Tuesday 28 de February de 2017

Mi delito... no poder hacer nada

Ivonne Nava García      22 Oct 2016 19:14:06

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La situación de una mujer víctima de violencia conyugal resulta ser, a veces, incomprensible. 

Es muy fácil juzgar desde afuera y opinar sobre lo sencillo que podría ser dejar a ese hombre que tanto daño le ha hecho. 

Sin embargo, la violencia en contra de la mujer provoca demasiado miedo y, además, genera un inmenso daño en el autoestima, logrando que quien la padece sienta que es “tan poca cosa” que no podrá sobrevivir, que nadie la podrá ayudar, que nadie le creerá, incluso llegan a sentir que merecen ser tratadas de esa manera, sumergiendo a la mujer en una prisión y tortura invisibles para la sociedad.

María
Me case con él por todas las leyes. Ahí en el rancho se usa que de primero se la roban a una, y luego él y sus papás van a hablar con los papás de una y se arregla el matrimonio. 

Nos casamos y nos vinimos a vivir aquí, porque él trabajaba como albañil y ya había hecho unos cuartitos. 

Me daba 100 pesos a la semana para el gasto de la comida. Yo le tenía que preparar el lonche: sus tacos de frijoles y chile; tenerle la sopa, los frijoles y el chile para cuando regresara a las 8 de la noche. A veces el dinero no me alcanzaba y él se enojaba mucho porque yo le pedía más.

La primera vez
Yo quedé embarazada luego luego. Me sentía muy mal, porque me daban muchas ganas de vomitar; eso a él le daba mucho asco. 

Empezó a llegar tomado en las noches y ahí fue donde supe lo que me esperaba. 

La primera vez que me pegó llegó borracho, ya casi para amanecer. Me dijo que me levantara a servirle de cenar; me levanté y me llegó el vómito; me escuchó y cuando estaba en el baño me tiró una patada por la espalda, me dijo que era una vieja asquerosa y que le daba mucho asco; me jaló de los cabellos y me llevó a puros empujones a la estufa; decía: “Préndela, vieja estúpida” y me aventaba la cabeza contra la estufa; Yo le decía que me dejara, que lo quería, que por qué me hacía eso y me dijo que me aguantara, que para eso era su vieja. Yo gritaba porque tenía prendida la estufa y me quería quemar la cara. En eso, me empujó y metí las manos, me las quemé porque agarré las parrillas calientes. Me ardían, se me hicieron ampollas, aún llevó las marcas.

De ahí empezó a portarse muy bien conmigo. Me pidió perdón de rodillas, me dijo que me amaba, me compró una batita de maternidad. Yo creí que ya había cambiado.

Se repitió el ciclo
Las cosas estaban bien. Llegó el tiempo de que fuera a parir. Me llevó al Hospital Civil. Ahí se estuvo conmigo. Tuvimos cuatitos. 

Las cosas otra vez cambiaron porque no soportaba que los niños lloraran. Lloraban al mismo tiempo y él no me ayudaba nadita. Yo, como podía, los amamantaba a los dos a la vez. 

Mi mamá me iba a ayudar y me hacía mis atoles, me daba mi alfalfa para que los niños estuvieran bien criados. 

Este hombre ni la cuarentena se quería esperar para que tuviéramos relaciones. 

Volví a salir embarazada como al mes de haber nacido los cuates. Empecé a engordar mucho. Este hombre no me volvió a tocar; me decía que estaba asquerosa, que ya no me le antojaba como mujer; empecé a estar triste todo el día.  

Los niños no dejaban de llorar, yo me sentía mal de las náuseas. Él solo me decía que me largara porque ya se iba a llevar otra mujer que sí le gustara. 

Las borracheras eran muy seguidas, siempre que llegaba borracho se transformaba y me trataba muy mal: me humillaba, me hacía sentir fea, que no servía; me pegaba y se burlaba de mí. 

Casi muerta
Ya iba a nacer la niña y ni siquiera me quiso llevar al hospital. Pensé en decirle a mi papá que me llevara. 

Me fui caminando de Guadalupe a más para allá de Martínez Domínguez. Me llevé a los cuates; se me hacía que ya no llegaba. No traía para el camión ni tenía para el hospital. 

Cuando llegué, me desmayé y le llamaron a la ambulancia; mi niña casi se me muere, pero nos salvaron. 

Este hombre estaba muy enojado porque mis papás se habían metido y juró que me iba a matar. 


Cuando salí del hospital me fui para con mis papás; el llegó a quererse llevar a los cuates; estaba muy borracho y drogado, usaba marihuana que para aguantar el jale y lo cansado. Mi papá no estaba y mi mamá había ido al nixtamal. Como pude se los quité pero él me pegó con un mazo en la cara: me rompió la mandíbula de abajo, me tumbó unas muelas y yo caí privada. Tenía 10 días de haber dado a luz a la niña. 

La vecina se dio cuenta y le llamó a la policía. Lo pudieron agarrar. Yo le puse demanda y le dieron cinco años. 

El juró que me iba a matar en cuanto saliera. Ya mero sale. No ha visto a los niños. Me quiero ir para el Norte para que no nos haga nada. Tengo mucho miedo. Todos los días vivo con miedo. 

Lupita
Fueron 7 años de vivir un infierno. Yo no sabía qué hacer, ni a quién recurrir. Él me amenazaba con matar a mi hijo y yo sí creía que lo iba a hacer. 

A él le gustaba mucho tomar y jugar a la baraja, así lo conocí y yo no creí que eso fuera tan malo. También pensaba que cuando nos casáramos se le iba a quitar. No fue así. Luego pensaba que cuando vinieran los niños, cambiaría. Nunca consideré que el cambio también es para mal.

Yo era muy delgada cuando me casé con él. Cuando nació mi primer hijo, embarnecí; él me decía que estaba muy “buenota”.  No me disgustaba, al contrario: me gustaba que a mi marido le gustara así llenita. 

Vicios
Seguía jugando con los amigos. Los empezó a llevar a la casa. Me ponía a que les hiciera de cenar o les sirviera la botana. No me gustaba como me miraban. A veces hacían comentarios muy vulgares de mujeres y eso me incomodaba. Cada vez que él tomaba usaba marihuana y olía muy feo mi casa. 

También quería que yo tomara. Como no lo hacía, se enojaba mucho y me golpeaba para que tomara a fuerzas. 

Un día que ya me había ido a dormir, él y sus amigos se quedaron jugando en la sala. En la madrugada entró a mi recámara. Sentí que se había metido a la cama, desperté y vi que no era él. Era uno de sus amigos. Yo no entendía qué sucedía; me quise levantar pero el tipo me jaló del brazo: mi marido me había apostado en las cartas y perdió. 

El tipo ese estaba como desquiciado. Mi marido estaba ahí parado y me dijo: “Mejor déjate porque si no te mato y al niño también. Aquí me voy a quedar a ver” y se arrimó una silla. 

Fue algo que no puedo ni siquiera describir: el asco, la vergüenza y el dolor no me dejan poder hablar de eso; quisiera borrarlo de mi mente pero muchas veces, cuando cierro los ojos, solo puedo ver la cara de ese borracho, su olor a alcohol y cigarro; las obscenidades que me decía y el saber que mi marido estaba ahí viendo. Quisiera no volver a recordar nada de eso, que se borrara de mi mente, pero no puedo. 

Al día siguiente él estaba como si nada.  En la noche me empezó a preguntar que si me había gustado, que si su amigo lo hacía mejor que él, me decía cosas muy vulgares. Yo solo lloraba, le pregunté por qué me había hecho eso; él me dijo que mejor me callará porque para eso yo era su vieja.

Huir
Eso se le volvió como una fijación. A cada rato quería que yo le dijera qué había sentido. Yo le decía que mucho asco y mucho dolor. Eso lo hacía enojar: me empezaba a insultar, me decía que las viejas para eso servíamos, que tenía que desquitar lo que me tragaba. 

De eso que pasó a mí se me murió el amor por él. Le dije que lo dejaría, pero me amenazó con matar a mi hijo. Me sentía atrapada.

Como al mes de que sucedió eso, un sábado, llegó otra vez con sus amigos. Esta vez le dije que me iría con mis papás. Me volvió a amenazar, me dijo que si lo hacía quedar en vergüenza nos mataría a mi hijo y a mí. Me quedé. Solo pensaba en poder huir. Me dormí abrazada de mi hijo. 

Esta vez no me apostó: me vendió a uno de sus amigos. Ese sujeto no quiso porque mi marido se quería quedar a ver. Sacó llorando a mi hijo del cuarto y lo fue a dejar en la sala con los otros borrachos. Me lo arrebató de los brazos. El tipo no quiso y se empezaron a pelear. 

Por todo lo que estaba pasando alguien habló a la policía. Se los llevaron detenidos. Yo aproveché para huir de ahí: me llevé a mi hijo, nos fuimos con lo que traíamos puesto. 

Los policías me dijeron que pusiera la denuncia, que solo así podría estar a salvo.  Como ya había pasado tiempo no podía demostrar que me había violado su amigo. 

Tengo mucho miedo. Él dice que ya cambió y está arrepentido. Quiere que vuelva con él. Cuando salgo al trabajo o a llevar al niño al parque solo estoy a la expectativa de que llegue y nos haga algo.






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