MÉXICO, DF.- Con un ambiente que llevó varias veces al exbaterista de los Beatles a reconocer al público mexicano como el mejor del mundo, Ringo Starr ofreció un concierto memorable junto con sus talentosos invitados.
El Auditorio Nacional fue testigo de la simpatía y sencillez de Richard Starkey, quien naciera en Liverpool hace 71 años y que aún muestra la esencia de una casi eterna juventud cultivada por el rock y los buenos sentimientos hacia la humanidad y el mundo.
El escenario vibró con la presencia del músico quien inició el concierto con la característica puntualidad británica.
Starr, quien fue uno de los compañeros en las buenas y en las malas de los ya fallecidos John Lennon y George Harrison y del aún muy activo Paul McCartney, fue vitoreado por un auditorio abarrotado.
A lo largo de su exitosa carrera ha sabido integrar, en diversos momentos y escenarios, a grandes músicos que enmarcan de modo perfecto su siempre discreta y de algún modo nostálgica presencia.
En esta ocasión, la All Starr Band trajo por alineación a un grupo de enormes rockeros: Edgar Winter, Rick Derringer , Richard Page, Gary Wright, Wally Palmar, Mark Rivera y Greg Bissonette, baterista notable quien sabe siempre dar su lugar a Ringo.
Además de las grandes interpretaciones de estos músicos de primer nivel, el público, prendido ya de por si con la presencia de Starr, pudo disfrutar de los temas clásicos (no muchos, por cierto) que el baterista vocalizó para el Cuarteto de Liverpool: como son las canciones “Boys”, “Act naturally”, “Honey don't” y por supuesto la coreada por todos los asistentes “Yellow submarine”.
Fuera de las interpretaciones de Ringo, resultaron momentos inolvidables las ejecuciones virtuosas de Derringer al requinto, Winter al teclado o al saxofón, de Page y su nítida y espaciosa voz, Wright y su gran beat y de Palmar con su sentimiento a flor de piel.
La compañía de los talentosos Rivera y Bissonette en percusiones y batería completaron el banquete musical de la noche.