Monday 23 de January de 2017

Tello y Guzmán, destinos paralelos

J. Luis Medina Lizalde      12 Oct 2016 23:48:37

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El zarpazo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público en contra de la UAZ, al retenerle 136 millones de pesos por los impuestos que la Casa de Estudios adeuda, es rudeza innecesaria con la Universidad y con el gobierno del estado.  Alejandro Tello Cristerna mostró capacidad de reacción y sin titubeos mostró disentir con el proceder de la burocracia tecnocrática. 

El Gobierno Federal suele vernos chiquitos y orejones por la debilidad política de una clase política local, que al no tener asideros en la economía del estado ha sido incapaz de hacerse escuchar por una burocracia central, para un trato presupuestal menos excluyente, más acorde con lo que se necesita que con la capacidad recaudatoria propia.

La falta de estatura política de nuestros gobernantes locales ha sido dócil ante una política hacendaria que alcahuetea a los grandes monopolios, mientras que se ensaña con los contribuyentes cautivos y con las universidades públicas. 

Con esos antecedentes es válido reconocer lo inédito de la postura oficial externada tanto por el gobernador Tello Cristerna, como por Jorge Miranda, su titular de finanzas. 

Ambos han manifestado claramente que no comparten el proceder de la Secretaría de Hacienda y su voluntad de hacer causa común con las autoridades universitarias para ser escuchados por la tradicionalmente autista burocracia hacendaria.

En estricto sentido, la manifestación franca de una visión diferente a la del gobierno federal debería ser tomada con toda naturalidad puesto que es perfectamente normal que frecuentemente no concuerden las visiones regionales entre sí y con la óptica nacional en cuanto a temas concretos. 

Pero es el caso que el culto al presidencialismo deformó la cultura política a tal extremo que los gobernantes locales viven pendientes de lo que dice y cómo lo dice el huésped temporal de los Pinos, para replicarlo acríticamente. 

Política de sesos, no de pesos
Cuando se repasa la historia política de los pueblos se confirma un dato que frecuentemente pasa desapercibido: 

Los próceres, los estadistas notables, los gobernantes que trascienden son por lo general los que disponen de escasos recursos, como si entre los políticos se cumpliera la célebre sentencia del pensador José Ingenieros cuando decía “nadie piensa dónde todos tragan”. 

Juárez y Cárdenas tienen en común el haber gobernado en tiempos de vacas flacas y el transcurso del tiempo los hizo merecedores de ocupar la más elevada consideración cívica de las posteriores generaciones. 

García Salinas es otra biografía épica de un gobernante al que la vida lo puso en situación de usar más sesos que pesos para gobernar a sus contemporáneos.

Después de varias décadas en las que generaciones enteras de mexicanos fueron convocados a confiar en reformas milagrosas concebidas en los más poderosos círculos financieros internacionales que privaron de sentido social al régimen que surgió de una revolución armada popular, la cruda realidad ha evidenciado que el culto al capitalismo salvaje nos condujo al abismo y al descontento generalizado con el estado de cosas, poniendo punto final a la actitud condescendiente de la ciudadanía con sus políticos. 

En lo sucesivo y por una buena temporada no será posible ejerce el poder o protagonizar la oposición al mismo, descuidando la legitimidad. 

Por eso no sorprende la coincidencia discursiva entre la gestión rectoral de Antonio Guzmán Fernández y la gestión gubernamental de Alejandro Tello Cristerna.

Ambos buscan convencer de que son austeros en el desempeño de sus respectivas funciones y que practican la austeridad con denuedo, coincidiendo hasta en las mismas medidas (celulares, vehículos, y demás signos de ostentación burocrática) y ambos despiertan resistencias en sus respectivos territorios, exponiéndose a la sorda descalificación de los aferrados a no hincarse ante la tempestad de la ciudadanía enojada.

Alejandro Tello y Antonio Guzmán se equivocan de cabo a rabo si con su austeridad pretenden convencer a la insensible élite hacendaria, ¿tendrán sensibilidad los infames encorbatados que programan recortes al gasto público en salud y educación, que sacrifican el campo y que consienten las obras faraónicas? 

A esa caterva de tecnócratas le vale madres cómo viven los simples mortales, mientras ellos puedan jugar en los campos de golf de los barones del dinero. 

Lo anterior no le quita valor a la postura política de la austeridad en el ejercicio del mando, si se toma conciencia de que tal definición es para legitimarse ante los agraviados gobernados para contar con apoyo para dejar de ser administradores de una realidad amarga y convertirse en protagonistas de la transformación.

El sacrificio presupuestal para Zacatecas es inmisericorde. A las reacciones lógicas de los desfavorecidos se sumarán los adictos al privilegio ilegítimo que reniegan de todo lo que huela a austeridad republicana en la administración universitaria y en el gobierno.   

Nos encontramos el lunes en El Recreo.




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