezó como chofer y la falta de personal lo llevó fungir también como camillero.

Su experiencia ante el Covid-19

Reconoció que la primera ocasión que trasladó a un paciente Covid-19, sintió una experiencia diferente.

“Emocionalmente fue algo diferente, se sentía extraño en el cuerpo y en la mente; yo había pasado semanas enteras cuidando a mi papá y ese olor a clínica y el entorno me regresaban a la experiencia de mi papá”, dijo.

Aunque resaltó que “perdón por la expresión, pero es un desmadre trabajar aquí, no te dejan que te apoye alguien más, te enfrentas tú solo con tu ambulancia al paciente Covid-19”.

En Jerez hay tres ambulancias: una exclusiva para pacientes Covid-19 y el resto para otro tipo de traslados y, ante la demanda de las atenciones, llegó el día en que tuvo que hacer un traslado Covid-19 en una que no estaba adecuada.

“La especial tiene mucho equipo, mucha protección, filtros y el médico me ordenó hacer un traslado en otra”, dijo.

Sin enfermera, sin ambulancia adaptada y con su equipo de protección, llegó con el paciente a la Uneme en Zacatecas.

Además, Pablo mencionó que también le sorprendió el recelo que tienen con el equipo que es para protección del mismo personal.

“Se batalla para que nos den el equipo, sí hay, pero no sé por qué lo quieren guardar”, dijo.

Detalló que hay un área especial a la que cada persona debe solicitar su equipo de protección, overol, lentes, etc.

Pero es una batalla adicional ya que, en la mayoría de las ocasiones, el personal de salud opta por comprar los insumos necesarios por su parte.

Protección

Todo el equipo que usa Pablo genera mucho calor y sudor, pero no solo eso, sino que también miedo y angustia, porque no saben a lo que se enfrentarán una vez que están con los pacientes covid.

“Yo he llorado de angustia, de felicidad y le agradezco a Dios que me brindó este empleo; que sigo sin contagiarme aun con el riesgo que corro”, compartió.

Ahora, ya no solo usa un par de zapatos, pues usa un calzado para el coche, otro para la casa y otro para el trabajo, además del cambio constante de ropa.

Así mismo desinfecta cada espacio de su automóvil, todo pasa por un proceso extremo de limpieza porque no quiere ser el causante de un contagio.

Las medidas de prevención también las aplica en su casa, pues al llegar “en la entrada tengo una cubeta con solución para desinfectarme y todo lo que traía se esteriliza”.

Después de haberme bañado en el hospital, platicó, me vuelvo a bañar en cuanto llego, trato de estar completamente limpio, pero es difícil.

Explicó que en cuanto entra a su hogar su hijo corre a querer abrazarlo y jugar con él, pero debe privarlo de esa cercanía por su propio cuidado.

“Quisiera cagar a mi hijo, besarlo, abrazar a mi esposa y jugar como antes, pero nos privamos, porque el riesgo es latente”, destacó.

Lamentó que familiares y conocidos lo tildaban de exagerado por todas las medidas que llevaba y supo que quienes no practicaban cosas similares, hoy ya están contagiados.

“Vi doctores enfermarse, pacientes irse y también la tristeza de los familiares”.

Discriminación

Además de la presión y las carencias, Pablo se enfrenta constantemente a la discriminación, de amigos, vecinos y conocidos del municipio.

Su vida, dijo, no la puede hacer normal, pues  “se escuchan rumores que soy un irresponsable, cuando debo ir al súper y mis amigos me excluyen de algo, los he perdido”, lamentó.

También tiene que enfrentar los reproches y enojo de quienes tienen a un familiar enfermo o lo perdieron por Covid-19.

Aseguró que la mala información orilla a la gente a discriminar a quienes hacen un gran esfuerzo en los hospitales.

Pablo dijo que lo invade la tristeza y el enojo cuando escucha a quienes aseguran que la enfermedad no existe.

“Dicen que nosotros los enfermamos de adrede, nos ofenden, nos hacen muchas cosas y ya estamos cansados; cada que llega un Covid-19, sabes a todo lo que te vas a enfrentar”.

Los otros guerreros

El odontólogo agradeció formar parte de un equipo responsable y  con todo lo que debe cargar, disfruta y le gusta su trabajo; sin embargo, reconoció el trabajo de “los otros guerreros”.

“Mi total admiración y respeto para los cocineros, choferes, camilleros, enfermeros y los de intendencia. Todos ellos están más en riesgo que un médico”, consideró.

Lamentó que muchas veces nadie voltea para con ellos y no se les agradece, como si su trabajo fuera menor y “es lo contrario”, dijo.

“Muchas veces el médico está muy de lejos y nosotros tocamos las sabanas de un paciente, y respiramos el mismo aire: somos todos nosotros, los otros”.

Por todas las etapas que ha pasado dentro del hospital, se imagina un poco del sentir de sus compañeros y, aun así, aseguró que no los escucha quejarse.

“Gracias por su trabajo, es algo que les digo siempre. Ellos levantan la basura, limpian todo y con un equipo muy malo, de baja calidad y nadie los felicita a ellos”.

De odontólogo a todólogo

A la fecha y, ante el aumento de contagios, el odontólogo se desempeña en tres turnos: en uno es operador de ambulancia, en otro camillero y luego se regresa a los traslados.

Reconoce que la experiencia ha sido muy dura, pero lo mueve su vocación de servicio.

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