Wednesday 22 de March de 2017

Lo banal se opone al cambio

J. Luis Medina Lizalde      29 Sep 2016 10:56:54

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Entre más bobalicona sea la cultura política de actores y opinadores más se retardan los cambios democráticos. El simplismo y la banalización no son inherentes a la persona humana: son inducciones sociales interesadas, de eso no se salva ninguna sociedad formalmente democrática marcada por la desigualdad y el autoritarismo.

Las dictaduras no requieren de semejantes delicadezas: les basta prohibir y prohibir. Así funcionaron el franquismo y el pinochetismo.

La banalización de la política es el trasfondo cultural que produce victorias electorales como las de Layín, el que “robó poquito”, y Hugo Chávez.
 
Las actitudes reforzadas por la pobreza analítica implícita en el simplismo banalizador son oro molido para el sistema  porque persuade a grandes franjas del electorado de que no hay nada que hacer porque “todos son iguales” y condena a los políticos con ideario a la soledad de su lucha por la desconfianza sembrada respecto a la eficacia de “los soñadores”.

La cultura política banal tiene su principal campo de cultivo en los medios de información con mentalidad de negocio privado antes que de servicio público. La ausencia de reglas éticas vigentes en la mayoría de los países con desarrollo democrático convierte en tierra de nadie el escenario mediático e inunda las redes con su chabacano “análisis” del acontecer. Sus surtidores de juicios de valor son los políticos periféricos que les pasan “tips” reproducidos sin pudor ayunos de la más elemental verificación.

Son muchas las formas de banalización de lo público que desplazan el análisis y empobrecen la práctica política, vayan tan sólo algunos ejemplos: 

Aniquilación del pensamiento
Los llamados a que no se politice un hecho público cuando lo que se quiere decir es que no se debe abordar determinado asunto bajo la óptica partidista, son una equívoca manera de reflejar una incomprensión total de lo que es la política. La descalificación de una inconformidad mediante el socorrido recurso de calificarla de “política”, si se trata de descontento manifiesto en torno a un hecho no privado, claro que es “política”; pero, ¿qué tiene de particular que lo sea?   

Cuando alguien busca la aceptación de algo bajo el argumento de “así es la política” habrá que aclararle que “así es su política” pues en esa actividad, como en todas en las que concurren muchos seres humanos, hay distintos modos de practicar el mismo oficio, desde el modo más honorable hasta el más despreciable.

“Si al gobernador le va bien, al estado le va bien”. Hay muchos gobernadores a los que le va a toda madre mientras a sus gobernados les va muy mal. La historia de corrupción impune abunda en ejemplos. 

“Es momento de hacer a un lado los intereses partidistas para ver por el bien común”. Esta repetida expresión niega el fundamento mismo de la democracia, basado en que todos buscamos el bien común pero no toleraremos diferentes visiones respecto a en qué consiste y cómo lograrlo.

La cultura de la banalización ha permeado en las altas esferas del poder. Nuestros gobernantes tienen una extraña necesidad de inventarse amistades para que se les crea poderosos.

Todavía no nos reponemos de la entrañable amistad de Peña Nieto con Miguel Alonso, vivimos reconfortados por el gran aprecio de Luis Videgaray por una legisladora del terruño,  Aurelio Nuño se lleva de pellizco y nalgada con un cuadro político en ascenso.

La necesidad de acreditar padrinos para dar sustento a aspiraciones ha conducido a ficciones analíticas que Dios guarde la hora.

Pose de moda
La contratación de guapas del mundo del espectáculo es de más reciente puesta en escena. 

El truco mercadotécnico a partir de ser percibido “con pegue” con las bellas conduce a la contratación de estrellitas para ser lucidas en plazas de toros u otras fiestas. A Vicente Fox no le fue mal cuando Lucía Méndez todavía despertaba pasiones y se sembró la especie de que Chente y ella…

Los recursos culturales del sistema opresivo para prolongar su vigencia son más difíciles de enfrentar que las bayonetas, y más complejos de erradicar que la compra de voluntades. Elevar la calidad mediática del entorno y fortalecer la educación política de cuadros y militancia son tareas colectivas que nos convocan a todos.

Nos encontramos el lunes en El Recreo.




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