Sunday 19 de February de 2017

​El cuervo y el zenzontle

Salvador Lira      6 Jun 2016 00:19:13

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Dos aves canoras se postran ante la mirada de dos poetas, sumados en la melancolía.

En su porte y en la armonía de sus notas, encierran el reflejo transparente de dos deseos, personalidades y palabras; además del estupor de sus cifras, en lo alto de la singularidad y tradición.

Las dos aves están en medianoche o, en perspectiva, los poetas abren sus ojos a los singulares símbolos en la cumbre nocturna.

Uno en la debilidad y el cansancio por las reflexiones de un curioso y olvidado volumen, el otro tras la vuelta de las largas caminatas que, en la Zozobra de una luna de junio, anunciarán su última partida. 

The raven (El cuervo) de Edgar Allan Poe se encuentra a poco menos de un siglo de distancia de Para el zezontle impávido por Ramón López Velarde.

En los títulos se nota la solidez de las aves, en distancia de los poetas que observan. Si el primero se sitúa sobre el busto de Palas, gallardía de la sabiduría, el segundo se mece en cansancios seniles y en la incauta ilusión de damas, orgulloso de una lengua dócil.

No hay miedo en sus ojos o en su canto; del silencio al Nevermore que increpa a la verdad o del amplio repertorio que no teme a despertar los monstruos de la noche, las aves se muestran en la admiración de los poetas. Y, como el albatros de Baudelaire, sus alas de versos se escriben en arte mayor. 

Para Edgar Allan Poe es la desesperación y el recuerdo de una Leonore que ha partido. El canto de El cuervo es una explicación de su martirio. Le asola y le derrumba en su extrema melancolía:

‘“Prophet!” said I, “thing of evil” –profhet still, if bird or devil!
By the heaven that bends above us –by that God we both adore–
Tell this soul with sorrow laden if, within the distant Aidenn, 
It shall clasp a sainted maiden whom the angels name Leonore–
Clasp a rare and radian maiden whon the angels name Leonore.”
                                                             Quot the Raven, “Nevermore”’. 

Para el poeta jerezano, el zezontle es un ave en multiplicidad de voces. A su vez, es un espejo de su condición: gallardo, nocturno, de finos y delicados tonos en acentos, aunque virgen y trasgresor.
 
“Es seguro que el pobre cantor, que da su música
a la erótica letra de las lunas de miel, 
le aprisionaron virgen en su monte; y me apena
que ignore que la dicha de amar es un galope
del corazón sin brida, por el desfiladero
de la muerte. […]”.
 
Las dos voces no logran vencer la circularidad del sueño. Los dos se rinden ante el reflejo de sus otros, señales de sí mismos.  




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