Wednesday 18 de January de 2017

El falso fin de la Historia

J. Luis Medina Lizalde      20 Oct 2016 00:11:51

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Alejandro Tello respalda la idea de pactar una planilla única para integrar el Ayuntamiento de la Capital en consonancia con posturas de individualidades con presencia pública y discurso crítico y de grupos que enarbolan causas  de orientación progresista. 

La posibilidad de que eso se concrete es más bien remota y el ahorro de dinero sería poco significativo en virtud de que de todos modos tendrán que cumplirse el proceso electoral extraordinario, imprimir boletas y actas electorales, instalar casillas, recibir los votos y contarlos. No hay para dónde hacerse.

Según las reglas de la convocatoria, las coaliciones y partidos que registraron una mujer para el proceso del 5 de junio tendrán que volver a hacerlo, quedando exentos de tal imperativo sólo el Partido del Trabajo y Movimiento Ciudadano que podrán optar. 

En el caso de los independientes solo podrán hacerlo quienes en esa condición participaron  en el pasado proceso, salvo decisión en contrario del Tribunal Electoral del Poder  Judicial de la Federación.

El cuadro es inédito: nadie hubiese imaginado que el Movimiento #YoSoy132, el grupo de defensores del Centro Histórico de la  ciudad de Zacatecas y universitarios habitualmente confrontados con el priísmo ahora coincidan en avalar la idea de una planilla única con la obvia simpatía del PRI, del Panal y del PVEM. 

La situación creada remite a Francis Fukuyama,  politólogo estadunidense de origen japonés que interpretó la situación de derrumbe del “socialismo real” como el fin de la Historia, y proclamó el final de las ideologías. A él corresponden  éstas palabras: “El fin de la Historia será un tiempo muy triste. 

La lucha ideológica mundial que pone de manifiesto bravura, coraje, imaginación e idealismo serán reemplazados por cálculos económicos, la eterna solución de problemas técnicos, las preocupaciones acerca del medio ambiente y la satisfacción de demandas refinadas de los consumidores” (el fin  de la historia y el último hombre).

La proclama anti-ideológica de Fukuyama a partir de 1989 se convirtió en la más importante joya propagandística de la derecha internacional para poder abrirle el paso al “Consenso de Washington”, acuñada por primera vez en ese mismo año por el economista británico John Williamson para referirse al conjunto de directrices que endiosan al mercado y satanizan al estado, sacrifican lo público por lo privado, y diluyen lo nacional en aras de lo trasnacional.                                    

Con Fukuyama cobra gran impulso el menosprecio por las ideologías, surge la tecnocracia como la última Coca-Cola en el desierto eficaz  para disolver en México la economía mixta, quitarle presencia al estado (sin reducir la burocracia) y estigmatizar la reivindicación de principios como signo de atraso, dándole a la derecha y al conservadurismo  ancestral el barniz “ modernizador” como los “científicos” del Porfiriato dieron elegante fachada al orden impuesto por la dictadura.

Del mismo modo que el Porfiriato estimuló la despolitización de la ciudadanía (“Poca política y mucha  administración”, era su lema), la derecha tecnocrática Made in Washington sembró, a partir del menosprecio por la ideología, el repudio por la política y por sus instancias orgánicas, promoviendo la parálisis a partir de la desesperanza que  provoca el “todos son iguales” y “no hay a quién creerle” que se traduce en “no hagas nada por cambiar la realidad”.


La ideología de los sin ideología produce indiferencia cívica en unos y sobre dosis de oportunismo en otros.

La despolitización programada apoyada en la invalidación ideológica hace frecuente escuchar hasta en políticos diatribas contra la política, el propio Alejandro Tello, ya Senador de la República, mostraba aversión por la política y los políticos, y no pocos, cuando quieren decir “no hay que partidizar” un asunto público dice que no hay que politizar algo que es de suyo político.

El culto al oportunismo
Del menosprecio por lo ideológico se transita a la política de rechazo a la política; ya de allí, a la anulación de lo programático dando curso a las alianzas sin ideología que estorbe y sin programa que comprometa.

El PAN puede decir misa contra el matrimonio igualitario y desgarrarse las vestiduras contra los que defienden la despenalización del aborto, pero eso no les impide hacer alianzas electorales con el PRD que enarbola tales posturas. 

Así, la propuesta de planilla municipal única se propone mezclar en un mismo gobierno municipal al partidario de privatizar servicios con el que se opone a ello y busca consagrar la no definición partidista como virtud.

Si los ciudadanos llegamos a afiliarnos a distintas ideologías y partidos es porque no tenemos las mismas soluciones aunque sí los mismos problemas.

Cuando mezclan portadores de soluciones contrapuestas, a la ciudadanía se le deja sin opciones y se hace del ejercicio de gobernar el arte de repartir pasteles.

Nos encontramos el lunes en El Recreo.




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