Sunday 26 de February de 2017

Mi delito...no querer ser mamá    

Ivonne Nava García      7 Jan 2017 20:32:06

A- A A+

Compartir:
(Imagen)
(Imagen)
Muchas adolescentes se muestran confundidas respecto de su vida sentimental y de pareja. Para algunas mantener relaciones sexuales sin protección y muchas veces sin amor, es algo muy normal y hasta cotidiano. 

 Otras con el afán de experimentar y sentirse aceptadas en los grupos llevan a cabo actividades muy arriesgadas que las involucran en enfermedades, situaciones delictivas y/o embarazos no deseados a edades muy tempranas. 

En esta historia, una joven queda embarazada a la edad de 15 años, su inmadurez no la ayuda para sobrellevar la nueva responsabilidad y continúa su vida de excesos. Finalmente termina presa, sentenciada por el homicidio de uno de sus hijos.

Su historia 
Estaba en una fiesta de mi escuela, estaba en tercero de la secundaria. Llevaron mucho vino y nos pusimos a tomar y a bailar. A uno de los compañeros le prestaron una casa y ahí fue la fiesta. Yo me acuerdo que andaba bailando con un muchacho que me gustaba. Pero dicen mis amigas que otro muchacho más grande me llevó a una de las recámaras. 

Yo no sé qué pasó, porque no me acuerdo de nada. Desperté en mi casa, me dijeron mis amigas que la mamá de una de ellas me recogió de la calle y me llevó. Quedé embarazada y nunca supe quién fue el papá.

Mis papás sufrieron mucho, unas amistades les decían que pusiera una denuncia por violación, pero como yo no sabía ni quienes habían estado en la fiesta, fue muy difícil.

Cuando tenía 17 años yo era alcohólica, mis papás no se daban cuenta o si se enteraban hacían como que nada pasaba. Me volví a embarazar en otra borrachera. Esta vez sí supe quién era el padre de mi hijo, pero como era de esperarse no tuvo las agallas de reconocerlo. Nació mi hijo y con él un mundo de problemas.

Vivía la desolación total, lloraba todos los días, nada me hacía feliz. Mi primer hijo a mí no me decía mamá. Mi mamá lo había criado porque yo estaba muy chica y no tenía ni idea de qué hacer con un hijo. 

Mi primer hijo se me acercaba para ver a su hermanito, pero a mí me molestaba mucho porque me lo despertaba y yo no estaba de ánimos de andar batallando con el bebé. Lloraba todo el día, se callaba a ratitos, pero su llanto me calaba en los oídos. Yo creo que sentía que no lo quería y por eso lloraba. Me daba mucho asco cuando se hacía en el pañal, y lo regañaba y le gritaba que era un atascado y el bebé más lloraba y yo más le gritaba. 

No me podía salir ni un momento porque mis papás ya me habían sentenciado de que me tenía que hacer cargo de mi bebé y pues no tenía en donde dejarlo.
A mi hijo el más grande, mi mamá lo había inscrito en la guardería porque los 2 trabajaban todo el día. Así que yo me tenía que quedar con él bebé.

Se fue de fiesta 
Un día que estaba dormido, se me ocurrió salirme un ratillo para ir con mis amigos de la escuela, quería ir a buscarlos para que me invitaran la borrachera. Era viernes y seguro habría fiesta, sí le atiné. Se me fue de volada el tiempo y cuando acordé ya eran las 7 de la noche. Reaccioné porque ya se estaba oscureciendo y ya mero iban a llegar mis papás.      

Me fui a mi casa, pero ya andaba muy borracha. Llegué como pude. Yo ni me acordaba del bebé. Cuando llegué lo encontré morado y bien ronquillo llora y llora. Estaba empapado de orines, lo empecé a cambiar para que mis papás no se dieran cuenta. Le trataba de dar de comer, pero no dejaba de llorar. Me acuerdo que lo zangoloteé para que se callara y no se callaba. Chillaba bien feo y bien fuerte. Le pegué en la cara y en donde cayera. En eso llegaron mis papás pero no me vieron. Mi mamá atendió al bebé y me olieron que andaba bien “peda”. Mi papá también me golpeó.

Desesperación y frustración  
Yo seguía sin hallarle sentido a nada. A mi hijo más grande ni lo pelaba. Para mí no era mi hijo. Yo no lo quería y la verdad tampoco quería al más chiquillo. Ni yo me quería, ni a mis papás, ni a nadie. Me sentía muy sola, sentía como que no era una persona, sentía como si fuera un muerto que nadie quiere.
Mi vida estaba igual, nomás se me iba en cuidar al bebé y yo ya estaba harta. 

Le decía “escuincle te odio, cállate maldito, me arruinaste mi vida”. Le gritaba muy feo. Para mí era muy difícil comprender que yo lo hubiera tenido adentro de mí. Es horrible esa sensación, porque se supone que las mamás quieren mucho a sus hijos y yo no lo podía a veces ni ver. 

Cuando el niño nació estaba enfermo y lo dejaron siete días en la incubadora, yo no fui a verlo, me daba mucho miedo verlo. Sentía un vacío muy grande y no me parecía que el fuera nada mío.


Insensibilidad 

No pude amamantarlos, pero a este segundo menos, fue muy feo todo eso. Yo lo atendía por lástima, pero la verdad me daba lo mismo si comía o no, le daba el biberón para que se callara, porque si no, no dejaba de chillar.

Casi no crecía, cuando tenía dos meses, lo estaba bañando y sentí el impulso de dejarlo metido en la bañera. Sí lo hice, pero lo saqué cuando empezó a mover las manitas.
Desde ese día chillaba más fuerte y si yo lo cargaba chillaba y chillaba. Yo creo que tenía mucho miedo porque yo no lo quería, me daba coraje cargarlo. Lo pellizcaba, le tapaba la boca o le metía el chupón hasta adentro. Lo aventaba en la cuna y le metía sus manazos.

Más fiesta 
Otro día lo volví a dejar solo para irme a tomar con mis amigos. Igual le calculé para llegar antes que mis papás, pero cuando regresé ya estaban ahí. Se había armado un caos porque una vecina había hablado a la policía porque el niño no dejaba de llorar y cuando llegaron lo encontraron en el piso, llorando y todo golpeado de la nariz. La vecina ya le había hablado también a mi mamá y cuando yo llegué los policías se iban a llevar al niño. Mi mamá los convenció de que había sido un accidente, le hablaron a la ambulancia.    Mejor se hubieran llevado al niño. Ese día mi papá casi me mata a golpes porque yo había dejado al bebé desde las 11 de la mañana y el solito se movió y por eso se cayó. 

Encerrada 
Mis papás me empezaron a dejar encerrada, para que no me saliera. Fue mucho mi coraje. Yo estaba como loca me quería salir y traté de brincarme por la azotea. Yo no me acordaba del bebé. 
No sé cuántas horas pasaron cuando trataba de salirme. Nada más escuchaba chillar al niño, eso me daba cada vez más y más coraje porque la vecina ya se había asomado. Me bajé de la azotea y fui a callar al bebé.

Yo no creí que lo fuera a callar para siempre. Fue un accidente porque yo solo quería que se calmara y ya no chillara. Dijeron los médicos forenses que tenía el cráneo fracturado, sus costillitas rotas y dijeron que se había ahogado. Eso no fue cierto porque el bebé comió. Se durmió y ya no volvió a llorar ni a despertar.

Depresión posparto
El impacto de la depresión posparto es grande, puesto que el vínculo entre la madre y el niño se está empezando a crear. La madre puede experimentar rechazo por el bebé o evitarlo, lo cual incide en el desarrollo emocional del niño.   

La lactancia también se afecta por la poca disposición o rechazo de la madre. En los casos más severos existe el peligro de maltrato y agresión hacia el pequeño, que pueden tener un desenlace fatal.

También ocurre que ella siente desinterés para cambiarlo, hablarle, jugarle y expresarle afecto. Esta falta de contacto corporal, visual y auditivo afecta en el desarrollo psicomotor y sensitivo del infante.

La madre es la mayor proveedora de estímulos en esta etapa de la vida de los seres humanos.
La depresión posparto puede ser una amenaza para los recién nacidos, por lo cual es necesario que esté vigilada y controlada.

Si el trastorno no es detectado a tiempo, una de las consecuencias es el rechazo permanente hacia el hijo. “Si empieza a pasar el tiempo, donde el sentimiento es de mucha inestabilidad emocional, de mucho sentimiento de rechazo del bebé, eso puede producir una alteración en el vínculo madre e hijo”.

Es muy importante destacar que no a todas las mujeres en puerperio sufren depresión postparto. 
La depresión posparto es un trastorno grave que afecta del 8 al 20% de las mujeres después del embarazo, especialmente durante las primeras cuatro semanas, y es necesario buscar atención médica para tratarla. 

Una mujer tiene mayores probabilidades de experimentar depresión posparto si tuvo trastornos de ansiedad o del estado anímico antes del embarazo, incluyendo depresión con un embarazo anterior; tiene un familiar cercano que haya experimentado depresión o ansiedad; le ocurrió algo estresante durante el embarazo, incluyendo una enfermedad, muerte o enfermedad de un ser querido, un parto difícil o de emergencia, parto prematuro o una enfermedad o anomalía del bebé, embarazo en la adolescencia.

Tiene menos de 20 años, no planeó o no desea el embarazo, actualmente consume alcohol, alucinógenos o fuma (éstos también son riesgos médicos serios para la salud del bebé). 

Tiene poco apoyo de la familia, los amigos o de otro ser querido, tiene una mala relación con el esposo, el novio u otro ser querido en su vida o no está casada, anteriormente intentó suicidarse.tiene problemas financieros (bajos ingresos, vivienda deficiente) o recibió poco apoyo de los padres en la infancia.




Comentarios
No existen comentarios aún
Accesa o regístrate para poder comentar

Lo más leído
Mineros cae ante Dorados y pierde el liderato
Aplicaciones


Servicios
$ Dolar
Compra 19.90
Venta 20.4
€uro
Compra 21.03
Venta 21.53

Multimedia



©Todos los derechos reservados
GRUPO EDITORIAL ZACATECAS, S.A. DE C.V.- De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la Publicación,
retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos de este portal.




Aviso de privacidad