Saturday 25 de February de 2017

Mitificación de lo mediático

J. Luis Medina Lizalde      3 Oct 2016 08:34:45

A- A A+

Compartir:
Bien haría el gobierno de Alejandro Tello en aprender de Juan Gabriel, compositor y cantante que al fallecer dejó testimonio de una popularidad inalcanzable para la inmensa mayoría de las estrellas del espectáculo, al grado de que solo la idolatría que acompañó a la tumba a Pedro Infante puede comparársele. 

Para citar un ejemplo que nos es más cercano, la muerte de Antonio Aguilar provocó manifestaciones de duelo en Zacatecas e inspiró notas y sentidos comentarios en la industria del espectáculo, pero jamás se produjo la conmoción popular que muchos registraron con sorpresa. El viejo Emilio Azcárraga jamás imaginó que el veto de Televisa a Juan Gabriel haría quedar en ridículo su mitificado poder mediático a la hora de dictar preferencias colectivas.

Viene al caso esta referencia para enfatizar lo perdida que anda la clase gobernante cuando no se interesa por entender para qué sirven y para qué no sirven los medios de comunicación.

El gusto por dejar constancia sonora y visual de la existencia de nuestros protagonistas de la vida pública, va a la par de la irrupción de la tecnología que lo hace posible. Thomas Alva Edison algo sabía cuando halagó al viejo dictador Porfirio Díaz, registrando su voz para que fuera la primera pieza fonográfica de la historia de México. Salvador Toscano dejó para la posteridad la joya cinematográfica Memorias de un Mexicano, donde recupera sucesos y personajes de perdurable memoria, tal como con la fotografía lo hiciera Casasola y su invaluable colección de estampas de México y de mexicanos. Pero fue Francisco Villa el legendario jefe de la División del Norte, el que dio el paso más audaz imaginable cuando firmó un contrato con una compañía cinematográfica gringa para permitirles filmar sus espectaculares cargas de caballería y ordenaba iniciar batallas y fusilar prisioneros conforme a los requerimientos de luminosidad de los técnicos responsables de llevar a las salas cinematográficas de su país el abundante material de entretenimiento.  

La mentira más cara del sexenio
Hay una diferencia entre los rústicos mexicanos de los albores del siglo veinte y los políticos actuales, en la relación de ambos con las tecnologías audiovisuales y gráficas. Los primeros eran, en todo caso, vanidosos conscientes, los segundos se subordinan a la lógica mediática. Francisco Villa obtenía dinero del contrato con el cine sin pretender ganar batallas en las películas sino en la vida real. Los políticos mediáticos todo apuestan a la “percepción” que los medios puedan generar, al grado de someterse a una lógica ajena a los hechos y al sentido común. Veamos el caso de la inseguridad desbordada como ejemplo:

Los secuestros, los homicidios y las desapariciones forzadas siguen enlutando hogares. En estos momentos la comunidad universitaria se conmueve porque al hogar de Javier Eduardo Díaz González, joven de veintidós años, irrumpieron cuatro sujetos armados y se lo llevaron con rumbo desconocido desde el pasado martes y nada se sabe del apreciado estudiante del séptimo semestre de la escuela de Economía de la UAZ. Apenas el viernes una conocida dama fue privada de su libertad en plena Avenida México, sin que se sepa si culminó la negociación de su rescate al momento de redactar estas líneas. Hace pocas semanas fue encontrado el cuerpo de otro estudiante de Derecho ejecutado por los rumbos de Veta Grande, aún no nos reponemos del asesinato del estudiante de la Maestría en Historia ni de aquellos que, sin identidad y con angustiante frecuencia, aparecen desmembrados, encobijados o calcinados en diversas partes del territorio.
¿Sirvió de algo tanta saliva y dinero gastado en hacernos creer la mentira de la tranquilidad recuperada?


¿La mentira continúa?
La delincuencia organizada no ha tenido reveses en Zacatecas. Originados en la acción de la autoridad, las bandas delincuenciales se persiguen entre sí, se matan y se expulsan del territorio mientras que la autoridad se mantiene expectante sin entender que el vacío que deja un delincuente muerto lo llena un delincuente vivo, no la autoridad. Es contraproducente la pasividad autocomplaciente que muestran las declaraciones oficiales del “ajuste de cuentas” como excusa automática.

La criminalización de las víctimas es otro modo de salir del paso. La urgencia de declarar revela falta de oficio de quienes no saben explicar que la investigación de delitos reclama sigilo razonable, que además la ley previene. El reportero está en su papel al preguntar, el entrevistado debe estar en el suyo al responder o al no hacerlo.

El gobierno que inicia está obligado a cambiar la realidad y así cambiar la percepción, no al revés.
No se trata de gobernar sin los medios, sino de saber qué hacer con ellos.

Nos encontramos el jueves en El Recreo.




Comentarios
No existen comentarios aún
Accesa o regístrate para poder comentar

Lo más leído
Kuczynski, el primer presidente latinoamericano que visita a Trump
EU planea adjudicar contratos para muro en abril
Aplicaciones


Servicios
$ Dolar
Compra 19.90
Venta 20.4
€uro
Compra 21.03
Venta 21.53

Multimedia



©Todos los derechos reservados
GRUPO EDITORIAL ZACATECAS, S.A. DE C.V.- De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la Publicación,
retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos de este portal.




Aviso de privacidad