Wednesday 22 de March de 2017

Son Judas, no jodas 

Redacción      25 Oct 2016 22:02:08

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El origen de la jerezana tradición de la quema de Judas se pierde en los vericuetos del recuerdo, yo era niño cuando mi padre me contaba que en su niñez, ya se quemaban con pólvora, esos muñecos formados por multicapas de papel con engrudo para darles forma.

Me contaba también que había excelentes artesanos que hacían esos muñecos con extraordinaria calidad, para luego entregarlos a los fabricantes de cohetes, mejor conocidos en el pueblo como “polvoreros”, que fabricaban el explosivo utilizando la tradicional mezcla de azufre, carbón y salitre.

En la actualidad, existen muchos químicos que tornan más peligrosa la fabricación y el manejo de la cohetería.

Nuestros paisanos dedicados a fabricar artefactos explosivos, para hacer notar el júbilo de los fieles, en los festejos del santo de su devoción, se localizaban en la calle Alameda Sur, frente a la colonia 20 de Noviembre, que por aquellos entonces eran terrenos de cultivo propiedad de José María Sánchez, quien tenía una tienda de abarrotes en la esquina, donde inicia la calle Constitución o del Refugio. 

Debe mencionarse que aparte de los llamados “árboles de pólvora”, fabricaban también el cohete chico, el ruidoso cohetón y las explosivas “cámaras”, éstas últimas usadas en los festejos patrios y del novenario de la Virgen de la Soledad.

Los “polveros” cobraban el valor de su mercancía, pero para darle un valor agregado, ellos mismos se encargaban de tirar los cohetes en las peregrinaciones o los cohetones en el techo del Santuario, mientras que para las conocidas como “cámaras” lo hacían poniendo el pesado cilindro en el piso. 

A este tipo de pirotecnia, le ponían una mecha, luego lo llenaban con pólvora que apretaban con palo de mezquite redondo, le agregaban papel periódico comprimido y luego prendían la mecha para producir la explosión que se escuchaba en todo el pueblo. 

El pueblo por aquellas fechas no era muy grande, pues los límites eran hacia el norte, la calle Galeana, en sentido contrario Alameda sur, al poniente Alameda poniente y al oriente, el Río Grande. 

En 1945, Jerez apenas rebasaba los 15 mil habitantes, incluyendo las rancherías, según lo mencionaba Zenaido Rodríguez, en su libro de geografía del estado de Zacatecas.

Por aquellas fechas, se iniciaba el mandato de José Minero Roque como gobernador del estado, mientras que en Jerez, un habitante de esos que aparecen cada 50 años, se daba a la tarea de organizar un comité para construir un monumento a la memoria de Ramón López Velarde

Ese notable jerezano fue Francisco Pancho Márquez, admirador de la vida y obra del poeta.

Sus esfuerzos tuvieron eco, pues el mandatario estatal, nochistlense de amplia cultura, simpatizó con el proyecto, aunque no podamos precisar si lo apoyó y con cuánto.

Lo que sí recordamos es que cuando se develó el busto, también atronaron el espacio los cohetes jerezanos que entonces tenían una envidiable fama; habitantes de todos los pueblos aledaños, venían a comprar esos artefactos y ordenar sus pedidos de los “árboles de pólvora”, llamados en la actualidad como juegos pirotécnicos.

En la actualidad, la cohetería jerezana es también de una extraordinaria calidad, gracias a los nuevos productos y a las técnicas traídas de otras latitudes, ahora son acompañados de la bella iluminación que por las noches producen los crisantemos multicolores.

Este trabajo, no deja de ser peligroso, pese a todas las prevenciones tomadas, al paso de los años algunos que se quemaron en la cara, manos  y brazos, dejándoles indelebles cicatrices.

Los Judas que se quemaban en el Sábado de Gloria, también se manufacturan en forma diferente, haciéndolos exclusivamente de papel y carrizo, pues cuando alguna vez se hicieron con flejes metálicos, la explosión de uno de estos muñecos lanzó un proyectil que le costó la vida a un joven espectador.

Ahora, así como Zacatecas se llevó el evento automovilístico de la feria y Fresnillo hizo lo propio con la carrera de motos, otros municipios se han dado a la tarea de copiar la “quema de Judas”.

Por ello, los jerezanos deben organizar debidamente su evento, reglamentándolo y llamando a concursar a quienes los manufacturan para que los personajes estén bien caracterizados y no solo sean unas figuras grotescas que no hacen alusión a ningún  personaje, excepto por el letrero que les acompaña.

Por todos estos apuntes acude a la memoria el nombre de un compañero de primaria, que exclamó asombrado al ver a un muñeco de papel en un poste. 

–Mira papá “un jodas”. 
–Es un Judas, no jodas, hijo mío…





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