Tuesday 24 de January de 2017

Celebremos espiritual y litúrgicamente el tiempo de adviento

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba      26 Nov 2016 22:15:21

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(Cortesía)
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Introducción

Hermanos: Con este domingo comenzamos la preparación espiritual y litúrgica del Adviento con cuatro domingos que desembocan en la celebración de la Navidad, fecha memorable de la entrada  de Jesucristo al mundo para salvarnos con su encarnación al nacer de María, su madre virgen, quien fue fecundizada por la acción del Espíritu Santo y por voluntad de Dios Padre, prestando ella su voluntad libre para quedar estrechamente unida a la persona y a la obra salvadora del Mesías, su hijo.

Toda nuestra vida humana y cristiana, debe ser iluminada por Jesucristo, luz de los pueblos, y bajo esta luz caminar con Jesús por este mundo, siendo él, camino, verdad y vida, hasta alcanzar la bienaventuranza en el cielo, meta definitiva de nuestro existir, primero en la tierra y después en el “más allá del cielo”.

El tiempo del Adviento es espacio de fe, esperanza y amor; dones que brotan del corazón de Cristo, unido a su Madre María y a su padre adoptivo San José. Tiempo de alegría, paz y comunión que Dios ofrece a todos los pueblos de la tierra, tan llenos de penas, guerras, sufrimientos, dolores y muerte.

Adentrémonos, pues, en los contenidos de fe, que encierra el Adviento y estemos dispuestos a vivir este tiempo, con la plenitud de gracia que Jesús Niño, nos da desde su nacimiento en carne mortal, hecho en todo igual a nosotros, menos en el pecado, del cual nos libera con entrañable amor divino y humano.


Contenidos doctrinales y espirituales del santo tiempo del Adviento

La palabra adviento, significa “llegada”, “aparición” y “presencia” del Dios humanado, admirablemente, en la persona divina de Jesús. Y de nuestra parte, nuestro encuentro gozoso y salvífico con él, como sacerdote, puente y unión con Dios Padre que de esta manera con su Hijo hecho hombre, medianero, nos ofrece y alcanza el llamado a estar con él, superando las tinieblas del pecado y de la acción del demonio.

Comenzamos hoy, simultáneamente, el Tiempo del Adviento y el año litúrgico en el ciclo A y en año civil impar. El adviento tiene valores diversos y conjuntados en la persona de Cristo salvador del género humano.

Por una parte, se orienta a la celebración de la primera venida histórica de Cristo en carne mortal al nacer en Belén de Judá. Pero, por otra, nos remite también a su venida última, “la parusía”, en poder y gloria, sin perder por ello, la perspectiva del presente en que se realizan las continuas venidas de Dios en los acontecimientos diarios de la historia de la salvación, personal y comunitaria.

En la lectura evangélica de hoy, según San Mateo, evangelista que iremos citando y proclamando en este Ciclo A, se nos comunica, el llamado “discurso escatológico” de Jesucristo, en el cual se reúne la predicación de la ruina de Jerusalén profetizada por él y que históricamente aconteció en el año 70 de nuestra era, por los ejércitos romanos del emperador Tito; con esa ruina de Jerusalén, se anunció el fin del mundo; estos son los pasos previos a la venida última del Señor.

Cristo, teniendo en cuenta estos anuncios proféticos, pide a todos los hombres y especialmente a sus seguidores, los cristianos: Estar preparados en vigilante espera para la venida última del Señor, de la cual nada sabemos en cuanto al día o tiempo en que acontecerá.

Estilo de vida cristiana que el Adviento nos pide

La raíz de este estilo es, la vigilante y constante espera de Jesús a través de su primera venida en Belén de Judá; luego en el paso de cada generación en el desarrollo de la historia y por último al final de los tiempos con la “parusía” de Jesucristo, cuando venga a juzgar a vivos y muertos y su reino ya no tendrá fin porque será eterno, perfecto e inmortal.

El Adviento nos debe realizar comprometidos para la construcción del mundo y del hombre nuevo. Por eso también es realidad presente y constante de la esperanza para alcanzar el futuro. Es respuesta  al vacío existencial que muchos padecen, sin ilusiones y sin apertura al “más allá”.

Este tiempo del Adviento como encuentro gozoso con Cristo, vida verdadera, nos da razones para vivir, amar y esperar, a pesar del desencanto y el cansancio de la vida, más ahora en el presente del mundo global en que vivimos, con tensiones duras, inseguridades, guerras, crímenes sin cuento, emigraciones forzosas y dolorosas y los embates de la naturaleza con sus terremotos, huracanes, epidemias y la experiencia dolorosa de la muerte, que solamente tendrá sentido en el desarrollo de nuestra incorporación a la Pascua de Jesús, cada día, hasta completar nuestra identificación con él y con los hermanos y semejantes nuestros, con los cuales habremos de hacer realidad, nuestra espera vigilante, con alegría plena por la cual queremos conquistar la gracia y el amor de Jesucristo para siempre, a pesar de los pesares en la hora presente.
*Obispo emérito de Zacatecas





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