Tuesday 28 de February de 2017

Mi delito... ser un hombre tranquilo 

Ivonne Nava García      19 Nov 2016 23:34:38

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En la época actual, la tasa de divorcios ha aumentado tanto que es muy normal que una pareja termine su relación al poco tiempo de haberse casado. 

Los motivos para solicitar el divorcio pueden ser cualquiera, hasta el simple hecho de que alguno de los dos ya no quiera seguir. La infidelidad es una de las causas que conducen más frecuentemente al divorcio y es probablemente lo más dañino que pueda aparecer en un matrimonio.

En ese momento, en lo único que se puede pensar es en la forma en que afecta sus sentimientos y la relación. En una situación normal se pueden experimentar una amplia gama de emociones que hagan creer a la persona afectada que está perdiendo la cordura debido al profundo impacto negativo en términos emocionales.

Caos
El matrimonio de nosotros iba bien. Eso era lo que yo creía. Un día estaba en mi oficina y se presentó una mujer, me confesó que era la esposa del hombre con el que andaba mi esposa; me lo aseguraba, incluso me dijo que ella había ido a enfrentar a mi esposa a su lugar de trabajo. Y que las compañeras de trabajo de su marido le contaban que mi esposa y él tenían una relación, ya que eran compañeros de trabajo. Yo le propuse que mejor contratáramos a un investigador privado y así ambos saldríamos de dudas; incluso, le dije que yo lo pagaría. 

Se contrató al investigador. Pocos días después llegó él con una grabación de una llamada que mi esposa hizo a una amiga en la cuál era evidente que mantenía una relación con un compañero de trabajo. Yo nunca noté ningún cambio en ella; hasta que sucedió esto, empecé a hilar situaciones y comencé a encontrarles explicación, como al hecho de que mi esposa llegaba constantemente tarde del trabajo, argumentando que antes llegaba temprano porque se salía antes pero que le habían mandado un memorándum para salir más tarde.

Decepción y tristeza
En ese momento me sentía desesperado. Cuando escuché la grabación supe de que era algo que yo no podía perdonar. Le llamé al trabajo, le adelanté que necesitaba hablar con ella urgententemente. Cuando llegó a la casa le dije lo que lo sabía; ella aceptó lo que había hecho. El investigador también me llevó fotografías de los dos besándose y cómo ella se iba en su carro y llegaban a un motel. Ella lo aceptó todo aparentemente por la buena. Se fue, dejó a la niña y dijo que sería una mala influencia para ella. Yo ya le tenía un convenio de divorcio que ella aceptó; pero tiempo después ya no estuvo de acuerdo. Empezaron a complicarse las cosas.

Fue un año muy difícil, primero por sentirme traicionado; luego, por ver cómo se daban las cosas. Sentía mucho coraje, tenía sentimientos negativos, quería dejarlo todo de lado. Un abogado me aconsejó que lo mejor era quitarle a mi hija, pues ella no me dejaba verla. 

Cuando se fue de la casa en donde vivíamos aparentemente ella estaba muy avergonzada de lo que había hecho. Pero al poco tiempo empezaron los verdaderos problemas. 

Un día llegó con la policía a la casa de mis papás. Fue muy traumático para todos: forzaron la puerta, se metieron con una orden judicial para llevarse a mi hija y detenerme a mí. A mi hija se la arrancaron de los brazos a mi mamá. Su llanto nunca se me va a olvidar. A mi mamá le dio diabetes de ese susto y a mi papá le sobrevino la presión alta.  Yo salí al pagar una fianza. 

Tenía a la niña en su poder, me la escondía, le hablaba mal de mí y de mi familia; incluso le llegó a decir que yo no era su papá, que ahora su papá sería el otro. Pero ese tipo le dijo a mi hija que no era su papá y que no le dijera así. 

La contracara
Yo estaba muy enamorada de mi esposo. Para mí era un hombre muy respetuoso: si decía que llegaba a cierta hora siempre cumplía, si decía “vamos a comer”, así era. Decidimos casarnos y las cosas fueron cambiando poco a poco. Yo veía que cualquier decisión que él tomaba invariablemente la consultaba con sus padres. Lo notaba ausente, me sentía rechazada por él porque muchas veces me desvaloraba: si le preguntaba cómo lucía me decía que mal; me sentía fea, gorda y, sobre todo, muy chaparrita: mido un metro con cincuenta y el mide un metro noventa, es mucha la diferencia. En ocasiones si le pedía un beso, me rechazaba; si me lo llegaba a dar, era de mala manera. Me sentía mal y me dolía su actitud, siempre creí que era porque me veía fea. Una vez escuché a su mamá decirle que no se debió casar conmigo porque estaba deforme. 

Cuando nació la niña las cosas estuvieron peor: ya no me hacía caso para nada, no teníamos intimidad porque él me rechazaba. No entendía qué sucedía, llegué a pensar que él tenía otra mujer, pero no puedo asegurarlo porque nunca lo vi.

Poco después de que la niña nació, entré a trabajar; mi suegra la cuidaba por decisión de él. Las cosas entre nosotros cada vez estaban más distantes. Un día al regresar del trabajo simplemente me dijo que me fuera, que ya no quería vivir conmigo pero con la niña sí. Me pdidió que por la buena le dejara a la niña, que su mamá la cuidaría y que él iba a estar ahí, pero que con la que ya no quería vivir era conmigo. Fue devastador: yo no comprendía lo que estaba sucediendo, él me dijo que haría lo que fuera necesario para quedarse con nuestra hija y como yo acababa de llegar de trabajar, la niña estaba con su mamá, así que ya no me dejó verla. Habló con mi papá y me desprestigió, dijo que era una adúltera. Llevó un convenio para que se firmara el divorcio voluntario, me condicionaba el ver a mi hija. Fueron momentos muy difíciles, yo estaba desesperada por que no podía ver a mi hija. Llegó a haber agresiones físicas, me seguían, me tomaban fotografías, para comprobar que yo era adúltera. Nada de eso fue verdad. Llegó a agredir a mi padre; nos peleábamos muy feo, con insultos.

Denuncia
Cuando se puso la denuncia por sustracción de menores, iba la policía a buscarlo y escondían a mi hija. 

La niña duró mucho tiempo con miedo, no la dejaban ni acercarse a las ventanas. Un día la policía forzó las puertas de la casa para entrar por mi hija. Fue horrible. Sus gritos de miedo y su llanto nunca me lo perdonaré. Yo había solicitado eso, que se la quitaran y a él lo metieran a la cárcel. 

Me gustaría que esto hubiera sido de una manera más sensata, por el bien de la niña. Aunque él no me haya querido y aunque todo se haya acabado. Siempre seremos padres de la misma niña y sería bueno que ella pueda ver a su padre y que él la apoye en todo, como debe ser. Él no le da pensión alimenticia; yo no gano mucho, pero mis papás nos apoyan en lo que hace falta.

¿Superar la infidelidad o perdonar?
Superar un divorcio por infidelidad es algo que mujeres y hombres temen por igual. Perdonar y superar la infidelidad o tomar la decisión de divorciarse depende en gran medida de lo fuerte que sea la unión matrimonial y el tipo de infidelidad a la que se haya dado lugar.

Lo cierto es que, sea qué se decida superar un divorcio o perdonar, la infidelidad no es una forma efectiva para encontrar una nueva pareja o una nueva vida; tampoco es un tratamiento efectivo para la depresión, el aburrimiento, arreglar un matrimonio imperfecto, y no funciona mejor para las mujeres de lo que lo hace para los hombres.

En últimas, la infidelidad solo será disfrutada por aquellas personas que la observan y no por las que la viven.




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