Thursday 19 de January de 2017

Una leyenda trágica de Loreto 

Manuel González Ramírez      1 Nov 2016 21:44:00

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La presa grande de San Marcos guarda con ella una oscura leyenda. (Cortesía)
La presa grande de San Marcos guarda con ella una oscura leyenda. (Cortesía)
El día 21 de julio de 2005, el maestro Enrique Ángel Reyes Valadez, cronista de Loreto, nos invitó a realizar un recorrido por su municipio.

Uno de los sitios más imponentes y espectaculares fue la famosa Presa Grande de San Marcos. Debo confesar que nunca antes me había impresionado tanto una construcción como aquella, se trata de una presa de características peculiares y de dimensiones monumentales.

Esta gran obra de la ingeniería hidráulica es un monumento impregnado de una historia profunda y significativa, su antigüedad nos transporta de manera automática a otra época, sus elementos estructurales y su tamaño nos sobrecogen.

Los constructores bien merecen un reconocimiento por la originalidad del diseño.
Al caminar por la cima de la cortina se experimentan múltiples sensaciones. A un costado veíamos una estela de agua profunda que se movía impaciente; en otro, una especie de cañón poblado por múltiples creaciones del reino vegetal; por un lado se escuchaba el chapaleo del agua, mientras que en el otro, resultaba apenas audible el viento que cruzaba el pequeño cañón de roca sólida. Fue en verdad un espectáculo de altura.

 En la parte central de la cortina, una escalinata descendía hasta un torreón que por alguna razón me recuerda la arquitectura de la Europa Medieval, la curiosidad de acercarnos hasta esa torre tan sombría, nos obligo a bajar. 

Debíamos descender con mucho cuidado, pues un paso en falso, un traspié o la mínima sensación de mareo (por el espacio vacío que teníamos frente a nosotros) podrían convertirse en un descenso bastante rápido y mortal.

Lo peor del caso es que no había un pasamano, así que la seguridad dependía del buen equilibrio, el cuidado y el dominio de la fobia a las alturas. 

Mientras bajábamos, la luz del día iba pereciendo, el sol estaba ocultándose en el horizonte, lo que le agregaba más emoción al momento. 

Al llegar al mencionado torreón, nos detuvimos para contemplar la nueva perspectiva de la imponente cortina.

Desde ahí, observé unos nichos que llamaron poderosamente mi atención. Creí que se trataba de elementos ornamentales, sin embargo, al externar mi especulación, el maestro Enrique dijo que en torno a esos nichos existía una vieja leyenda.

Sin decir más, le solicité hiciera el favor de narrarla, y esto fue lo que dijo: “Comento que en efecto, prevalece una conseja que ha sido transmitida de generación en generación, la cual hace referencia a unos hechos que hasta el momento no se sabe con exactitud cuándo ocurrieron, se trata de la Leyenda de los niños de la presa-. Mientras pronunciaba las primeras palabras del relato, la oscuridad invadía el ambiente.


“Cuenta la leyenda -agregó el anfitrión- que hace muchísimos años existía la creencia popular de que cada vez que se construyera una presa, se debía emparedar en ella a varios niños vivos.
El requisito obedecía a que si algún día se presentaba el riesgo de que ésta reventase, los niños comenzarían a llorar tan fuerte que los habitantes del pueblo más próximo escucharían el llanto, entonces tendrían que evacuar el lugar antes de que llegara el agua y los sepultase.

Por este motivo, cuando llegó a su fin la obra de la Presa Grande de San Marcos, los constructores hicieron tres nichos de casi cuatro metros de altura, en la parte central de la cortina, mismos que serían ocupados por igual número de niños… había llegado el momento de conseguirlos para darle ‘toque final’ a esta construcción.

Nadie sabe quienes recibieron la encomienda de llevar a los infantes, pero la orden fue ejecutada. El día señalado para tal efecto había llegado y ya tenían cautivos a los tres infantes. Pero ¿de que manera los obtuvieron? Hubo quienes divulgaron -aseguró- que dos fueron raptados, mientras que el otro fue vendido por su criminal padre, quién a cambio del pequeño recibió considerable cantidad de dinero acuñado en oro y plata, y terreno para cultivos.

Luego fue aborrecido por esposa, hijos y familiares, y maldijeron su existencia.
Ya era hora de consumar la obra y condujeron a los niños frente a los nichos, luego, invitaron a cada uno de ellos para que se introdujera a su respectivo hoyo.

Los pequeños se resistieron hasta que observaron que en el interior había dulces y juguetes. 
Las inocentes víctimas, al contemplar este deslumbrante panorama, entraron ‘voluntariamente’, mientras disfrutaban de sus obsequios, las entradas de los nichos fueron selladas con piedra y mortero.

Y desde entonces, esos tres niños quedaron emparedados en vida, a partir de esa fecha, los habitantes del lugar están pendientes de que si algún día escuchan el llanto de ultratumba de los tres infantes… será el momento de correr por sus vidas, pues la Presa Grande de San Marcos estaría por reventarse”.


*Cronista de Zacatecas





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