Monday 20 de February de 2017

Mi delito...ser ambiciosa

Ivonne Nava García      2 Oct 2016 11:36:42

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No siempre son de la delincuencia organizada quienes secuestran y cometen delitos graves. Hay ocasiones en las que algunas circunstancias se conjugan en algún momento de la vida de las personas y la desesperación, frustración y coraje hacen mella en los valores, llevándolos a hacer daño a los demás sin pensar en las serias consecuencias de sus actos.  

En esta historia, la ambición de una ama de casa y madre de familia la lleva a iniciar una serie de secuestros, destruyendo a su familia, involucrando a sus hijos y condenándolos a pasar muchos años privados de su libertad.

La señora
Tengo 49 años y soy mamá de 4 hijos. Me casé a los 20 años y mi marido nos abandonó tiempo después; seguimos casados, pero nunca se ha hecho cargo de sus hijos. Lo único que supe de él es que se fue a Estados Unidos a trabajar, pero ya no volvió. 

Me la he pasado trabajando desde el día que me casé y yo he sacado sola adelante a mis hijos. Como pude me hice de una casita. 

Sin embargo, unos familiares de mi esposo me hicieron un fraude y de ahí todo se vino para abajo. Nos dejaron literalmente en la calle, no teníamos ni ropa que ponernos. Hice todo lo que pude para recuperar lo que era mío, pero no pude. 

Así comenzó
ETodo empezó cuando el papá de mis hijos se fue a Estados Unidos, hace 20 años  cuando mis hijos estaban muy chiquitos, pero antes de irse me hizo un fraude, yo tenía una casa a mi nombre en el rancho que yo misma fui construyendo y él cambio la casa a su nombre con un notario corrupto. Después de eso no sé cómo, pero se la vendió a su concuño.

Yo me desesperé, me frustré, no sabía que hacer pues me quitaron todo mi patrimonio, lo único que tenía. Me costó mucho hacerla para que me la quitaran así nomás, pues no es justo. 

Entonces empecé a pensar en recuperar la casa a como diera lugar y comencé a idear un plan para vengarme del concuño de mi esposo. 

Antes de planear todo yo vendía ropa que traía de Guadalajara y con eso ganaba algo de dinero, pero seguía pensando en mi casa y en cómo recuperar mi dinero. En verdad intenté resolver todo de buena manera, yo nunca hubiera pensadoe n cometer un crimen.

Hablé con el concuño de mi esposo y le pedí de favor que me devolviera mi casa, también llamé a mi esposo para que me explicara qué pasaba, pero nunca lo encontré, siempre se me escondía. 

Como no encontré respuesta de nadie cometí mi primer delito, el secuestro de la hija del concuño de mi esposo. Así me vengué de él. 

Una amiga estuvo de acuerdo conmigo y me ayudó en todo, ella sabía que había dinero. Una vez que la secuestramos pedí de recompensa lo que valía mi casa, yo había llevado a un perito valuador y me dijo que valía 400 mil y tantos, sin embargo el concuño de mi esposo no nos pagó todo; él supo que fui yo porque el trato fue de frente, a pesar de eso nunca me denunció.  

Los siguientes
Después de eso surgió un problema con un señor de Loreto que me debía dinero, entonces lo secuestramos y recibimos la recompensa. 

El último secuestro fue en contra de una prima de mi amiga, en ese participaron mi amiga, otro chavo y mi hijo, yo solo presté mi casa de Guadalajara para que las llevaran ahí porque yo no quería seguir en es, me quería zafar, pero no podía porque estaba amenazada por mi amiga. 

Yo sabía lo que estaba pasando y quería que todo terminara; sospechaba que mi amiga nos entregaría así que decidí ir a la casa para liberarlas, pero, mi hijo no me lo permitió. 

En ese momento solo estábamos mi hijo, el otro chavo y yo. Estoy segura que ella ya nos había delatado, por eso ella no estaba ahí cuando llegó la policía.

La amiga
Yo sí conozco a esta mujer; nos hicimos amigas porque me vendía ropa y de ahí nos fuimos teniendo confianza. Solo éramos amigas, yo no notaba nada raro ni sospechoso en ella. 

Los problemas empezaron porque una vez yo le presté mi camioneta y ella no me la regresaba, entonces yo le hablé para decirle que me la regresara. 

Ella me dijo que me fuera para Jalisco en un camión y sus hijos fueron por mí a la central, me llevaron a la casa y luego me dijeron que fuéramos a pasear y a cenar. 

Por eso es que yo sabía llegar a esa casa, no me sé la dirección, pero sí sabía llegar. Yo supe de ese secuestro porque esta mujer, su hija, su hijo y el otro chavo, me dijeron que los ayudara; ellos ya los tenían allá en la casa. 

Me hablaron para que yo los ayudara a negociar el rescate, por eso es que yo conseguí el número de esa persona. También me dijeron que yo lo convenciera para que él hiciera las negociaciones y fuéramos por el dinero. Yo siempre tuve la intención de liberar a esas personas.

Nada que ver
Yo no tuve nada que ver, por eso es que yo les hablé a los familiares y los cité en mi negocio. 
Sí hubo una petición de dinero de mi parte a la familia de esa muchacha, pero yo lo hacía nada más como una recompensa por la información de su paradero. 

Yo no sé cómo las levantaron. A mí me habló esta mujer para darme los datos de estas personas y para decirme que le levantara el dinero del rescate, yo no le contesté ni sí ni no, por eso yo creo que pensaron que sí le entraría. Ni mi esposo le entró porque no le dije nada. 

Cuando hablé con ellos para darles información me llevaron a declarar, entonces entendí que ellos se arreglarían con la policía. Pero solo les hablé para decirles que yo sabía en dónde las tenían, tenía la intención de ayudarles.  

Yo no quería participar
Yo fui a declarar de manera voluntaria, nadie me obligó y lo hice porque yo no quería participar. 
Yo quería que las liberaran, por eso quise ayudar a que fueran rescatadas. Yo no tengo la necesidad de privar de su libertad a nadie y menos con un fin lucrativo yo siempre me he dedicado al comercio. 

A unas de las víctimas yo sí las conocía por mi actividad de comerciante. Quien hacía las negociaciones era el hijo de esta mujer, el otro era el que ayudaba a levantarlas y la hija las cuidaba. Eso era lo que yo sabía. 

Me di cuenta de que pedían un millón de dólares por esa muchacha. Se veían desesperados porque la familia no soltaba el dinero y por eso querían que yo ayudara. 

La detención
Estábamos en la casa esperando a ver qué pasaba con la recompensa. En ese momento llegó mi hija, que vivía en su casa aparte. 

Llegó porque ella sospechaba lo que estaba pasando. Yo lo que hice siempre fue a alejarla de mí para que no le pasara nada ni se metiera en esto. 

Cuando llegó le dije que se fuera, que no la quería ahí; no me hizo caso, subió a su cuarto y en menos de 5 minutos nos rodearon toda la casa. 

Yo creo que estaban esperando a que llegara mi hija para también involucrarla y detenerla. Mi amiga nos había entregado a las autoridades. 

Fue un mal momento en el que llegó mi hija, la pobre no tiene nada que ver en esto.

Culpa y arrepentimiento
Uno es ignorante y yo me dejé llevar por el odio. Se me hizo fácil porque con el primero no pasó nada. 
Yo me eché la culpa de todo para que dejaran a mis hijos, mi hija no tuvo nada que ver. Me dio mucha vergüenza con mis otras hijas. 

La desesperación lo lleva a uno a pensar y actuar mal. Me arrepiento porque les arruiné la vida a mis hijos. Yo no soy una mala mujer. Siempre tratamos bien a todos. 

Yo ya estoy vieja, mi hijo lo hizo por ayudarme a mí. Él no quería, siempre me decía que terminaríamos en la cárcel y mi hija menos, porque ella había estudiado y tenía su negocito que con muchos sacrificios había levantado.

Consecuencias
Cuando una persona comete un delito realmente no está consciente de las consecuencias penales hacia su persona, no es hasta que le dictan una sentencia condenatoria y que le dicen cuánto será el tiempo que pasará presa, que comienza a reflexionar sobre sus acciones y sobre todo la gravedad de haberlas ejecutado. 

El delito de secuestro lleva a quienes lo cometen a pasar la mayor parte -o toda su vida, dependiendo de las agravantes- en prisión.




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