Tuesday 28 de February de 2017
»Buscan a bandido para que no manche el movimiento revolucionario  

La hazaña de Perfecto Esparza 

Redacción      29 Nov 2014 21:36:19

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  • El revolucionario relata en una carta por qué estuvo a punto de ser fusilado en la Villa del Refugio, hoy Tabasco, y cómo lograron rescatarlo. (Foto: Archivo del cronista José Antonio Humberto Vargas Alonso).  (Cortesía) El revolucionario relata en una carta por qué estuvo a punto de ser fusilado en la Villa del Refugio, hoy Tabasco, y cómo lograron rescatarlo. (Foto: Archivo del cronista José Antonio Humberto Vargas Alonso). (Cortesía)
  • Perfecto Esparza era teniente en la División del Centro. (Foto: archivo del cronista José Antonio Humberto Vargas).  (Cortesía) Perfecto Esparza era teniente en la División del Centro. (Foto: archivo del cronista José Antonio Humberto Vargas). (Cortesía)
  • Foto: archivo del cronista José Antonio Humberto Vargas (Cortesía) Foto: archivo del cronista José Antonio Humberto Vargas (Cortesía)
  • Interior de la Casa Grande de la Hacienda de la Laguna. (Foto: archivo del cronista José Antonio Humberto Vargas). Interior de la Casa Grande de la Hacienda de la Laguna. (Foto: archivo del cronista José Antonio Humberto Vargas).
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La suerte del teniente revolucionario Perfecto Esparza cambió en agosto de 1913.

Sus hombres, del Escuadrón del Tercer Regimiento de la Brigada Domínguez de la División del Centro, lo salvaron de la muerte.

Debía cumplir una misión, entregar una carta a Antonio Piedad, un hombre de su bando que con sus atropellos y saqueos estaba poniendo en mal el movimiento revolucionario.

Sin embargo, las cosas no salieron como se esperaba. 

Esta gran hazaña la dejó relatada en un manuscrito que fue publicado en Breve relato de San Cayetano, Zacatecas. Puntos históricos de Cieneguillas, Zacatecas, y sus alrededores, de Adolfo Chávez Murillo, y que a continuación reproducimos.

Para facilitar la lectura se separaron algunos párrafos con punto y aparte, respetando siempre el contenido y sentido del texto, ya que el original solo tiene comas y puntos seguidos, así como signos de igual, equivalentes a los guiones.

Testimonio
“…Cuando me lancé a la Revolución, en marzo de 1913, el gobierno federal ya me traía en cartera, estaba en tratos de matrimonio con la que sería mi esposa, pero muy a mi pesar me separé.

“Nos pusimos de acuerdo con un amigo que vivía en Calerilla de Tula, él se llamaba Máximo Benítez, procediendo a levantar gente en contra del gobierno traidor de Huerta, de Calerilla levantamos en armas a
Tereso y Lorenzo Ortiz a Juventino Campos, Abraham y J. Nieves Hernández, luego a Domingo Briseño del rancho del Visitador, de donde nos llevamos seis caballos con sus monturas propiedad de los señores Santos y Cleofas Puente, de ahí nos dirigimos al Tepetate, agregando a Nicolás Novoa, sacamos más caballos, monturas, frenos, espuelas y pistolas, hasta un máuser corto que le quité al señor Cándido Campos, de ahí nos dirigimos a la Estancia de La Parada (hoy Francisco Murguía, Villanueva), de Santa Rosa, Seferino Novoa, Victoriano Saucedo, El Prieto Jesús Ramírez.

“En Malpaso se enroló J. Ascensión Ojeda, Juan Ojeda, Sotero Vera alias La Huácara, Wenceslao Ortega y El Fierro Fernando Rosales, con Santiago Rosales, de Las Lajas, levantamos al “Charro” y a dos de los Duartes, Úrsulo Ruíz y Octaviano García levantaban gente cada quien por su lado, seguimos por Ciénega, Los Haro, Los Félix, Los Pérez, hasta llegar a Santa Rosa de las Flores. 

“El Cuartel General quedó en la Casa Grande de Malpaso, Catarino y yo fuimos comisionados por el lado de Villanueva, para entregarle una carta a Antonio Piedad que nomás andaba robando y saqueando dinero de los pueblos en desprestigio de la Revolución, supimos que estaba en la Laguna del Carretero, donde tenía un grupo de 200 hombres muy bien pertrechados, parecían rurales.

“Le hicimos entrega de la carta, a Catarino lo mandaron como guía, porque ya conocía a Piedad, así que al tenerlo de frente le dice Antonio Piedad =Mira Catarino, yo no obedezco órdenes ni de Tomás Domínguez ni del general Pánfilo Natera=, mientras ponía la mano derecha en su pistola.

“Mejor incorpórate a mis fuerzas= recalcó Piedad, respondiendo Catarino =Antonio, bien sabes que no tengo esas facultades, mejor me regreso al Cuartel para notificar a mi general Natera= 

“=Entonces le dice Antonio =Corta pues tu gente= pero al dar media vuelta Catarino, Piedad le pegó un tiro en el pescuezo cayendo al suelo, Catarino apenas llegó la mano a la pistola, quedando muerto enseguida, lo arrastraron a una milpa para quitarle las carrilleras y nosotros mirando desarmados e impotentes, entonces Antonio Piedad, se dirigió a mí, ¿cuál es su aprensión (sic) mi teniente Esparza?
Resuelto a obedecer, lo sigo, =Bueno, toquen y marchen de cuatro en fondo, los tenientes y sus gentes cubran los flancos=.

“Salimos a las 6 de la tarde de la Laguna, también iba don Alejandro Landeros (administrador de la Laguna, propiedad de don Benjamín Gómez Gordoa) preso de Piedad hasta que soltara $5000 pesos, llegamos a la Hacienda de Santiago (El Chique) a las 12 de la noche, haciendo alto, otro día nos dieron nuestras armas y parque, diciéndome Antonio Piedad, =Usted joven teniente, ya sabe sus deberes, con su gente queda incorporado a mi fuerza=

“Ese día en Santiago mataron seis puercos gordos, cocieron muchos elotes de riego y pintos y chiquigüites de tortillas para la tropa, por la mañana tocaron a lista y al pago del soldado raso, les daban 150 plata y yo como teniente 250, ahí vide (sic) a don Alejandro Landeros, que le decía Antonio Piedad
'Si para las cinco de la tarde no aparecen con el dinero lo mando fusilar'= Respondiendo don Alejandro =a usted le consta que mandé a los mozos a ese fin=

“Cerca de las cuatro de la tarde llegaron dos mozos con sus talegas en las ancas de los machos, recibiendo el dinero Piedad, don Alejandro se retiró a la Laguna a sepultar a Catarino que había quedado tendido, de ahí marchamos a la Villa del Refugio (Tabasco), llegamos a las 12 de la noche, a mí me ordenaron encuartelarme en el Mesón de San Pedro junto con mis 24 hombres, cuando estuvimos solos, deliberamos seguir bajo el mando de aquel bandido perseguido por la Revolución, llegando a la conclusión que no, planeando asesinarlo a estocadas, teniendo los caballos ensillados para zafarnos al abrigo de las sombras de la noche.

“Eso sería al otro día, pero hubo un Judas, quien dio santo y seña del complot, fue un muchacho de nombre Salomé Villagrana del rancho de Chilitas, amaneciendo sitiados por los hombres de Antonio
Piedad, que nos desarmaron de nuevo y nos encerraron para enjuiciarnos sumariamente a 23, porque el traidor no aparecía en el proceso.

“Cuando el pueblo se dio cuenta de lo que iba a suceder, formaron un grupo de señoritas y el cura para pedir el indulto, mismo que fue concedido, pero conmigo por ser el jefe, era el único responsable, me formaron Consejo de Guerra y fui sentenciado a muerte, esto fue a las 6 de la tarde.

“Al día siguiente, a las 11 sería la ejecución en el panteón del pueblo, me encerraron y me pusieron centinelas, a las 6 de la mañana me llevaron papel y pluma para que escribiera a mi casa, hice la carta y me desayuné en espera de la hora, me quedaban 4 horas de vida, el cura mandó al sacristán para si me quería confesar, contesté que no estaba dispuesto a hacer una confesión sacrílega porque mi memoria era un volcán y que mejor él rogara a Dios por mí.

“Faltaban 30 minutos a las 11, sonando el clarín para que ensillara la escolta que me llevaría al panteón, lugar de la ejecución, cuando por el oriente, al lado del cerro, se escucharon fuertes descargas de fusilería, era la Federación de Calvillo, con 500 rurales al mando de Plasencio N. entonces llegaron Jesús Ramírez y Victoriano Saucedo diciendo; jefe, hágase a un lado que vamos a abrir el candado a balazos, ya traemos aquí sus armas  y caballo, saliendo vi un grupo de 38, monté, prepare (sic) mi carabina y les dije; muchachos el que no tenga miedo de perder la vida, que me siga.

“Salí a la calle, me detuve en la acera norte, vigilando hasta que salió el último, la gente de Piedad estaba hacia el sur, los rurales avanzaban rápidamente, ordené a los míos caminar al oriente, flanqueando al enemigo, Piedad lo hizo al sur y en vez de tirarle a los Federales, le tiramos a Piedad que iba huyendo, diciéndoles; muchachos, vámonos a mata caballo, llegando a la orilla del río que iba crecido, vamos a jugarnos el todo por el todo, pasé el caballo, que nomás el hocico sacaba y en partes el agua nomás cubría la montura y de vez en cuando me llegaba al pecho.

“Al fin pasamos todos, pero uno quedó extraviado, fue Carlos Palachi de Malpaso, dándole alcance Piedad y hasta lo hincó para matarlo pero como vio que era soldado ya viejo, lo dejó, nosotros ya íbamos muy lejos, llegamos oscureciendo a la Puerta de Mezticongo, caminamos toda la noche y llegamos amaneciendo al cuartel general de la Hacienda de Malpaso, rindiendo informes a Pánfilo Natera, a Santos Bañuelos y a Trinidad Cervantes.

“El general Natera se disgustó mucho y Santos Bañuelos quería ir personalmente a destruir a Antonio Piedad con todo y su gente, pero mi general Natera le mandó decir a Jesús Sandoval que se encargara de Piedad y luego se incorporara con su gente, como fue verificado a los quinde días, este hecho ocurrió a los 12 días del mes de agosto de 1913, para el día 27 de este mismo mes, llegó el correo avisando que venía la Federación por la Mesa, por el rumbo de las Cocinas camino a Jerez, eran cien Dragones al mando del general Federal Fregoso, el nuestro era el Escuadrón del Tercer Regimiento de la Brigada Domínguez de la Primera División del Centro comandada por el general Pánfilo Natera”.




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