Monday 23 de January de 2017

En espera de los hechos     

J. Luis Medina Lizalde      30 Oct 2016 20:58:54

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Alejandro Tello, igual que Miguel Alonso en sus comienzos, generó la expectativa de que castigaría  los  delitos contra la administración pública cometidos en el pasado inmediato y por ende, evitaría incurrir en lo mismo.  Si lo hiciera, estaría cumpliendo con su obligación más elemental y se ganaría el reconocimiento correspondiente pero no es tan fácil.
        Piénsese si no en el parto de los montes en que quedó la intentona de Jaime Rodríguez  el presuntuoso Bronco al  que en cuanto tomó las riendas del Gobierno de Nuevo León lo amansaron al grado tal que Rodrigo Medina ni siquiera tuvo que esconderse para “negociar”. Javier Corral se juega su pellejo político en su anunciada intención de encarcelar a César Duarte que dicho sea de paso, anda en plan de ejercer su derecho de réplica  dónde quiera que lo acusan.
Un gobernante cumple o defraude dos tipos de expectativas,  las individuales y las colectivas. Miguel Alonso defraudó  las expectativas individuales de algunos de sus apoyadores en su conversión al PRI y los convirtió en sus críticos sistemáticos,  pero son las expectativas colectivas las que conllevan elevado costo político cuando no se cumplen, Miguel Alonso no sufrió merma alguna de las expectativas individuales que no satisfizo, pero no termina de pagar el precio de haber defraudado las de esencia colectiva, la más importante de las cuales fue la de enfrentar la corrupción. 
El ahora exgobernador falló cuando instaló la idea de crisis de las finanzas públicas y simultáneamente dispuso  la remodelación de la residencia oficial con opacidad tan contraproducente que provocó que se impusiera la percepción de frívolo despilfarro condensado en la expresión de Casa Bellagio,  arraigando la creencia de que las millonarias adaptaciones fueron inspiradas en el famoso Hotel de Las Vegas, frecuentado por los más  corruptos políticos latinoamericanos.
 Lo demás se vino en cascada con fracaso tras fracaso en  su pretensión de castigo legal de presuntas  faltas administrativas y delitos de servidores públicos del período encabezado por Amalia García.
  Tampoco  evitó que con fundamento o sin fundamento la opinión pública viera en su hermano Juan al traficante de influencias amparado  en el parentesco,  de semejante manera a como se instaló en el el ánimo social, con fundamento o sin fundamento,  Claudia  Corichi, hija de la ex gobernadora.

Pragmáticamente vacíos 
Alejandro Tello, como es inevitable  empezó a defraudar  expectativas individuales  con  su  lista de colaboradores de primer nivel. No hay espacio para todos los que se sienten con merecimientos.
El problema radica en el auge de políticos programáticamente vacíos,  que participan sin engancharse con idearios y que mal balbucean las líneas discursivas del partido que les cobija. 
La  manera de reclutar adeptos  del político sin conciencia del bien colectivo  es administrando expectativas individuales de quienes  necesita como operadores o votantes.  Cuando no tiene  láminas o despensas, cuando no pueden ofrecer chamba  o cuando menos esperanza de conseguirla no sabe  cómo hacer política y es cuando   hace  lo indecible para acceder a recursos aunque para eso tengan que entregar el alma.  
Los políticos socialmente indispensables son los que tienen en mente programas para que nadie se vea en la necesidad de intercambiar su apoyo por “apoyos”,  con preparación para convencer y trayectoria que lo avale.


A ver si es cierto 
Alejandro Tello generó   expectativas  de austeridad y  combate a la corrupción, la lista de medidas de ahorro  en gasolina y celulares puede ser advertida como atole con el dedo o como el inicio de un gobierno “diferente”,  como reza su slogan.
         Dependerá de cómo voten el próximo  presupuesto  los  diecisiete diputados locales que se le “cuadran” ,  sabremos a que partidas le quita y a cuales le pone para darnos una idea del tamaño de” lo diferente”, eso para darnos idea de lo que Tello entiende por un gobierno austero.   
En cuanto su postura contra la corrupción,  Alejandro Tello es un  “suertudo”   porque  además de los que podrá   denunciar en tribunales para ser consecuente con todo lo revelado  a la opinión pública  por su Secretario de Finanzas,  La cuenta pública de Fresnillo y muy pronto la de Zacatecas y Jerez, además de la de Guadalupe,  le darán oportunidad de demostrar que “como ronca duerme”  haciendo que ahora sí  cumpla su tarea el aparato de justicia y deje de fungir como alcahuete de oficio.    
 Si hay estricta aplicación de la ley y si Tello no ordena ni solapa desviación de recursos financieros, humanos y materiales con fines electorales,  abrirá la puerta de entrada a políticos honestos, de otro modo, las despensas y los bultos de cemento seguirán otorgando victorias a políticos  sin idea de lo que necesita Zacatecas. 
Es hora de los hechos.   
Nos encontramos el jueves en el Recreo.      





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