Sunday 19 de February de 2017

Los milagros de Jesús son signos elocuentes del reino de Dios

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba      8 Oct 2016 22:23:31

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(Cortesía)
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Introducción

Hermanos: Cristo, instaurador del reino de Dios quien ha venido a anunciarnos, con el fin de que participemos en él y nos salvemos, desde luego, en nuestra pascua dentro del transcurso del tiempo histórico en el cual nos movemos, somos y existimos,  y para que conquistemos con su gracia el reino eterno del cielo. 

Él ha querido avalar este reino con sus milagros realizados con su poder divino y humano, para que con fe cierta y comprometida seamos cristianos de verdad, profesando esta fe fundada sólidamente en su poder omnipotente.

Por lo que acabo de decir, hoy en nuestra homilía, estamos llamados a ver los milagros de Jesús como signos elocuentes del reino de Dios y que son parte fundamental del don de nuestra fe, recibida en el bautismo.

Los milagros signos del reino 

Las lecturas que acabamos de proclamar, tanto la primera que nos narra la curación milagrosa del general Naamán de Siria, enfermo de lepra y la curación también milagrosa de 10 hombres leprosos que se encuentran con Jesucristo a las orillas de un pueblo y le gritaron: “Jesús, maestro ten compasión de nosotros”!,son signos admirables y elocuentes, de la llegada y la presencia del reino de Dios, precisamente en la persona de Jesucristo y su obra de salvación universal para todos los hombres que lo acepten con fe incondicional.

Cuando Jesús realizaba sus milagros, su intención no era hacer alarde de su poder divino y por medio de su humanidad unida a su persona de hijo de Dios. Estos milagros o señales del reino, deben enfocarse desde la perspectiva liberadora del pecado y la muerte eterna. 

Estos milagros son signos o señales, de la presencia salvadora del reino de Dios. Y desde luego, son parte integrante de la buena nueva o evangelio, que Cristo proclamó y anunció con palabras y obras magníficas.

De esta manera, bajo la luz y fuerza de su gloriosa resurrección, corona de su pasión y muerte en la cruz, son bendiciones que transforman la existencia de cada hombre y mujer que crean en el misterio de nuestra salvación, primero en nuestro peregrinar por el mundo y luego hasta llegar a nuestra glorificación en la vida del cielo.

Y en síntesis podemos afirmar, que la llegada y presencia del reino de Dios para los hombres y su liberación integral del alma y el cuerpo, son vida sobrenatural nuestra, precisamente porque Jesús estaba ungido con la fuerza del Espíritu Santo, así se mostró como señor de la naturaleza creada por él como hijo de Dios (milagros sobre los elementos); señor de la vida y salvador de los hombres (sanaciones); vencedor de los demonios (curación de los poseídos por el maligno) y por último de la muerte (resurrecciones: Lázaro, el hijo de la viuda de Naím, etc. A imagen de su propia resurrección).

Los milagros de la fe

Jesús no realizaba los milagros fuera del contexto de la fe en él y su poder. En atención a la fe profesada en él y su obra salvadora, los hombres han recibido el beneficio de curaciones, liberaciones demoníacas, superación de la incredulidad e indiferencia para con Cristo, de quienes no creen ni aceptan su mensaje de liberación en todas las formas que se nos narran en los evangelios.

Siempre Jesús después de llevar a cabo sus milagros, hace referencia explícita a la fe de los que eran beneficiados: “Tu fe te ha curado”, “tu fe te ha salvado”.

La fe en Jesucristo ha sido el presupuesto esencial y condición indispensable para los milagros, hasta el punto que donde Jesús no encontraba fe, como sucedió con sus paisanos de Nazaret “no podía” hacer ningún milagro (Mc 6,5). Por esto, la fe que pedía el Señor, debe ser confianza en su poder divino y humano. 

Aquí viene muy oportuno  recordar un  texto del evangelista  San Mateo quien interpreta los milagros de Cristo con relación al Siervo de Yavé: “Curó Jesús a todos los enfermos. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías. El tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades” (Mt 8, 16 y ss.).


Conclusión exhortativa

Debemos tener ahora nosotros muy en cuenta que cada milagro de Cristo proclama que él es fuente de vida, esperanza y liberación para el hombre amado de Dios.

La intención y el significado más profundo de los milagros de Cristo mesías, radica en su misterio pascual, en su victoria sobre la muerte por medio de su resurrección, que es el mayor de sus milagros.

Hermanos: crezcamos en nuestra fe incondicional en la persona divina de Jesús y en su humanidad, como rostro de Dios misericordioso.

Fe que debe siempre retroalimentarse con la oración continuada y ferviente, con la fuerza vital de los sacramentos y con la entrega total, humilde, sincera y leal de cada día, viviendo como si fuera el primero, el único y el último.

De esta  manera con la lámpara encendida de nuestra fe en lo íntimo de nuestras conciencias y entrega total a Jesús, seremos como los siervos que esperan a su señor el día que llegue a premiar nuestra fe iluminada y avalada con las buenas obras de amor y misericordia que hayamos hecho en el caminar de nuestra pascua terrena hasta llegar a obtener el  don de nuestra comunión celeste con Dios y con todos los hermanos que practicaron su fe y han recibido la corona inmortal de la gloria.

 
*Obispo emérito de Zacatecas





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