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Memoria viva
Homenajes al poeta Roberto Cabral del Hoyo
Manuel González Ramírez
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10 de Octubre del 2018 05:00 hrs
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Cortesía / Sus restos descansan en la biblioteca que lleva su nombre, ubicada debajo del Mercado González Ortega.

El poeta zacatecano Roberto Cabral del Hoyo falleció en la Ciudad de México, el lunes 4 de octubre de 1999, a las 7:20 horas, a los 86 años. 

Luego de una vida azarosa en un principio, fructífera en su mayor parte, producto de la cultura del esfuerzo y el genio creador de este hombre de letras que nació el 7 de agosto de 1913, en una casa del Callejón del Santero, en pleno corazón de la ciudad de Zacatecas.

Afortunadamente, don Roberto pudo disfrutar de varios homenajes en vida que lo hicieron sentir feliz y estimulado a vivir intensamente hasta el último minuto de su existencia. Y para muestras, algunos recuerdos que fueron tomados de un texto autobiográfico que el propio poeta escribió con su máquina de escribir y del que existe una copia que se resguarda en el Archivo y Biblioteca de la Crónica de Zacatecas.

En 1973, el Congreso del Estado lo declaró Hijo predilecto del Estado de Zacatecas y además, se le dio su nombre a la calle principal de la colonia Díaz Ordaz de la ciudad capital de esta entidad federativa.

Cuando contaba con 73 años de vida, es decir, en 1989, el Ayuntamiento de Zacatecas lo distinguió con el nombramiento de Ciudadano distinguido.

Dos homenajes singulares se llevaron a cabo en 1992: la inauguración del Centro Educativo Integral Roberto Cabral del Hoyo y que se convirtió en una institución muy prestigiada por su calidad académica, y donde recientemente se develó un retrato escultórico del poeta. En ese año también abrió sus puertas la Escuela Secundaria que lleva su nombre en la ciudad de Fresnillo, Zacatecas.

Una feliz coincidencia ocurrió en 1993, el año de la inscripción del centro histórico de Zacatecas en la Lista del Patrimonio Cultural de la Humanidad de la UNESCO, don Roberto recibió gratas sorpresas. En un acto especial que tuvo lugar frente a su casa natal (en el Calleón del Santero), se develó una placa alusiva y sencilla que rezaba: “En esta casa nació el poeta Roberto Cabral del Hoyo”. Luego, la Universidad Autónoma de Zacatecas le otorgó el Doctorado Honoris Causa, como un reconocimiento a su trayectoria y por su legado literario.

Durante las conmeraciones del 450 aniversario de la ciudad de Zacatecas, realizadas a lo largo del año 1996, el Pueblo y Gobierno del Estado le confirieron el galardón máximo: la Condecoración Zacatecas. La ceremonia se llevó a efecto en la Plaza de Armas y dentro del marco de una sesión solemne del Congreso, donde estuvieron presentes los diputados locales y los titulares de los tres poderes de la entidad. Como testimonio de ese reconocimiento, su nombre quedó inscrito en una placa de bronce que se encuentra en uno de los muros exteriores del Salón de Recepciones del Palacio de Gobierno.

Al año siguiente, una nueva institución educativo abrió sus puertas y lo hizo como un tributo al bardo zacatecano. El Plantel Zacatecas del Colegio de Bachilleres del Estado también adoptaría el nombre de don Roberto. Se encuentra ubicado frente a Ciudad Administrativa, por la salida a Fresnillo.

En 1998 recibió el último de sus más notables homenajes. En ese año se creó el Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde y el fue el primer zacatecano que recibió ese galardón en su primera edición, en un emotivo e histórico acto que tuvo como escenario esa enorme sala del Teatro Ramón López Velarde.

Unos meses después encaminó sus pasos hacia la inmortalidad, dejando tras de sí una valiosa colección de 20 obras literarias que fueron publicadas entre 1940 y 1992.

Falleció el 4 de octubre de 1999. Dos días después, sus restos fueron trasladados de la Ciudad de México a Zacatecas, donde recibió el último adiós de sus coterráneos. Las honras póstumas se llevaron a cabo en el patio principal del Palacio de Gobierno. Después del acto oficial, se celebró una misa solemne de cuerpo presente en la catedral basílica.

Luego, los restos fueron cremados y sus cenizas depositadas en la biblioteca que lleva su nombre y donde se guardan objetos personales, textos y preseas del poeta.

Y se encuentra en la planta baja del Centro Comercial Mercado González Ortega, a muy pocos pasos de la casa donde nació.

Su último deseo: que no lo llevaran al mausoleo de La Bufa (porque en vida había escuchado que había esa intención). Su deseo fue cumplido: reposa en el corazón de Zacatecas, ciudad a la que halagó en más de una de sus obras y a la que tanto amó… y no olvidemos que la mejor forma de homenajearlo es conociendo, leyendo y disfrutando su legado.