Monday 23 de January de 2017

El “maiceo” y la honestidad no se llevan

J. Luis Medina Lizalde      14 Dec 2016 22:50:09

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El esfuerzo de Alejandro Tello por persuadir a la población de que su postura  es por la honestidad, la transparencia y la austeridad concluyó el ciclo de la mera exposición de la postura para adentrarse gradualmente en el terreno de los hechos comprobables, al transparentar el padrón de concesionarios de taxis y al desplazarse por el estado manejando su propio vehículo y sin el séquito acostumbrado por sus antecesores instaló rápidamente la percepción de que es un gobernante austero, generó expectativas respecto a la transparencia y hasta la fecha no hay reclamos airados respecto al tema de su pregonada honestidad.

Usted dirá que es muy temprano para eso y es cierto pero no pasa inadvertido el hecho de que la elección extraordinaria no lo convirtió en el siniestro urdidor y financiador del fraude en que es tradición que se convierta el gobernador en el discurso opositor.

Sin pretender veredictos anticipados, es importante establecer que la honestidad en política y en la vida personal no se  reduce al tema del dinero. 

Alguien puede ser impecablemente ético respecto al dinero propio y el de los demás y ser sumamente deshonesto si no cumple lo que de palabra compromete, lo mismo tratándose de una promesa de matrimonio que de un compromiso en campaña.

Todo el que enfrenta la corrupción desata demonios en el momento mexicano, las poderosas redes de protección que ofrecen impunidad están en las más altas esferas de gobierno y en una porción importante de la sociedad, por eso los ciudadanos aún los más informados se estremecen por las revelaciones de “a toro pasado” de cada sexenio pero que ahora se producen en un contexto particularmente crispado por la acumulación de desventuras colectivas que van desde el desempleo y la carestía hasta la inseguridad permanentemente desbordada. ¿El gobernador Tello tendrá claridad sobre el gran compromiso al que se ata con su discurso?

Los modos de moda 
Combatir la corrupción pasa necesariamente por hacer consciente a la ciudadanía en general que existe un modo de hacer política que se “hizo viral” y que se inoculó en toda la sociedad civil y la clase política, ese modo se apoya en anti-valores.

Cuando Alejandro Tello diseña una propuesta de presupuesto para el año fiscal 2017 refleja una omisión preocupante porque lo hizo sumando lo que pidió cada componente sostenido con dinero público y como era de esperarse todos, excepción hecha de la legislatura, formularon propuestas que nada tienen que ver con el sombrío panorama financiero que heredó de la administración de Miguel Alonso según sus propios dichos, pareciera que sus propios funcionarios supusieron que es puro rollo eso de la austeridad. 

¿No debió confeccionar el paquete económico  durante el tiempo que transcurre a partir de la jornada electoral hasta la rendición de protesta? La austeridad desde el gobierno no se puede improvisar porque se corre el riesgo de introducir disfuncionalidades  contraproducentes  

Eso no es todo, el reto más complejo es el político, toda vez que si es posible que las administraciones municipales, estatales y federales arrojen alarmantes números rojos es porque existe una intrincada red de complicidades que opera por inercia y que reacciona con energía inusitada cada vez que detecta políticas amenazantes y la austeridad, la transparencia y la honestidad como principio rector de la vida pública  son políticas que lesionan poderosos intereses creados.

La corrupción de una porción de  la clase política zacatecana está documentada en gran medida en los informes de la Auditoría Superior del Estado desde hace buen tiempo.

La ciudadanía reclama acciones tangibles contra la impunidad, ¿Tello se arriesgará a las tempestades o hare del “maiceo” su estrategia general  de gobernabilidad? ¿Se dejará amedrentar por los perfiles falsos de Facebook? ¿Comprará elogios mediáticos mientras acalla críticas?

La honestidad pasiva no salva pueblos
El término  “maiceo” proviene de la burlona expresión que Porfirio Díaz utilizaba para referirse a opositores y críticos en los que advertía una intención oculta de “llegar a acuerdos” para beneficiarse, solía decir el dictador “ese gallo quiere maiz” para indicar a sus subordinados que le  llegaran al precio del susodicho.

En los momentos de arranque del gobierno de Tello se hace visible que la resistencia de los intereses credos sólo se podrá vencer con estrategia, credibilidad y decisión.

La otra posibilidad latente es que Tello sea un gobernante sin liderazgo que se reduce a dar testimonio personal de austeridad, transparencia y honestidad que a la sociedad de poco le sirve.

Lo que si servirá es que Tello predique con el ejemplo para darnos  un gobierno austero, transparente y honesto.

Las honestidades personales pasivas  son útiles para salvar el alma pero no para salvar pueblos. 

Nos encontramos el lunes en El Recreo.




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