Wednesday 22 de February de 2017

La catedral de Zacatecas y dos de sus leyendas

Manuel González Ramírez      13 Dec 2016 21:42:56

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De Ernesto Moreno. (Cortesía)
De Ernesto Moreno. (Cortesía)
Las leyendas nacen a partir de las más diversas circunstancias. En ocasiones surgen como un recurso para explicar ciertos fenómenos que sorprenden a las personas y quedan consignadas en relatos que suelen llevar una buena dosis de fantasía y otra de realidad.

La ciudad de Zacatecas ha sido y sigue siendo un campo fértil para la creación de este tipo de narraciones fantásticas.

Tal es el caso de dos leyendas que corrían de voz en voz entre los habitantes de esta ciudad y que están relacionadas con la fachada principal de la antigua parroquia mayor de Zacatecas, conocida en la actualidad como catedral basílica de Nuestra Señora de la Asunción.

El artífice

Cuenta la tradición que hace poco más de dos siglos y medio tuvo lugar un suceso digno de recordar.
Hacia el año de 1750, un sencillo cantero vivía en Zacatecas, un artesano que era muy diestro para labrar la cantera, sin embargo, un mal día cometió un crimen y las autoridades judiciales lo condenaron a muerte.

La ejecución se llevaría a cabo en la horca de la ciudad, donde todos los infractores de la ley cumplían las sentencias de pena corporal, es decir, donde el castigo dependía de la gravedad de sus delitos.

A quienes cometían faltas leves los azotaban públicamente, a algunos ladrones les cortaban una o dos manos y luego las exhibían en cada esquina de las calles de la ciudad. A los asesinos los colgaban del cuello hasta morir. A nuestro desdichado cantero le correspondía la pena capital.

No obstante, a final de cuentas no resultó tan desafortunado, ya que por esos días andaban buscando a alguien que se hiciera cargo de tallar las canteras que adornarían la fachada principal de la parroquia mayor de la ciudad. El alguacil mayor le comentó al maestro de la obra que en la cárcel había un cantero con las habilidades suficientes para realizar esta encomienda.

Se hicieron los arreglos pertinentes con las autoridades judiciales y acordaron que antes de aplicar la sentencia al reo, le pedirían que trabajara en el ornato de la fachada de esta monumental parroquia.

Éste aceptó con la condición de que lo ejecutaran hasta que terminara su trabajo. De tal suerte que, el cantero se tomó todo el tiempo del mundo para labrar cada fragmento de la portada. No escatimó en detalles.

Transcurrieron 2 años y aún faltaban algunos elementos ornamentales. Y cuando las autoridades observaron la magnificencia de ese gran retablo de cantera rosa que adornaba la fachada principal, en señal de agradecimiento, le conmutaron la pena capital por cadena perpetua.

Pasó sus últimos años en prisión pero muy orgulloso y satisfecho por la obra que había realizado, y que a partir de entonces sorprende a todo transeúnte que se detiene a admirarla… por los siglos de los siglos.

Los mancos

La otra leyenda está vinculada con un argumento popular del porqué están mancos algunos apóstoles de la fachada principal.

Aquí aplica esa sentencia de que si no sabemos la respuesta, la inventamos. Cuando nos preguntan algo, a veces respondemos con lo primero que se nos ocurre con la finalidad de no pasar por ignorantes y, desafortunadamente para nosotros, cuando damos una respuesta sin conocer del tema, lo que hacemos con mucha frecuencia es, precisamente, exhibir nuestra ignorancia.

Tal podría ser el caso de una persona que le preguntó a otra: Oye ¿por qué algunos de los santos que están en la fachada principal de la catedral de Zacatecas no tienen manos? ¿quién se las habrá cortado y por qué?, o ¿así estaban desde que los pusieron allí?.

Y con toda seguridad surgieron las más diversas respuestas, unas verosímiles y otras difíciles de creer, sin embargo, la más difundida hasta nuestros días se ha convertido en una leyenda en la que se señala a un personaje zacatecano como el culpable de que no tengan manos varios de los santos de la fachada de ese recinto religioso.

Vamos a compartir este relato que ha sido fabricado por la imaginación popular y luego les diremos cual es la explicación de tal fenómeno.

La fabulosa fachada de nuestra emblemática catedral fue concluida hace poco más de 260 años y el 15 de agosto de 1752 tuvo lugar la solemne dedicación del templo. En esos días lucía en su máximo esplendor con esta cantera rosada, limpia y recién tallada por los canteros de la comarca.

Debió ser un espectáculo visual impresionante. Sin embargo, como el tiempo no perdona nada ni a nadie, con el transcurso de las décadas irían apareciendo las venerables arrugas en este majestuoso monumento, como parte de los efectos del deterioro natural de una obra que está expuesta a la intemperie.

Pero también, a veces el hombre es culpable de acelerar el desgaste del patrimonio cultural. Tal es el caso de una conseja popular que cuenta que a mediados del siglo 19, cuando estaba en su apogeo la lucha entre liberales y conservadores, uno de los más notables partidarios del liberalismo, el general Jesús González Ortega, no podía ocultar su aversión por los hombres que andaban vestidos con sotana y de todo aquello que tuviera qué ver con la religión católica.

De tal suerte que, en ocasiones, nos dice la leyenda, cuando el general pasaba por el frente de la catedral de Zacatecas, montado en su brioso corcel, trataba de hacer gala de sus dotes de buen lazador y le tiraba la soga a las estatuas más grandes de la fachada con la intención de lazarlos y derribarlos de sus nichos.

Pero, también cuenta la conseja popular que nunca tuvo éxito completo, que lo único que lograba lazar eran las manos de los apóstoles, las jalaba y se las arrancaba de las muñecas. Y que por esa razón, algunas de las imágenes muestran sus muñones como testimonio de estas travesuras del general.

Pero la realidad es que las manos se ensamblaban aparte. Muestra de ello es la perforación que se observa en el muñón. Como la mano era una parte muy delicada que podía maltratarse al momento del traslado o de su colocación en el templo, solían colocárselas cuando ya estaban en su aposento definitivo.

Las unían con un trozo de madera (espiga) que con el paso del tiempo se iba pudriendo, se rompía y la mano se desprendía. Lo malo del asunto es que nunca se las volvieron a colocar ni fueron repuestas y así se quedarán para siempre… los mancos de la catedral.
 
*Cronista de Zacatecas.





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