Sunday 19 de February de 2017

Cristo es el rostro de la misericordia divina

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba      10 Sep 2016 22:03:35

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La misericordia de Dios encierra compasión, fidelidad, clemencia y apertura de corazón.
La misericordia de Dios encierra compasión, fidelidad, clemencia y apertura de corazón.

Introducción
En esta homilía nuestras reflexiones y sus aplicaciones prácticas tendrán como tema la misericordia divina que se revela en el rostro de Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. 

Precisamente con su encarnación se hace visible y palpable y puesta en marcha la misericordia de Dios Padre, con la fuerza y la bondad del Espíritu Santo, para inundar la vida de los hombres de todos los tiempos y épocas, tan necesitados siempre de misericordia y perdón, con la exigencia ineludible de conversión por la cual el hombre deja su vida pecaminosa de egoísmo y dureza del corazón y libremente se deja inundar del río del amor y perdón que brotan del corazón de Cristo misericordioso, quien no desea la muerte de los pecadores, sino que acoge a todo aquel quien reconozca su debilidad y pecados, e implore su salvación en este mundo y para la eternidad.
Abramos, pues, nuestras conciencias y nuestros corazones para entender hondamente con nuestra libertad el abismo infinito del amor misericordioso de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, para ser santos y merecer las promesas divinas de salvación, en el aquí y ahora de nuestra historia personal y comunitaria, camino para ir al cielo.

La misericordia de Dios y sus contenidos significativos

Dios es siempre lento a la ira y rico en piedad, bondad, perdón y misericordia. 
A lo largo del Antiguo Testamento como anuncio de la plenitud de la revelación divina en el Nuevo Testamento, con la venida de Cristo Mesías, podemos precisar, teniendo en cuenta las lecturas bíblicas de este domingo, los contenidos doctrinales de lo que significa la misericordia.
La proclamación evangélica de hoy nos enseña  del evangelio de San Lucas en el capítulo quince, tres parábolas de la misericordia de Dios, a saber: la oveja descarriada que solícitamente es buscada y encontrada por su pastor amoroso para luego, devolverla a redil; la dracma perdida por una mujer, quien con mucha dedicación barre el piso de su casa (con tierra) y enciende una antorcha para mejor recuperarla y se alegra con sus vecinas por haberla encontrado; y la magistral parábola del hijo pródigo quien es recibido con amor inmenso de su padre, después de retirarse de su casa para vivir disolutamente y arrepentido volver a la casa paterna. 
En las tres parábolas es manifiesta la alegría, la paz del encuentro y la fiesta que Cristo hace entender para todos los que escuchen su palabra y la pongan libremente en práctica.
La misericordia, desde el Antiguo Testamento y luego en el Nuevo Testamento, encierra una variada y riquísima significación complementaria, a saber: compasión, fidelidad, clemencia, la bondad y apertura del corazón, la gracia. 
Porque Dios es ternura, perdona siempre de generación en generación; perdona hasta setenta veces siete con la anchura de su perdón… todas estas significaciones se recogen hasta llegar a la significación plena de lo que es la misericordia. 
La palabra quiere decir corazón que se conmueve ante las miserias humanas (“cor” y “misereor” de la lengua latina).

Ser misericordiosos con nuestros prójimos en la medida que dios lo es con todos y cada uno de nosotros

Podemos sintetizar las enseñanzas de hoy de la siguiente manera: la misericordia divina es una de las constantes bíblicas de toda la historia de la salvación humana por Dios, que culmina en Cristo, imagen y espejo del rostro misericordioso de Dios. 

Como dice el libro de la Sabiduría: “Dios se compadece de todos porque lo puede todo, cierra los ojos a los pecados del hombre para que se arrepienta, le perdona y ama a todos los seres que por amor creó Él mismo, que es amigo de la vida (Sab 11, 23 y ss.)”. 
Tal es el corazón compasivo de Dios que nos describe también la primera lectura de hoy, en la que vemos a Moisés intercediendo ante Dios por el pueblo israelita pecador e idólatra. 
El mismo apóstol Pablo se proclamaba personalmente testigo excepcional de esta compasión, misericordia y perdón de Dios altísimo, Uno y Trino.

 Conclusión

A través de su Iglesia y por esto, en medio de nosotros sigue Cristo curando a los enfermos, abriendo los ojos a los ciegos, resucitando a los muertos: en una palabra, haciendo presente en nuestro bajo mundo, el amor con el cual Dios ama a los hombres sin acepción de personas.
Así quiere Jesús que nos amemos unos a otros: hoy nos invita a ejercitar ese amor que no margina, sino que libera y fundamenta  expansivamente la comunión fraterna.
Por último, valoremos siempre de manera muy positiva el Sacramento de la Reconciliación y el Perdón. 
Frecuentémoslo y de esta manera seremos agradecidos con Dios, quien por Cristo y su Espíritu Santo, borra nuestros pecados y hace renacer en nuestras vidas su gracia y su perdón llenos de su abundante misericordia. 
Estaremos, entonces, capacitados para recibir fecundamente la misericordia divina para poder luego ejercerla con todos y cada uno de nuestros prójimos. ¡Que así sea!

Obispo emérito de Zacatecas






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