Tuesday 28 de February de 2017

Mi delito… trabajar en la calle

Ivonne Nava García      24 Sep 2016 20:02:08

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Las personas que trabajan en el comercio sexual se exponen sustancialmente. Su vida y salud penden de un hilo, cada cliente que contrata sus servicios puede ser quien las prive de la vida.
En esta historia dos mujeres sexoservidoras son agredidas de manera brutal; una perdió la vida y la otra sufrió graves lesiones, sobre todo emocionales, que cambiaron completamente su vida.
 
Ellas.
Tengo 54 años, desde hace 26 años, me dedico a la prostitución. Desde hace 6 años me encuentro en esta ciudad desempeñándome como sexoservidora. Antes vivía y trabajaba en Guadalajara, pero allá hay mucha competencia, llegan muchas muchachas de todos lados, extranjeras y nacionales. Como había muchas pues se tiene que cobrar barato, para que salga. Por eso decidí irme a otra ciudad que no fuera tan cara.

El 10 de junio, a las 8:30 de la noche, estaba afuera de un bar cuando me habló un cliente conocido, ya señor, casi no me gustaba tratar con chamacos, solo tenía un cliente chavo que me contrataba para fiestas.

Me preguntó si estaba ocupada y le dije que no, que lo esperaba en la esquina; de ahí fui con él al hotel. Luego me regresó al mismo lugar afuera del bar, había pasado como hora y media.

Ahí me encontré a Luna, así se ponía de nombre, venía sacada de onda porque se había enojado con su marido porque el dinero que ella se había ganado la noche anterior se lo había gastado comprando piedra. Luna era adicta a la cocaína en piedra. Nos pasamos a una barrita a sentarnos, pero afuera en la calle. Yo ya me quería ir, porque se me hacía que estaba muy solo.
 
Clientes
En eso se acercó una camioneta blanca en la que venían dos sujetos. Sin bajarse, el conductor se dirigió a Luna y le dijo “flaca ven”. Luna me dijo “ve tú”.

Me preguntó que cuánto cobraba y yo le dije que 400 cada una; el copiloto dijo “háblale a tu amiga y vámonos”. Le pregunté que a dónde nos iban a llevar y el conductor dijo que tenía una casa a la salida a San Luis. Luna dijo “vamos güey”.

Luego de un rato llegamos a una gasolinera y me bajé a orinar, pero estaba cerrado el baño. Yo presentía algo, ya no quería regresar a la camioneta.

Salimos de ahí y más adelante le dije que se detuviera, le dio para una brecha que es un terreno y ahí me bajé a orinar. Luego me salió que no traía dinero, había dicho que el copiloto, que se veía menor, iba a invitar, pero luego se arregló con Luna.

Le reclamé que nomás nos estaban haciendo perder el tiempo. Me dijo “vente para acá güerita, vamos a dejarlos solos”. Él y yo nos fuimos para atrás de la camioneta para dejar a Luna en la camioneta con el otro chavo.
 
Graves agresiones
En eso me habló Lun y me dijo “güera, me está ahorcando”, fui a ver y lo jalé del pelo, le dije que no fuera mamón, que por qué hacía eso; Luna traía el pescuezo rojo y me seguía diciendo que la estaba ahorcando. Cuando se lo quité de encima el otro me dijo que era una perrita hija de mi puta madre.

Entonces me jaloneó, creo que de los pelos y me pegó con el puño cerrado, corrí y me metió el pie. Me caí, me agarró del pelo y me levantó, me agarró del cuello y me lo quería torcer. Luego me torturó muy feo. Lo tenía encima de mí, me tenía agarrada de las manos y él estaba sentado con las piernas abiertas arriba de mí. Me zafé una mano, pero con él encima no le podía hacer nada.

Me dijo que odiaba a las putas porque una puta lo había capado, que por eso me iba a matar. Yo le decía que n o lo hiciera, que iba a arruinarse la vida. Le dije “mijo, yo no te hice nada. No porque ella te haya echo eso te desquites conmigo, yo no te hice nada. Mira, hazlo por tu madre”.

Él me dijo que me callara y que me iba a matar. Traía una macana chiquita y sacó una navaja; me desprendió la oreja y me dijo que yo no le iba a decir qué hacer. Con la macana me quería violar o no sé qué me quería hacer.

Agarró una piedra con su mano y me dijo que con ella me iba a matar, yo grité pidiendo auxilio y me dijo que me iba a dar hasta tres tres para que me callara, luego dejó la piedra a un lado y con una de sus manos me presionó el cuello mientras con la otra me tapó la boca y la nariz, hasta que perdí el conocimiento.

Cuando desperté estaba sin ropa y con la cabeza bañada de sangre. Pienso que tal vez me golpeó la cabeza con la piedra que estaba agarrando. Me levanté gritándole a Luna pero no me podía mantener en pie. Viera que dolor, yo gritaba auxilio, pero ya no supe de tanto dolor. Me desmayé y me violó. Me pegaba con una piedra en la cabeza y me tapaba la nariz; perdí el conocimiento.
 

Se fueron
Ya se habían ido cuando desperté. Luego de un rato vi una luz, era una camioneta, la paré y le dije lo que había pasado, pero no me quiso ayudar. Después pasó otra camioneta azul; me ayudaron.

La muchacha que iba en ella me prestó su suéter, porque estaba sin ropa, entonces le hablaron a la policía y llegaron después de un rato. Se pusieron a buscar y encontraron mi pantalón, me preguntaron si yo traía celular, me marcaron y por allá a lo lejos se escuchó que sonó.

Le dije a la policía que los hombres estos cuando llegaron a subirnos los noté como paniqueados, no andaban borrachos, más bien estaban drogados y ya traían sus pienses de no pagarnos y hacernos daño.
 
No sobrevivió
A mi amiga Luna se la llevaron, no sabía qué había pasado con ella, solo que la habían ahorcado; la fueron a tirar en una carretera. No se dieron cuenta, pero hubo un testigo que los vio.

Cuando llegó la ambulancia por mí me llevaron al hospital para que allá me atendieran, de ahí me llevaron a poner la denuncia. Ya todas las muchachas del bar sabían que Luna había desaparecido. Luna tenía dos hijos a quienes cuidaba su mamá, ella le daba el dinero que sacaba a su esposo y aun así él no hizo por buscarla.

Al día siguiente de que el testigo fue a avisar, dijo que de primero pensó que andaban tirando basura, pero se le hizo raro y mejor fue a ver al día siguiente y fue cuando encontró a Luna; le habían dejado caer varias veces una piedra en la cabeza, para asegurarse, hasta que la mataron.

Nunca los habíamos visto, no sé quiénes son. Teníamos miedo de que fuera gente de la delincuencia. Hasta me cambié de casa. Con lo que dijo el testigo y el video de las cámaras pudieron dar con ellos. Pensaban que era por lo de la adicción de Luna, pero resultó que estos chavos eran hijos de familia.

Mi vida nunca volvió a ser igual, yo trabajaba en eso porque no tenía opción, tenía que sacar a mis hijos adelante porque tuve 8 hijos. Ahí sacaba más o menos para mantenerlos. Ahora trabajo a veces en casas, lavo o plancho, pero me dan 150 por día.

Ya no he podido volver a lo de antes, me da mucho miedo solamente imaginarme subirme a un carro con un viejo, pero en dónde más pagan 400 por hora. Además, ahora me tienen con un tratamiento para la cabeza, porque quedé muy mal.
 
Triste y peligrosa actividad

La prostitución, es una actividad a la que se ven forzadas mujeres, varones e incluso niños y niñas debido a diversos factores. La situación general de este sector de la población urbana reviste tintes dramáticos por las peculiares condiciones en que se desarrolla.

Drogas, toda clase de abusos, vulnerabilidad de la vida, fuerte estigmatización social, enfermedades, y la violación de los derechos humanos por autoridades, dueños de locales y clientes, son un hecho frecuentemente ocultado, ya que la sociedad denigra y discrimina esta actividad, olvidando que son personas las que lo ejercen y que su opción responde no solo a una situación desesperada, sino a una situación en donde son obligados.

Es importante tomar en cuenta que para abordar esta temática no se habla de un mundo fácil de goce y placer, que es la figura que socialmente se tiene de la prostitución (sobre todo el de la prostitución femenina).

No, se habla de un mundo cruel, donde la violencia y la total falta de consideración por la condición humana de una persona agudizan un estado general de abandono y postración en la vida de estas personas, que deben correr un sinnúmero de riesgos para subsistir, soportando vejaciones y humillaciones de una sociedad que las segrega y estigmatiza, asociándolas generalmente con el crimen y la vida disipada e irresponsable.

Además, puede observarse de modo particular en el caso de las mujeres, que éstas desarrollan en la mayoría de los casos una doble existencia, donde modifican su identidad, pues operan socialmente con otro nombre y otros datos, practican permanentemente simulacros de amor y antepone barreras sensoriales y afectivas a sus deseos, dado lo furtivo y banal que terminan siendo sus encuentros sexuales.

En definitiva, queda claro que contrariamente a lo que se cree, ellas no solo exponen su cuerpo sino su esencia misma como seres humanos.
 
Ivonne Nava García




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