Wednesday 22 de February de 2017

Cristo Jesús llama a todos los hombres a su reino con espíritu universal 

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba      28 May 2016 19:44:17

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EL CENTURIÓN ROMANO DIJO A JESÚS: “Señor no te molestes, porque yo no soy digno de que tú entres en mi casa, por eso ni siquiera me atreví a ir personalmente a verte”.  (Cortesía)
EL CENTURIÓN ROMANO DIJO A JESÚS: “Señor no te molestes, porque yo no soy digno de que tú entres en mi casa, por eso ni siquiera me atreví a ir personalmente a verte”. (Cortesía)
Introducción
Estamos desplegando nuestra liturgia católica, habiendo retomado una vez más el tiempo ordinario en el cual la Iglesia nos va presentando las andanzas de Cristo, el enviado por Dios, para difundir su evangelio como la buena nueva del Reino que él ha venido a instaurar, con espíritu verdaderamente universal.

Jesús no solo ha venido a salvar al pueblo judío, sino que a través de él, llama a todos los pueblos de la tierra, según el designio de Dios, Uno y Trino.

Las lecturas de este domingo nos hacen ver este carácter universal de la expansión del Reino de Dios. 

La primera, del primer libro de los Reyes, nos presenta la oración del rey Salomón, cuando al estrenar el templo que en Jerusalén construyó para el Dios altísimo, pide al Señor escuche no solo las plegarias de su pueblo elegido, sino que sus oídos estuviesen abiertos y atentos para oír las súplicas de los extranjeros que quisieran venir a dialogar con Dios en verdadero espíritu de fe universal y ser escuchados y bendecidos con los dones del Señor.

La segunda lectura está tomada de la Carta de San Pablo a los Gálatas y en ella, Pablo hace ver que el evangelio predicado por Cristo y sus apóstoles y discípulos es único para todos, por lo cual no puede distorsionarse y presentarlo como si fuera otro.

San Pablo estaba tomando en cuenta las enseñanzas de los “judaizantes” que predicaban la conversión al cristianismo, basándolo también en las enseñanzas superadas del Antiguo Testamento, acerca de la circuncisión y las demás prácticas que mandaba la ley mosaica.

Éstas fueron trascendidas por la plenitud del evangelio en la era cristiana como la religión en plenitud basada en la revelación divina anunciada por Cristo, el Mesías enviado por el único Dios verdadero para todos los hombres del planeta, sin distinción alguna.

Y el evangelio de San Lucas nos narra un episodio sorprendente en la vida apostólica de Cristo, que sintetiza el valor universal de la religión que él ha venido a instaurar en “espíritu y en verdad” para todos los que crean en él y la buena nueva de salvación, del Reino de Dios.

La curación milagrosa del siervo del centurión romano, que estuvo  a punto de morir por una grave herida
En el evangelio de San Lucas que hemos leído hoy, tenemos un milagro en el que se prueba el poder de la Palabra de Jesús.

Un centurión romano, jefe de 100 soldados, por medio de una embajada de judíos, amigos suyos, pide a Cristo vaya a curar a un siervo al  cual quería mucho y que estaba ya a punto de morir. 

Estos intermediarios motivan a Cristo para que conceda el favor que pide el oficial romano por ser bueno y apreciado por el pueblo judío de Cafarnaúm. 


Tanto era favorable con los judíos que incluso les había construido una sinagoga. Jesús, sin conocer al centurión romano, representante de las fuerzas invasoras del Imperio Romano y a quienes el pueblo  judío no apreciaba por ser extranjeros y dominadores en Palestina, accede de inmediato y con ellos se encamina hacia la casa del oficial romano.

Estando ya cerca, otra embajada de amigos del centurión le suplica al Señor, que no es necesario que entre en su casa. Sabía que los judíos no podían entrar en casa de extranjeros, debido a que consideraban ser una impureza estar con los paganos.

En este contexto cultural y religioso, el centurión romano  comunicó a Jesús, a quien consideraba como “hombre de Dios”, el siguiente mensaje: “Señor no te molestes, porque yo no soy digno de que tú entres en mi casa, por eso ni siquiera me atreví a ir personalmente a verte. 

“Basta con que digas una palabra y mi criado quedará  sano.  Porque yo, aunque soy un subalterno, tengo soldados bajo mis órdenes y le digo a uno: ¡Ve!, y va; a otro: ¡Ven! Y viene; y a mi criado: ¡Haz esto! Y lo hace”.

Y el evangelista San Lucas nos dice: “Al oír esto, Jesús quedó lleno de admiración y volviéndose hacia la gente que lo seguía, dijo: Yo les aseguro que ni en Israel he hallado una fe tan grande. Los enviados regresaron a la casa y encontraron al criado perfectamente sano”.

Aplicaciones prácticas a partir de este pasaje evangélico 
En primer lugar, necesitamos tener fe, humildad y confianza en Cristo, nuestro Salvador.

Si de todo corazón nos dirigimos a él con estas actitudes fundamentales, no tardará en escucharnos y nos bendecirá con su poder y su amor.

El centurión romano nos da un ejemplo siempre actual de generación en generación y hoy como ayer a lo largo de la historia de nuestra salvación, con rendida humildad y absoluta confianza debemos poner en nuestras almas y nuestros labios la súplica de aquel oficial romano antes de ir a comulgar en nuestras eucaristías en las cuales vamos al encuentro de Jesús, presente real, verdadera y substancialmente en ellas:

“¡Señor, yo no soy digno de entres en mi casa, pero basta tan solo una palabra tuya y mi alma quedará limpia!”.

Ojalá que de esta manera vivifiquemos nuestra fe y nuestra humildad en la presencia de Dios y de todos los hombres, nuestros hermanos, especialmente con los que compartimos nuestra entrega y amor a Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre.




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