Sunday 22 de January de 2017

Nuestro delito… que no nos creyera mi mamá

Ivonne Nava García      8 Oct 2016 18:49:41

A- A A+

Compartir:
(Imagen)
(Imagen)
Los abusos sexuales a menores son una realidad latente en nuestra sociedad. Desgraciadamente la mayoría de esos abusos ocurren en el interior del domicilio de los menores y son perpetrados por un familiar cercano.

Existen familias que aun a sabiendas de lo que ocurre guardan silencio de manera exhaustiva, engañándose a sí mismas para no ver la dolorosa realidad y el espantoso hecho.

Esta historia se gesta en un municipio cercano a la capital. Una mujer de 28 años, madre de unas gemelas de 10 años, se enamoró de un hombre e inició una relación en unión libre. Esta relación que se tornó completamente enfermiza al poco tiempo, ya que por conservar la relación permitió que el sujeto abusara sexualmente de sus hijas por más de 3 años.
 
Los antecedentes

Mi hermana se juntó con ese tipo, nadie de la familia lo mirábamos bien porque tenía fama de pervertido. Ahí en el rancho se rumoraba que lo habían sorprendido en una situación muy cochina con animales del rancho, pero mi hermana no hizo caso.

Él empezó invitándola a los bailes, se la llevaba a tomar y de ahí se aprovechó. Mi hermana estaba sola porque a su marido se lo mataron en una riña al salir de un baile. Ella le lloró mucho, como 2 años. Siempre decía que se sentía sola y que necesitaba a un hombre que la mantuviera.

Ese tipo iba y venía al otro lado y traía sus dólares, le hacía regalos a mi hermana; le traía ropa y así se la ganó.

Todos nos dábamos cuenta de que el hombre ese fumaba marihuana y vaya a saber qué otra cosa se metía, pero mi hermana no se quería dar cuenta.

Chaparro, todo tatuado de mi padre dios y de la virgen, sabiendo que era el mismo demonio.
Cuando mi hermana se fue a vivir con él se la llevó al rancho donde trabajaba de capataz. Mi mamá le dijo que dejara a las niñas porque no les fuera a hacer algo el hombre ese, pero se enojó mucho mi hermana y se las llevó.

Nos dijo que no nos metiéramos en su vida, que ella sabía lo que hacía.
 
Casi no las veíamos

Cuando se fueron duramos más de 6 meses sin saber de ellas y como el rancho estaba retiradillo de con nosotros se nos dificultaba ir a visitarlas.

Las niñas dejaron de ir a la escuela porque no había forma de llevarlas. Para el día del cumpleaños de las niñas nos las arreglamos y fuimos a verlas; nos dio mucha lástima porque estaban muy flaquitas y se veían tristes.

Se nos hizo raro porque ellas eran muy habladorcillas y ese día estaban todas apagadas. Cuando llegó el viejo de mi hermana las niñas se fueron, se vio que le tenían miedo y mi mamá le preguntó a mi hermana que si este hombre les pegaba o por qué le tenían miedo.

Ella otra vez se enojó y nos dijo que si la íbamos a estar molestando mejor que nos fuéramos. Mi papá se sintió y dijo que nos fuéramos, pero antes él le advirtió a mi hermana que si les pasaba algo a las niñas se las vería con él.
 
Pasaron dos años más
Las cosas siguieron así; nosotros veíamos muy poco a las niñas, solo las visitamos cuando podíamos y siempre las notábamos igual. Mis papás le decían a mi hermana que dejara que nos las trajéramos, pero ella no quería.

En el cuarto en el que vivían dormían todos y eso no se nos hacía bien, estábamos con la zozobra de que algo les pasara o de que vieran cosas que no deben ver los niños, porque sabíamos que él tomaba mucho.

Mi hermana ya se había embarazado de nuevo y tenía un hijo de ese hombre.
Un día fui a ver a las niñas y las encontré solas. Estaban encerradas. Me puse a platicar con ellas por la ventana. Les pregunté porque estaban encerradas y me dijeron que así las dejaban que mi hermana cuando se iba a la pizca.

Mi hermana tenía que trabajar porque el hombre ese no le quería dar dinero para que las niñas comieran. El viejo andaba cuidando los animales del rancho y dijeron que las dejaban así para que no se salieran.
 
Moretones
Ese día noté que una de las niñas traía unos moretones en un brazo y le pregunté qué le había pasado, ella me dijo que se había caído de un caballo. No le creí, mi otra sobrina le dijo que me dijera.

La niña se puso a llorar y me decía que ya me fuera porque ya mero llegaba el marido de su mamá y que las iba a regañar. Le seguí insistiendo hasta que me dijo que él le había pegado con una cuarta.
 
Se las llevó
Me dio mucho coraje y les dije que me las iba a llevar con su abuelita, ellas no querían porque tenían mucho miedo de que ese hombre matara a mi hermana.

Me dijeron que él les decía que si abrían la bocota le iba a torcer el pescuezo a su madre. Las convencí de que se salieran de la casa por la ventanita y me las llevé.
 
Tenían mucho miedo
Todo el camino lloraron; decían que ese tipo iba a matar a su mamá y a su hermanito. Yo nomás las quería calmar.

Llegamos con mis papás y les dije lo que había pasado y mi papá se enojó muchísimo y se fue a buscar al tipo, dijo que lo iba a matar.

En la casa, las niñas me empezaron a decir todo lo que les pasaba. Fueron cosas muy feas, pobrecitas.
 
La mamá sabía todo

El desgraciado empezó a abusar de las 2 niñas casi desde que se las llevó al rancho. El maldito mandó a trabajar a mi hermana que para que sacara para mantener a las niñas y él aprovechaba el tiempo para regresarse a hacerles cosas a las niñas.

Ellas me platicaron que le dijeron a su mamá desde la primera vez que pasó, pero que ella no les creyó.
 
Pequeña voz
Ese hombre es muy malo. Desde que nos fuimos a vivir con él nos empezó a tratar muy mal, nos hablaba con puras groserías y nos pegaba. No quería que mi mamá nos diera de comer.

La mandó a trabajar para que tuviera con qué darnos de comer. Ella se fue a trabajar al campo; se iba muy temprano y nosotras nos quedábamos ahí. Él también se iba que a darles de comer a los animales, pero luego se regresaba.

Yo me acuerdo que un día yo todavía estaba dormida y me desperté porque sentí que me estaban tocando mis partes. Me asusté mucho cuando lo vi acostado conmigo.

Quise gritar, pero me tapó la boca y me dijo que me callara y que no dijera nada a nadie porque si no me iba a matar y también a mi mamita. Yo sentí mucho dolor entre mis piernitas y me daba mucho asco porque me besaba la boca con su lengua, no podía respirar porque estaba arriba de mí.

De repente se levantó, yo vi que se subió los pantalones y se salió. Yo estaba muy asustada y le dije a mi hermana que ese viejo me había cortado con algo que se había guardado en el pantalón y que me quería matar porque estaba manchada de sangre. Mi hermana también se asustó mucho y ahí nos quedamos a esperar a mi mamita.
 
No les hizo caso                      
Cuando llegó mi mamá le platicamos lo que sucedió y ella me pegó en la cara, me dijo que era una mentirosa y que estaba inventando todo eso para que ella dejara a su marido.

Nos dijo que éramos muy malas y que si volvíamos a inventar una mentira así nos íbamos a ir al infierno. Yo le enseñé mi ropita que estaba toda llena de sangre, pero no me creyó.
 
La situación continuó
Días después volvió a hacer eso, pero ahora a mi hermana. Ella se resistió y lo mordió, él la golpeó muy feo y a mí me dijo que me saliera a cuidar que no viniera nadie.

Yo creí que la iba a matar; le hizo lo mismo que a mí. Le volvimos a decir a mi mamá y otra vez no nos creyó. Entonces supimos que estábamos solas.

Mi mamá sí sabía lo que nos hacía porque luego empezó a hacerlo en las noches. Él hacía ruidos muy feos y a mi mamá yo la llegué a ver que se sentaba en la cama y lloraba, pero no le decía nada.
En las mañanas mi mamá nos decía que no fuéramos a decirle a mis abuelitos ni a nadie porque nadie no nos iban a creer; ya no aguantábamos mas eso.

Cuando nació mi hermanito teníamos miedo de que le fuera a hacer algo porque nos ponía a hacerle cosas muy asquerosas y nos decía que si abríamos la bocota iba a matar a mi hermanito. Cuando llegaba borracho, nos pegaba y en la noche se acostaba en medio de las dos. Olía muy feo y nos decía que nos aguantáramos.

Yo quiero que lo metan a la cárcel y que no lo dejen salir nunca de ahí, lo odio mucho y a mi mamá también porque no nos defendió
 
Sentencia
El abuso sexual es otra forma de abuso de poder, la peor de todas, especialmente cuando se manifiesta sobre niños y adolescentes. Es un abuso de poder que marcará su vida para siempre, especialmente cuando el abuso se convierte en violación.

A este sujeto lo sentenciaron a 18 años de prisión. Nunca aceptó su delito y llorando decía que él no les había hecho nada, que las niñas eran malas y que él las veía como a sus propias hijas, como si llevaran su propia sangre.

A la mujer sus padres la desconocieron y le quitaron a sus hijos. Ella siempre negó saber los terribles abusos por los que atravesaron sus pequeñas.
 
 
Ivonne Nava García.
azul.iv@hotmail.com

 
 




Comentarios
No existen comentarios aún
Accesa o regístrate para poder comentar

Lo más leído
Mueren tres personas en volcadura en Sombrerete 
Gwyneth Paltrow recomienda huevos vaginales de jade 
Hallan 7 cadáveres dentro de un taxi en Manzanillo  
Concluyen las primeras obras del programa de rehabilitación de calles 
Tim Matheson en ¿Quién mató a Reagan?
Una segunda oportunidad para tu basura
​Celebra Evo Morales 11 años de presidente: Busca la reelección 
Gael García, fiel a sus ideales
Localizan en Luis Moya el cuerpo de un hombre con el tiro de gracia 
Desaparece el helicóptero de empresario regiomontano
Aplicaciones


Servicios
$ Dolar
Compra 21.52
Venta 22.02
€uro
Compra 23.07
Venta 23.57

Multimedia



©Todos los derechos reservados
GRUPO EDITORIAL ZACATECAS, S.A. DE C.V.- De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la Publicación,
retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos de este portal.




Aviso de privacidad