Tuesday 28 de February de 2017

La conquista del reino de Dios exige sabiduría y sagacidad

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba      18 Sep 2016 00:51:33

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(Cortesía)
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Introducción

En los diversos modos de vivir en nuestras culturas de este tiempo marcado por la complejidad que encierran, los cristianos estamos llamados constantemente por Cristo, para que con verdadera  sabiduría y sagacidad, conquistemos el Reino de Dios, ya presente en nuestra historia de cada día y con el paso también de semanas, meses y años.

A medida que avanza la historia en nuestro paso por este planeta, en el cual Dios creador y salvador nos ha colocado, es conveniente y más aún necesario, luchar sin cuartel para subsistir, logrando cada quien alcanzar puestos de trabajo con salarios justos y suficientes; ejercicio de las diversas profesiones con empeños tan cualificados, en la medida que se desarrolla la tecnología para la producción de bienes y facilidades que aporta, con el fin de hacer nuestra existencia más fácil y fructífera; pero al mismo tiempo, se presentan retos y desafíos cada vez más complicados y que se necesita a cada paso, estar a la altura del desarrollo socio cultural.

Todo esto requiere esfuerzos, energías intelectuales y compromiso de nuestra capacidad de libertad, para adquirir bienes de toda clase: materiales, espirituales, científicos y culturales.

Lo anterior, requiere sabiduría y sagacidad, para fundar y desarrollar, por ejemplo, nuestras familias para que nunca les falte el alojamiento seguro, es decir, la casa; el vestido, los alimentos y para nosotros los cristianos también, el divino sacramento.

En este contexto humano, creer en Cristo y su evangelio de salvación terrena y trascendente hacia el más allá, supone un empeño y compromiso, arto difícil, ya que las exigencias del mundo en que vivimos suponen sabiduría  y sagacidad.

Con cuanto mayor exigencia de sabiduría y sagacidad necesitamos para pertenecer al Reino de Dios por encima de todos los bienes que necesitamos en nuestra pascua por esta tierra que nos ve nacer, crecer, desarrollarnos y llevar a efecto los planes y actividades de cada quien, según su vocación y destino para subsistir y vivir dignamente, ahora y para siempre.

La parábola del administrador infiel 

Nuestra homilía se centra en la parábola del administrador infiel. En ella se relata que Jesús dijo a sus discípulos: “Había una vez un hombre que tenía un administrador, el cual fue acusado ante él de haber malgastado sus bienes. Lo llamó y le dijo: ¿Es cierto lo que me han dicho de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque en adelante ya no serás administrador. Entonces el administrador se puso a pensar: ¿Qué voy a hacer ahora que me quitan el trabajo. No tengo fuerzas para trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna. Ya sé lo que voy a hacer, para tener alguien que me reciba en su casa, cuando me despidan”.

Lo que pensó y luego actuó ese administrado, fue ir llamando a los deudores de su amo, para rebajar las deudas, preguntándoles cuánto debían. El administrador les fue rebajando las deudas y en los recibos quedaron las nuevas deudas rebajadas, pero a favor del administrador que de esta manera se hizo de amigos que lo recibieran, cuando ya no trabajara en la administración de su amo.

El amo, cuando se dio cuenta de estos malos manejos de su administrador, lo alabó por su manera de proceder. No alabó el robo, el fraude y la injusticia que ciertamente cometió y al que despidió por el fraude, sino que alaba la previsión del futuro, queriendo granjearse amigos para los tiempos malos que se le avecinaban. Por tanto, el administrador infiel es alabado por astuto, sagaz y de ninguna manera  por injusto y ratero.

De este modo se entiende la reflexión subsiguiente de Jesús. Los hijos de la luz en el Reino de Dios han de imitar: la agudeza, astucia y previsión para comportarse de acuerdo con las exigencias del evangelio que los auténticos y comprometidos discípulos han de proclamar y testimoniar con sus vidas.

Cristo nos pide servir a Dios y no al dinero

Por todo lo anterior nos inculca Jesús: “Y yo les digo: con el dinero lleno de injusticias, gánense amigos que cuando ustedes mueran, los reciban en el cielo” pues “No hay criado que pueda servir (simultáneamente) a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro o se apegará al primero y despreciará al segundo. EN RESUMEN, NO PUEDEN USTEDES  SERVIR A DIOS Y AL DINERO”.

Esto que acabamos de decir con palabras y enseñanza de Jesús, debemos ponerlo en práctica, utilizando los bienes y recursos de este mundo, tan necesarios para subsistir dignamente, pero que no deben conseguirse y acumularse con avaricia y desmedida ambición. Además de estos fines del dinero, existen los fines de la caridad y la participación para ayudar a nuestros prójimos y de manera muy concreta y eficaz a los que más necesitan de nuestras ayudas con los bienes materiales, morales  y espirituales que tengamos.

¡Imploremos de Dios por Cristo y su Espíritu Santo,  la gracia de entender correctamente este evangelio y en consecuencia, aplicarlo en nuestro modo de vivir  dando testimonio constructivo de su verdad!
 
*Obispo emérito de Zacatecas





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