Monday 23 de January de 2017

El cuarto poder se debilita  

J. Luis Medina Lizalde      4 Dec 2016 22:16:11

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El anuncio del despido de López  Dóriga, Adela Micha y Brozzo de Televisa  bien puede considerarse el fin de la etapa en la cual el poder mediático fue catalogado como el cuarto poder y la empresa Televisa por sí sola el quinto poder, según la famosa expresión acuñada por Raúl Trejo Delabre, especialista en medios y autor de clásicos estudios sobre la televisora.

Hasta ahora los análisis enfocan  los despidos masivos y  caída  de  ganancias y del rating como  evidencias del colapso de la industria más importante del entretenimiento, pero la salida de los tres personajes  más  representativos de la actividad informativa  y editorialización  política pone de relieve que sucumbe con ello el más formidable aparato de control de la conciencia de los tiempos modernos y que el cuarto poder en general y el quinto poder en específico  han dejado de serlo en buena medida.

El periodismo mercantil desde su nacimiento a mediados del Porfiriato se ató a la consigna del poder,  cuando a los impresos se suman periodísticamente hablando la radio y la televisión, que acumularon tal capacidad de influir que dieron lugar a ser considerados “el cuarto poder” y cada 7 de junio se aludía en almibarados discursos pronunciados por los gobernantes en turno,  cínicos usuarios de la capacidad instalada del engaño social.     

 Cierto es que junto al periodismo atado a la consigna del poder siempre florecen  esfuerzos de periodismo ético, profesional y esforzado  que tiene que vencer barreras para existir.
 Los crímenes de estado, las torturas, las persecuciones políticas los fraudes electorales,  las represiones y los despojos a los humildes han contado con  los medios de comunicación atados a la consigna,  eso explica que a diferencia de lo sucedido con Carmen Aristegui, los despidos de López  Dóriga, Brozo  y Adela Micha se comentan   pero no se lamentan.   
 
El mito se desvanece
El poder persuasivo de los medios fue magnificado a conveniencia,  pero el mito ha sido evidenciado, entre otras cosas  por  el resultado de las votaciones  presidenciales en 1988, inesperadamente adverso para el PRI  apoyado en ese momento por la casi totalidad del aparato comunicacional  y,  por la falta de respuesta  al  llamado a la “resistencia civil”  en  cadena nacional formulado  por Sergio Sarmiento a nombre de prácticamente todos los concesionarios de medios electrónicos  cuando se debatía  la reforma electoral del 2007 que prohibió la compra de publicidad política  por particulares.  


La inmensa mayoría de impresos, radiodifusoras y canales de televisión fueron utilizados para vencer resistencias al cambio a favor de la disolución del proteccionismo y en pro de  la libre competencia  al mismo tiempo que para desenvolverse dichos medios  cultivan una dependencia vital  del dinero público,  desentendiéndose del hecho que la lógica del libre mercado  en  lo que se refiere  a productos informativos  hace de la credibilidad el factor de éxito, circunstancia incompatible con el sometimiento a la consigna del poder.

La crisis mundial del 2008 fue la causante de que muchos medios emblemáticos en el mundo  introdujeran  drásticos cambios para reducir costos o, como en el caso del New York Times, dieran entrada a inversionistas como el mexicano Carlos Slim; otros no sobrevivieron,  sin embargo, en México no se produjo ese sacudimiento por una sencilla razón, los medios de comunicación mexicanos enfrentan la crisis instalados en la dependencia financiera del erario, circunstancia que se mantiene hasta la actualidad con una diferencia.

Hoy, a diferencia de hace ocho años, no hay excedentes derivados del petróleo y  redes como  Facebook,  Twitter y  demás ponen al alcance de los simples mortales  la posibilidad de informarse y de informar, de conocer opiniones y opinar,  confinando en la irrelevancia pública al ejercicio periodístico que mal informa, oculta o tergiversa, siendo esto tan evidente que cada vez se vuelve innecesario desmentir a los que incumplen con los cánones del periodismo profesional  porque son fácilmente descubiertos.
 
La verdad, buen negocio
En un momento en que queda claro para todos que a los exgobernadores  emproblemados  no les sirvió de nada gastar carretadas de dinero en medios de comunicación al servicio de su imagen y que la crisis de las finanzas públicas alcanza niveles espeluznantes, es previsible que la clase gobernante aproveche los medios públicos hoy tan discriminados y que las radiodifusoras y canales de televisión de gobiernos de los estados sean aprovechados como nunca antes. Las crisis son oportunidad de que  el conjunto de medios de comunicación privados  hagan de la conquista y preservación de la credibilidad su acceso a grandes públicos y por ende al mercado publicitario. Nos encontramos el jueves en El Recreo.   




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