Monday 16 de January de 2017

Mi delito... pretender una mente abierta 

Ivonne Nava García      18 Dec 2016 10:23:15

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Las relaciones de pareja en general resultan muy complejas. Complejo más aún, es hablar de la vida sexual de las parejas: ¿qué es normal?, ¿qué es natural?.. Tema tabú y, aunque parezca inverosímil en pleno siglo 21, “prohibido” para muchos. 

Esta historia parte de eso precisamente: una pareja destruyó su relación de matrimonio, al considerar que por estar de acuerdo ambos, la innovación en sus relaciones íntimas traería emoción y “más unión” a su matrimonio.

Desgraciadamente esto no resultó así y terminaron no solo dañándose a sí mismos, sino que hicieron daño a sus menores hijos, con un divorcio desgastante, denuncias penales por violación y violencia familiar. 
La historia

Todo esto llegó demasiado lejos. Muchas cosas no hubieran sucedido, pero nos ganaron muchas cosas. Yo creo que fue la aburrición. Teníamos ya como 14 años de casados, más los seis que duramos de novios estamos hablando de 20 años con la misma pareja. Aunque no me lo crea siempre fui fiel. Cuando uno tiene tanto tiempo con la misma pareja y más aún cuando esa pareja tiene ideas “conservadoras” y profesa una falsa actitud pudorosa, llega a fastidiar, a hastiar. 

En varias ocasiones pensé en tener otras mujeres. Sí coqueteaba con las compañeras del trabajo, sí salía con mis amigos, buscaba ligues en los antros… pero nunca fui infiel de llevármelas a la cama. 

Un día ella me descubrió unos mensajes en el celular, eran de una compañera del trabajo. Eran comprometedores. Esperé una reacción terrible. Me sorprendió mucho la respuesta. Se sentó: “Yo también estoy aburrida; creo que necesitamos algo que le inyecte emoción a nuestra relación”. Me quedé atónito: “¿A qué te refieres?”. Ella me dijo que estuvo a punto de engañarme con otro hombre y que no lo hizo por nuestros hijos, pero que si yo también estaba pensando en eso podríamos ir a terapia de pareja.

Fuimos a Aguascalientes porque aquí nos daba vergüenza. Yo no sé qué clase de psicólogo será ni qué tipo de terapia dará, el detalle es que nos recomendó que hiciéramos intercambio de pareja. Yo pensé que a mi ex le iba a dar casi el infarto. Cuando veníamos de regreso abordó el tema y me preguntó si me parecía buena idea. Y a mí claro que me parecía buena idea. Yo mejor no contesté nada y deje que ella fuera la que tomara la decisión, le hice saber que la complacería en lo que me pidiera.

Pasaron dos semanas y un día me dijo que había investigado y que sabía de un grupo de personas que hacían eso. Tenía el teléfono y me pidió que llamara para que me dijeran de qué se trataba.

No llamé ese día porque la verdad si me saqué de onda. Pasaron muchas cosas por mi cabeza. La desconocía: ella siempre fue muy pudorosa para eso. Llegué a pensar que me estaba tanteando. Como a los 15 días me preguntó si había llamado. Le dije que mejor llamara ella porque yo no me animaba. Llamó al día siguiente e hizo una cita. Ahí empezaron nuestros verdaderos problemas.

¿Infidelidad?
Yo creí que por ser un acuerdo entre los dos no era infidelidad. En esto se trataba de que dos parejas heterosexuales podían cambiar de parejas bajo acuerdo de los cuatro. El trato era no hablar de los problemas con la pareja real, ni enamorarse, ni llevar una relación de amistad. 

Entre nosotros acordamos no hablar de cómo fue. Cuando empezamos en eso yo tenía 38 años y ella dos menos que yo. Yo no sabía si solo sería esa vez o qué pasaría después. 

Cuando regresamos a la casa los dos sabíamos de dónde veníamos. La verdad me dio mucho coraje imaginarme que ella había estado con otro. Comencé a pensar si el otro era mejor que yo, si le habría gustado más que conmigo y, lo que me atormentaba más, pensar si ella se llegaría a enamorar de ese hombre. 

Se supone que en otras ocasiones debería ser con otras parejas. Y así fue, pero a esta pareja la vimos más veces.

Me obligó
Yo no quería hacer eso: él me obligó. Me preguntó si prefería que él me pusiera el cuerno con una, con otra y otra. Me estuvo diciendo que de esa forma yo también podría tener mis aventuras y que él no se enojaría. Yo le creí y me convenció. Desgraciadamente eso nos llevó a otras cosas que nunca debimos haber hecho porque nos denigramos como personas y yo más porque soy mujer.

Conocimos a una pareja y poco a poco fuimos haciendo de confianza. Sí vimos a maás parejas, pero en este caso yo me sentía a gusto con él; además, ella y yo nos hicimos amigas. Se supone que no deberíamos tener amistad que solo era para “eso”. Ella fue la que empezó a romper las reglas, una vez nos invitó a una carne asada a su casa. Y de ahí en adelante nos juntamos mucho. 

Mi esposo y yo dejamos de tener intimidad porque eso del cambio de parejas se hizo como un vicio. Los problemas más fuertes empezaron porque esta pareja nos reclamó que hubiéramos visto a otra. Me quedé helada. Ella era la más molesta. Salió a relucir que mi esposo y ella se habían visto aparte: ella lo iba a buscar a la oficina y se iban por ahí.

Traición sobre traición
Eso ya era infidelidad porque nos habían ocultado las cosas. El esposo de ella no lo tomó a mal, me dijo que no me enojara, que yo podía hacer lo mismo, que era divertido. Me di cuenta lo bajo que había caído.

Lo enfrenté en la casa y tuvimos un problema muy feo, nos echamos muchas cosas en cara; cosas muy feas y vulgares de todo lo que hacíamos con ellos. Me di cuenta de que ese hombre era un depravado, me había obligado a hacer muchas cosas. Mi esposo me dijo que yo era de lo peor, que nunca me creyó capaz de llegar tan bajo. Me golpeó y se fue de la casa.

Denuncia penal
Le llamé a mi comadre y le conté lo que había pasado. Ella me recomendó que lo demandara y nos fuimos a la procuraduría. 

Ahí me dijeron que podía demandar por violación y que lo demás era violencia familiar. Yo estaba muy mal. Y me valió en dónde toparía todo… más bien nunca pensé en las consecuencias y hasta donde llegaría. ¡Cómo me arrepiento!

Él no volvió a la casa. Solo iba los sábados por los niños. Me dijo que estaba tramitando el divorcio y que más me valía que se lo diera.

Yo fui a demandarle los alimentos para mis hijos. Fui muy tonta porque en esos mismos días se lo llevaron los de la ministerial. Lo agarraron cuando iba llegando a su casa con mis hijos. La orden de aprehensión era por violación y violencia familiar. Yo no sabía qué hacer. 

Mis hijos estaban muy asustados y cuando supieron que yo lo había metido a la cárcel me dijeron que me odiaban. 

Su familia se dio cuenta de todo porque el acudió a ellos para que lo ayudaran y yo había dicho en la denuncia todo, hasta con detalles de lo que hacíamos en el intercambio de parejas. Me quería morir de la vergüenza. 

Sola 
No se pudieron acreditar las denuncias; salió libre. Yo había tramitado el divorcio necesario y estaba peleando la custodia de mis hijos, ellos no querían estar conmigo. Se fueron a vivir con sus abuelitos paternos y no querían saber de mí. 

Me siento sucia, mala y sé que todos me juzgan. A él, lo ven como la víctima.

Arrepentido
Mis hijos no están ni con ella ni conmigo. Me siento muy mal por lo que pasó y más porque mis hijos se dieron cuenta de la clase de padres que tienen. Yo no debí estar en la cárcel porque nadie la violó: de  ella fue la idea y le advirtieron que era para gente de mente muy abierta y sin prejuicios. Tampoco es cierto que la golpee… eso ya no interesa. Cada quién tiene lo que merece: ella está sola y yo también.

Situaciones victimales de pareja 
En los asuntos en donde se ve involucrada una pareja, la mujer invariablemente trata de aparecer como la víctima principal; en muchos casos lo es; en muchos otros, no es así. 

El papel de la figura masculina por tradición debe ser fuerte, dura, protectora y proveedora pero, cuando se realiza un análisis victimal, en algunos casos resulta ser el hombre la víctima principal de las situaciones conflictivas y dolorosas y en otras simplemente deben asumir las consecuencias de sus actos. Que existan leyes, normas y valores no es gratis. Ser “modernos” no exige sobrepasar los límites.

Les mando a todos mis apreciados lectores mis mejores deseos de una Navidad llena de unión, paz y mucho amor y, para el próximo año; salud, prosperidad y bendiciones.




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