Monday 20 de February de 2017

La Mitología  de Porfirio Díaz

Ricardo González      23 Nov 2016 15:21:11

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El pasado 20 de Noviembre en el desfile conmemorativo a la Revolución Mexicana, al estar en el presídium por vez primera puse atención a lo que leen las personas a cargo de la conducción del evento, profesores y alumnos de la escuela a la que le toca organizar el desfile.

Como si fuera el catecismo para niños se decían grandes verdades absolutas y generalizadas sobre la forma en que toda la población de clase baja vivía en aquellos años.

La miseria, el adobe, los frijoles, los calzones de manta, los huaraches, las carabinas, eran los elementos que definían al grueso de la sociedad.

El mal gobierno de viejos ricos que no dejaban que los pobres tuvieran un mejor porvenir hasta que los grandes héroes revolucionarios llegaron a salvarnos a construir un País moderno y sin diferencias de clases sociales, ¡vaya choro!

Como historiador, profesor y miembro de un Ayuntamiento me pregunto ¿hasta dónde podemos quitarle el bronce a las estatuas? Si bien es cierto que nuestro país necesita héroes, lo que más necesita son millones de ciudadanos y ciudadanas que trabajen día a día que cumplan con sus obligaciones y derechos.
Ni todo lo porfirista es malo ni todo lo revolucionario es bueno. Cuando te zambulles en los archivos de esa época se ve que la “dictadura” no era tan dura, las elecciones municipales se realizaban cada año –y no siempre ganaban los mismos-.

En el periodo 1870-1910 se crean la mayor parte de los Institutos Literarios y Científicos de los estados, los cuales se convertirían en las actuales Universidades Autónomas.

Los ferrocarriles hicieron que viajar por nuestro país fuera seguro y barato. Los tranvías permitieron a las ciudades crecer más allá de sus suburbios. El teléfono y el telégrafo comenzaron a cortar la brecha entre las personas.

Las reuniones de cantina de pulque comenzaban a ser reemplazadas por las reuniones en el billar, el pulque se dejó de lado por la cerveza, la cual se podía vender a grandes distancias debido a la invención de la corcholata.

Las mujeres de las casas adineradas pudieron poseer las primeras lavadoras, o comprar ropa hecha de fábrica, lo cual era toda una novedad en aquellos años.

Los zacatecanos de varias clases sociales pudieron disfrutar del cine, instalado por temporadas en el Teatro Calderón, que era más barato que asistir a los toros. El agua potable comenzaba su rudimentaria distribución.

En fin, ni todos eran grandes edificios “art nouveau” ni todos eran jacales, generalizar siempre será caer en el error, nuestro pasado es complejo, en él radica nuestra riqueza cultural. No veo porque seguir haciendo un festejo al viejo estilo PRI.




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