Wednesday 22 de March de 2017
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La casona de los Inguanzo, prósperos hacendados

Javier Torres Valdez      20 Jun 2016 22:40:16

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Hace 60 años, quien esto escribe llegó a vivir a la Casa de los Portales, situada al lado norte del jardín.

La mitad de esa finca le fue vendida al médico Romero y la otra mitad a mi padre, y sucedió que a sólo unos días de comprada, le pidieron la casa que tenía en renta en el terreno donde ahora se encuentra el Edificio Alcalde, así que sin más ni más tuvimos que cambiarnos de domicilio.

La casa era tétrica, no tenía instalación eléctrica y sus cuartos eran enormes y malolientes, en todos los espacios, comedor, sala, cocina, recámaras y hasta en las caballerizas del fondo había unos enormes hoyos, hechos por los anteriores inquilinos en su afán por encontrar el supuesto dinero que los Inguanzo habían enterrado, cuando en la Revolución abandonaron Jerez.

Las lozas del patio se encontraban impregnadas de chapopote, pues unos de los miembros de la familia
Huízar fabricaba ahí pilas para radio y acumuladores para automóvil.

Si encontraron o no algún entierro sólo ellos lo supieron, pues de inmediato se fueron de Jerez, uno de sus miembros se avecindó en el Paso Texas, otro en Monterrey y el tercero en Los Ángeles.

Mi padre contrató un par de peones para que “aterraran” los hoyos, humedeciendo la tierra entre capa y capa para que se consolidara; trabajaron tres días y luego también desaparecieron de Jerez, y si alguno piensa que se encontró algo, lo único que encontró fue a su mujer en brazos de un gañán que aprovechaba sus ausencias.

Contaron algunas lenguas, que enfurecido sacó un cuchillo de entre sus ropas y persiguió al “sancho”, que no tenía ninguna panza y no lo pudo alcanzar, pero a quien si alcanzó fue a su mujer a quien le cortó la cabellera y le hizo una gran herida en la frente.

Pasaron los años y cierto día una de las ayudantes de cocina, que apoyaba a mi madre en sus trabajos, llegó corriendo: “Se está sumiendo la casa, se está sumiendo...”

A los gritos acudimos casi todos y vimos un hueco en donde se encontraba el sanitario, al revisarlo con una lámpara fue necesario cubrirse la nariz, debido al mal olor que de ahí emanaba.

Luego llegó el maestro albañil Rafael Gurrola, amigo de mi padre, y dio su veredicto: “Este enorme hoyo es una antigua fosa séptica de la casa, y lo que en ella se depositó, todavía no pierde su humedad”.
-Tal vez sea un subterráneo. Dije yo.

-Claro que lo es, todo lo que se encuentra abajo del nivel del piso es un subterráneo, y no te emociones que lo que único que aquí dejaron fueron los platillos ya digeridos de su rica cocina.


Al día siguiente se trajo arcilla roja y se rellenó ese otro hoyo, en donde sí se encontró contenido.

Tiempo después, este mismo alarife estuvo dirigiendo las mejoras que se le hicieron a la casa; entre esas mejoras estuvo la pintura, la casa fue encalada con una preparación hecha por el maestro Gurrola, que era cal con baba de nopal y jabón Lila disuelto, tenía una extraordinaria adherencia que no la vencía ni el agua de lluvia.

La observación que cabe hacer, es que la cal usada no era calidra, que por aquellas fechas ni se conocía, era “cal viva”, comprada a los caleros de Fresnillo, que venían a Jerez cada tercer día a entregar el producto.

Me gustaba acercarme al maestro Gurrola, que tenía una plática muy agradable, me decía que los buenos albañiles podían prescindir del cemento:

-Mira, la presa de Malpaso no tiene cemento, la del Cargadero tampoco, el tanque de Ciénega tampoco, y hasta donde se sepa nunca han tirado agua ni han tenido el peligro de reventarse.

Este portal, la Escuela de la Torre, el Santuario y la Parroquia no fueron construidos con cemento y van a durar más que los hijos de los hijos de tus hijos, ni tú ni yo vamos a estar en este mundo y todo ello perdurará.

-Oiga maestro, ¿Es cierto que a la mezcla también le ponen sangre de mula?

-Eso no es cierto, es quizá el invento de alguien muy mula, como hay cientos de jerezanos.

Pasaron algunos años, antes de que la casa fuera remozada en su totalidad y aunque fue dividida para venderla en dos partes, los Jerezanos siguen llamándola “La casa de los Inguanzo”, quienes en su tiempo fueron propietarios de la Hacienda de El Tesorero , muy conocida por ser una de las más productivas en la región, entre las que se contaban la de Ciénaga, Santa Fe, Buenavista, Malpaso, La Trojita, La Labor, ésta última lugar del nacimiento del gobernante modelo y modelo de gobernantes: Francisco García Salinas, único gobernador de Zacatecas, paisano de López Velarde.

Cierta vez a un gobernador de buen recuerdo se le ocurrió trasladar los portales de la casona que menciono a la ciudad de Zacatecas, como ya lo había hecho con la portada de la Hacienda de San Mateo, Valparaíso, pero de eso hablaremos en otra ocasión.




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